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sábado, 10 de octubre de 2026

Leopardos comecara (diario de campaña, día 5)

 

Esto de una homilía diaria a propósito de las elecciones en ciernes puede ser una turra mítica, pero como no lo lee (casi)nadie me tranquilizo. No es broma lo de casi nadie, va una media de 50 visitas por entrada. Qué tiempos aquellos en los que los blogs pitaban, qué rápido se dieron cuenta los señores del viento como les llamaba Javier Echevarría y que ahora, menos poéticamente, llamamos tecno oligarcas. Sea como sea, aquí queda. Vamos al lío.

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"Los leopardos se comieron mi cara" (Leopards Ate My Face) es un meme de internet que, parece ser, se originó en un tuit del año 2015 con el texto: «Jamás pensé que los leopardos se comerían MI cara», solloza una mujer que votó por el Partido de los Leopardos que se Comen las Caras de la Gente.

Cuando lo lees así parece absurdo, pero hoy el aspirante a ganar las elecciones ha declarado, una vez más, que lidera el Partido de los Leopardos que se Comen las Caras de la Gente. 

Sin entrar en detalles ni justificar las razones profundas promete sacrificios. Sacrificios de los de siempre, claro, en la línea de aquel "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades" de la crisis del 2008. Aunque la economía vaya bien, (le) hacen falta sacrificios. 

Pero no me voy a calentar con la propuesta, lo que merece un intento de análisis es cómo es posible que los que serán sacrificados, avisados explícitamente, voten esa opción. En la selva las gacelas no votan a los leopardos.

En realidad no es nada nuevo, hay personas racializadas que votan racistas, extranjeros que votan a xenófobos o mujeres a machistas, no es en absoluto inhabitual, lo que sí es es poco racional. Pero a estas alturas ya deberíamos saber que, salvo excepciones, los humanos no usamos la razón para tomar decisiones sino para justificar las decisiones que hemos tomado. 

Una persona que nazca en Pamplona es muy probable que sea católica y del Osasuna, y ninguna de las dos cosas procede de un proceso racional de análisis de las religiones del mundo o de los equipos de futbol de la liga. Es el deseo de conformidad con el entorno, la necesidad de pertenecer a un grupo, de socializar, lo que te lleva a profesar el osasunismo. De forma inconsciente incorporas esas creencias del entorno y las incorporas a tu personalidad de una forma tan intensa a veces que acaban formando parte de tu identidad.

Quien ya es "comecarista" tiene incorporada la marca y racionalizará todo argumento que se le plantee para ir encajándolo con su esencia. Intentar hacer patentes sus contradicciones o ridiculizar sus posturas no son procedimientos eficientes para convencereles. Menos aún el insulto, claro. Estas actitudes que se perciben como agresión solo contribuyen a fortalecer aún más el sentimiento de pertenencia y hacer más fuerte el "comecarismo".

Si uno quiere ser efectivo en la comunicación política, y no solo desahogarse, hay que ser mucho más empático. Más que convencer hay que seducir. Más que lanzar argumentos hay que mostrar elementos valiosos, cosas que hagan deseable pertenecer al mismo club que tu. Ver que las gacelas que no se dejan comer la cara lo pasan bien, conforman una sociedad agradable y con un futuro esplendoroso es la mejor baza. Es mucho menos "divertido" que el desahogo que pide el cuerpo, pero a este hormiguero no hemos venido a divertirnos, sino a ganarle las elecciones a los Leopardos.


viernes, 9 de octubre de 2026

¿Qué escenario económico nos deja este gobierno?

Esta mañana he estado en la presentación del informe anual sobre la economía navarra de Laboral Kutxa. Joseba Madariaga, director del departamento de Estudios de Laboral Kutxa, cuenta magníficamente una colección de datos, series temporales anuales de EEUU, la UE, España y Navarra, con las que hacerse una idea de cómo van las cosas desde el punto de vista de la macroeconomía.

Como buen profesional del análisis económico intenta dejar fuera tanto lo político como lo social. No tanto porque crea que no tiene influencia como por delimitar el ámbito de análisis. Esa elección del objeto de estudio es una parte esencial de la aproximación científica a la realidad, y cuanto mejor elegido esté el el sistema que se aísla, más significativo y útil será el estudio. 

En el camino del power point a la croqueta me he encontrado con dos amigas que valoraban lo catastrófico de lo escuchado, y no he podido evitar intervenir. Un escenario de crecimiento, un mercado laboral como nunca, una deuda moderada... los datos en conjunto a mi me parecen excelentes. ¿Y la inflación qué? Claro, eso no va bien, pero el análisis dejaba clarísimo que el origen es el coste de la energía que se ha disparado por "tensiones geopolíticas" generadas por "líderes volubles".

