Esto de una homilía diaria a propósito de las elecciones en ciernes puede ser una turra mítica, pero como no lo lee (casi)nadie me tranquilizo. No es broma lo de casi nadie, va una media de 50 visitas por entrada. Qué tiempos aquellos en los que los blogs pitaban, qué rápido se dieron cuenta los señores del viento como les llamaba Javier Echevarría y que ahora, menos poéticamente, llamamos tecno oligarcas. Sea como sea, aquí queda. Vamos al lío.
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"Los leopardos se comieron mi cara" (Leopards Ate My Face) es un meme de internet que, parece ser, se originó en un tuit del año 2015 con el texto: «Jamás pensé que los leopardos se comerían MI cara», solloza una mujer que votó por el Partido de los Leopardos que se Comen las Caras de la Gente.
Cuando lo lees así parece absurdo, pero hoy el aspirante a ganar las elecciones ha declarado, una vez más, que lidera el Partido de los Leopardos que se Comen las Caras de la Gente.
Sin entrar en detalles ni justificar las razones profundas promete sacrificios. Sacrificios de los de siempre, claro, en la línea de aquel "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades" de la crisis del 2008. Aunque la economía vaya bien, (le) hacen falta sacrificios.Pero no me voy a calentar con la propuesta, lo que merece un intento de análisis es cómo es posible que los que serán sacrificados, avisados explícitamente, voten esa opción. En la selva las gacelas no votan a los leopardos.
En realidad no es nada nuevo, hay personas racializadas que votan racistas, extranjeros que votan a xenófobos o mujeres a machistas, no es en absoluto inhabitual, lo que sí es es poco racional. Pero a estas alturas ya deberíamos saber que, salvo excepciones, los humanos no usamos la razón para tomar decisiones sino para justificar las decisiones que hemos tomado.
Una persona que nazca en Pamplona es muy probable que sea católica y del Osasuna, y ninguna de las dos cosas procede de un proceso racional de análisis de las religiones del mundo o de los equipos de futbol de la liga. Es el deseo de conformidad con el entorno, la necesidad de pertenecer a un grupo, de socializar, lo que te lleva a profesar el osasunismo. De forma inconsciente incorporas esas creencias del entorno y las incorporas a tu personalidad de una forma tan intensa a veces que acaban formando parte de tu identidad.
Quien ya es "comecarista" tiene incorporada la marca y racionalizará todo argumento que se le plantee para ir encajándolo con su esencia. Intentar hacer patentes sus contradicciones o ridiculizar sus posturas no son procedimientos eficientes para convencereles. Menos aún el insulto, claro. Estas actitudes que se perciben como agresión solo contribuyen a fortalecer aún más el sentimiento de pertenencia y hacer más fuerte el "comecarismo".
Si uno quiere ser efectivo en la comunicación política, y no solo desahogarse, hay que ser mucho más empático. Más que convencer hay que seducir. Más que lanzar argumentos hay que mostrar elementos valiosos, cosas que hagan deseable pertenecer al mismo club que tu. Ver que las gacelas que no se dejan comer la cara lo pasan bien, conforman una sociedad agradable y con un futuro esplendoroso es la mejor baza. Es mucho menos "divertido" que el desahogo que pide el cuerpo, pero a este hormiguero no hemos venido a divertirnos, sino a ganarle las elecciones a los Leopardos.









