domingo, 15 de marzo de 2026

Consejo a un estudiante de doctorado

El punto clave de hacer ciencia es aportar conocimiento nuevo. Y eso se consigue haciendo el descubrimiento (generando algo novedoso a partir de lo leído y de lo trabajado) pero socializándolo después. Hay que hacer que esa novedad la conozcan otras personas, fundamentalmente otros profesionales de la ciencia. Ese es el valor principal de la publicación científica. Es verdad que como luego se usa para valorarte profesionalmente, en (demasiadas) ocasiones se desvirtúa ese objetivo. La tesis debe ser una investigación, se debe generar conocimiento nuevo (por eso se exige al menos una publicación). La parte de socializar el conocimiento, no solo hacia profesionales (papers) sino a público en general (divulgación/ linkedin o lo que sea) es también muy importante, pero menos crítica en la fase doctoral.

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Es la contestación a una tarea de un estudiante del curso "Aspectos básicos de la actividad investigadora" que llevo años impartiendo. Nada ahí es tan interesante salvo que hay mucha información de forma muy compacta. Casi con cada frase se podría estar hablando mucho rato.

Dejo aquí el párrafo para que no se me pierda y, ya puestos, por si a alaguen le sirve. 

sábado, 14 de marzo de 2026

Para qué hablamos cuando hablamos

La desconexión política y el descrédito de las instituciones es un tema llamativo, y con Félix Taberna como participante en la mesa redonda, se convierte en un plan atractivo.  Asistes, encuentras interesantes las intervenciones de los ponentes... y flipas con el turno de "preguntas".

En realidad nadie preguntó nada, todo fueron ponencias bonsai (como les llama Wicho). Es muy llamativo ver la diferencia entre las intervenciones de los ponentes, bien estructuradas, desde la razón y buscando entender y las de los asistentes, desde la emoción (la rabia más de una vez), con las ideas poco hiladas y buscando más un desahogo que otra cosa.

En la junta de vecinos de una casa en la que viví en los 1990 había intervenciones surrealistas, nada original, son paradigmáticas las reuniones vecinales para estas cosas. El presidente de la comunidad, amigo y psicólogo, mantenía medio en broma medio en serio una curiosa teoría al respecto: desde que la gente no va a la iglesia se ha perdido la confesión como entorno en el que contar tus cosas y ser escuchado; quien se lo puede pagar ha sustituido al confesor por el psicoanalista, y el que no tiene dinero va a desahogarse a la junta de vecinos.

Me he acordado de esa teoría muchas veces, en diversos órganos colegiados universitarios y en turnos de preguntas de todo tipo de actos. Desde luego estas intervenciones extemporáneas hacen pensar en qué nos mueve a hablar cuando lo hacemos. Hay un buen conjunto de motivos posibles, algunas más obvias como ilustrar al auditorio (en el caso de profes y ponentes que lo tienen como tarea, incluso profesión) o convencer al auditorio (desde políticos a vendedores). Pero otras más internas y elusivas como podrían ser epatar al auditorio, escucharse a uno mismo, demostrar erudición o astucia (a la búsqueda de reconocimiento, supongo), "que eso no se quede sin decir" (en un extraño arranque de justicia oratoria) o a saber qué.

No tengo respuestas, ojalá, solo sé que, a parte de en mis clases, tengo mucha tendencia a hablar, seguramente demasiado, y nunca me he planteado en serio por qué, de donde surge esa pulsión. En fin, habrá que cuidar esa potencial abuelocebolletez incipiente.

 

Cartel del acto al que hacía referencia al comienzo.