Mi lectura ha sido que el gobierno supuestamente social comunista había generado un entorno magnífico para el desarrollo de la economía liberal como demostraban (casi todos) los datos, y que lo único fallido tenía un culpable con nombre y apellidos, con una orientación política de extrema derecha que es abiertamente alabado por la oposición de derecha local.

Se ha cruzado alguien y la conversación ha cambiado de tema.

Parece que no nos dejamos disfrutar de lo que va bien. Claro que siempre hay cosas mejorables, pero.... En el titular de Europa Press dicen que Navarra crece "pero por debajo de la media nacional", en el Noticias de Navarra rebuscan para titular que la industria de bienes de equipo no acaba de arrancar, seguramente el dato más negativo posible de entre ¿un centenar? que se habrán presentado. Otra persona en la sala insistía en que la aparente bonanza del cuadro macro contrastaba con la percepción de las personas. Claro que sí, pero ¿qué es lo real, los datos o las percepciones? ¿Esas percepciones son neutras o están guiadas por "líderes de opinión"?

Todos pensamos que conducimos mejor que la media y que nos podría ir mejor en lo económico. La realidad es que es estadísticamente imposible lo primero y lo segundo no justifica descalificar una acción de gobierno que nos tiene doblando el crecimiento medio de la UE.


 

 

jueves, 8 de octubre de 2026

Malismo cultural y motosierra real

 


Ha muerto Maricarmen, la gota que colmó el vaso del descontento inmobiliario. Por azares del destino ese desahucio, de tantos que hay, se convirtió en un símbolo. Y como tal símbolo, los contrarios a lo que simboliza le han atizado con una colección de difamaciones y bulos alucinantes. Han hecho gala de una maldad considerable, pero como se ha puesto de moda el malismo, insultar a una anciana doblemente desahuciada, resulta hasta gracioso, moderno, muestra de rebeldía y fuerza... al menos para algunos desnortados.
 
Por lamentable que resulte esa falta de humanidad, no deja de ser una actuación en el mundo simbólico. Son insultos y bulos que no tienen efecto real, son munición para las guerras culturales. A la vez, en el mundo real, se siguen poniendo en práctica políticas concretas de efecto inmediato, cosas que sí operan en el mundo real. La sanidad, la dependencia o la educación públicas sufren recortes y ataques de los gobiernos que tienen competencias reales.
 
Nos duele más el malismo simbólico que la coherencia política del neoliberalismo radical. Las guerras culturales nos afectan al ánimo. Pero no deberíamos perder el auténtico foco de la evaluación racional de las políticas reales. Ahí algunos no son tan progres como quieren hacer ver hoy día, pero la motosierra de los otros es descomunal.
 

  

miércoles, 7 de octubre de 2026

¿Porvenir o futuro?

Alguien nos ha robado el futuro. Nos han convencido de que lo que vendrá es inevitable. Solo hay un porvenir sobre el que, como mucho, podemos variar ligeramente los tiempos. Las pensiones se acabarán, la sanidad pública irá necesariamente a peor, las ayudas a la dependencia, el subsidio de desempleo, todo eso es vino y rosas de un tiempo en que vivimos por encima de nuestras posibilidades y la realidad se impone necesariamente. Y como no puede ser de otra forma, ese porvenir lo acompañarán gobiernos duros e intransigentes, personas ocupadas en cosas importantes que no pueden andarse con esas mamarrachadas del género fluido o el bienestar animal. Y para evitarnos sufrimientos con veleidades imposibles nos limitarán el tipo de cultura que consumir, censurando libros y películas. Cualquiera que haya estudiado un poco de economía y se quite absurdas vendas ideológicas de la mirada no puede sino reconocer que sólo el mercado es realmente capaz de distribuir los escasos recursos de forma razonable.


 Ante ese porvenir inevitable unos decretos temporales de emergencia retrasan algunas cosas, unos gobiernos frágiles ralentizan el proceso. Pero no nos engañemos, el porvenir, como su propio nombre indica, vendrá. 

¿Pero estamos locos o qué?

Lo que no ha ocurrido se construye. El futuro es un elemento plástico que depende de nuestras acciones. No hay ningún porvenir escrito en piedra, hay un futuro que construir. Los avances tecnológicos han aumentado la productividad de una forma brutal, inimaginable para nuestros antepasados. Hasta nuestros bisabuelos ninguna sociedad pudo soñar que sus miembros se dedicaran muy mayoritariamente, casi en exclusiva durante milenios, a producir alimentos que servía justo para subsistir. Todo el tiempo ganado al hambre se ha repartido de una forma desigual... No, no se dice así, lo hemos repartido de forma desigual, porque no es un accidente de la naturaleza, es algo construido por personas, como ese futuro que no nos deberíamos dejar arrebatar tan fácilmente.

Sin duda hay recursos más que suficientes para que podamos pagar médicos que nos atiendan cuando lo necesitemos, y podemos almacenar para la vejez. Lo humano es ser amable y respetuoso con las diferencias de las personas. ¿Cómo va a ser un lujo impagable la igualdad? 

Eso sí, para recuperar el futuro hay que descongelar las posibilidades de cambio. Quizá lo que es insostenible es una contribución tan poco equitativa al bien común. Quizá el porvenir inexcusable es un sistema impositivo que recupere la progresividad que tuvo, por que la tuvo, en la primera mitad del siglo XX.

El marco inamovible en el que se juega el futuro es un planeta que se calienta y una humanidad que parece cansada de reproducirse (con unos descensos espectaculares de la tasa de natalidad a nivel global). Pero también tenemos unas tecnologías muy poderosas para jugar la partida. Pero el primer paso para jugarla es creerse capaz y no rendir el ánimo a esa mierda de porvenir que nos colocan como inevitable, por intensa que sea la campaña mediática por tele, radio y redes.  


martes, 6 de octubre de 2026

Liderazgos difusos o cuánticos

Prensa y opinadores profesionales están preocupados por la falta de liderazgo en la "izquierda a la izquierda del PSOE" también llamada "izquierda confederal". Y es que realmente es muy difícil que una persona humana encarne lo que ese espacio quiere representar. Quizá, lejos de ser un síntoma de desorganización, lo sea de una organización distinta. Stefano Mancuso diría que hay una forma vegetal de organizarse que tiene sus ventajas, muy diferentes de las animales y que, desde luego, carece de un sistema centralizado de toma de decisiones.


No tengo seguridades, pero si una fuerte sospecha de que lo que le pasa a este espacio es bastante más profundo que una mera lucha de egos por el poder. Claro que hay ególatras y mesiánicos, pero también hay mucha buena gente deseando acabar su "condena de servicios ala comunidad" y volver a una vida sencilla fuera de la exposición pública y la trituradora de almas que es la política.

Para bien y para mal, lo que define ese espacio es más un conjunto de valores que de proyectos políticos. El valor de lo colectivo, de lo comunal, de lo público, la solidaridad, la mutualización de los problemas, la armonía entre personas, la igualdad, el respeto al entorno natural... Esos valores se aterrizan en planes políticos muy diferentes. En qué ámbito territorial se encuentra uno cómodo y qué jerarquía de temas es la que considera correcta da lugar a un abanico de opciones políticas enorme. Más localista, más internacionalista, más nacionalista (de alguna nación), más laboralista, más pacifista, más ecologista... En los últimos tiempos, ante la complejidad de la armonización de los valores en políticas concretas han surgido las "micromilitancias", colectivos que se centran en un único tema, sean los derechos lgtbiq+, que el profesorado tenga menos horas lectivas o el sindicato de inquilinas. Obviamente hay un solape importante entre las personas que están en unas y otras de estas militancias, al menos en cuanto a simpatías. Es obvio por qué el sindicato, en su denominación, no es de inquilinos ¿no?

A la hora de movilizarse no es demasiado difícil ponerse de acuerdo. Aunque no milites en el sindicato, y si lo hicieras tomaras decisiones tácticas diferentes, cuando compartes los valores fundamentales no cuesta unirse al llamamiento. Cuando la causa es clara y su encaje en los valores del espacio es evidente todo es fácil. Lo que es muy difícil es confiar en una persona física particular la representación e interpretación de esos valores para todos los temas, en todas las situaciones y con un ámbito temporal de, mínimo, una legislatura. 

Pero la participación política necesita personas, el sistema es así. Se vota a listas de candidatos, listas que tienen a unas sí y a otras no. Listas en cuya participación idealmente se podría contar con muchas personas con procedimientos de primarias o similares. Pero eso ya exige elegir unos sobre otros, que cada candidato plantee su ventaja sobre los demás. Se introducen competiciones que son contrarias a los valores colectivos. Mucha gente se siente rechazada por el propio proceso de competición.

Parece que estamos esperando el surgimiento "natural" de una persona líder a la que se le confiera autóritas desde amplios sectores del espacio. Un mirlo blanco que probablemente no exista. Mientras se mantenga la posibilidad de un puñado de candidaturas, en una situación de superposición cuántica, todos contentos, en cuanto la función de onda colapse en un individuo particular se jodió el Perú.

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Con este texto empiezo una serie, al estilo del "cuaderno de vacaciones" de Molinos, solo que peor escrito y con el mal gusto de cambiar vacaciones por elecciones. Llevaba meses sin escribir en el blog nada más que reseñas de actos en los que participaba y también puede sostener estas idas de olla políticas