martes, 20 de octubre de 2026

Plusvalía (diarío de campaña, día 15)

 Inmejorable título para esta gráfica, aunque no me guste la terminología marxista.


 Me la he encontrado hoy por las redes, pero son 40 años de historia que se parecen mucho en otros países occidentales. Si a esa gráfica le añadimos la fecha de la caída del muro de Berlín (i.e. la desaparición del "comunismo" oficial) la historia se cuenta sola. Ante el peligro de que la población se revolucione, el contrato social al que se avienen los poderosos es más equitativo, toda esa idea del estado social. Pero al desaparecer ese peligro, al menos de forma instigada por un bloque político, ya "no hace falta", ¿por qué repartir tanto? así que poco a poco se empieza a traspasar menos renta a los salarios hasta que, incluso se empiezan a disminuir directamente.

Entre todos creamos mucha más riqueza, sin embargo no se disfruta de forma equitativa. En mi opinión se reparte de forma extremadamente injusta. Pero lo más terrible es que los poderosos (1) siguen queriendo más y las opciones políticas de derechas plantean mdidas que fomenten aún más la desigualdad: desregular el salario mínimo, desproteger bajas laborales, etc. Hoy he oído a Miley en la radio (no me voy a entretener en buscar la noticia) como se burlaba de los datos de pobreza en su país, si no mueren de hambre y sed no estarán tan mal decía.

Desde mi punto de vista es increíble que personas que no pertenecen a "los poderosos" apoyen esas opciones políticas que lejos de mejorarles la vida se la van a hundir más. Seguramente por eso intentan alejar del discurso público de la precampaña las medidas que sustentan su ideología y que realmente aplicarán, la "reforma" de las pensiones y la motosierra en general. Todas las guerras culturales, que si el feminismo se ha pasado de la raya, el "sanchismo", la unidad de la patria o lo que sea que se les ocurra, no dejan de ser cortinas de humo para mantener y aumentar la desigualdad de un contrato social agotado que requiere de una visión de futuro mucho más solidaria y ambiciosa. Porque, además, no olvidemos que el Planeta también entra en la ecuación, y también exige su parte, otras que las derechas no están dispuestas a ceder.

A mi me parece tan obvio...

 

(1) "Los poderosos" es una manera de referirse a los afortunados de la historia, un colectivo que no tiene unas características comunes muy definitorias y cuya denominación es fácil que suene rancia. "los ricos", "la clase capitalista"... cualquier denominación tradicional huele a naftalina, pero eso no quita que siga habiendo un 1% de la población que tiene tanto como otro 50%, y aunque sean heterogéneos, de alguna forma hay que nombrarlos. A ver si se me ocurre otra forma mejor

 


lunes, 19 de octubre de 2026

Privatizar (diario de campaña, día 14)

 

La obsesión por privatizar no tiene la sólida base que pretenden. El plan de pensiones privado de los eurodiputados que quiebra y es "rescatado" con dinero público es un ejemplo de tantos. La introducción de la competencia y de agentes privados en las líneas de tren es otro ejemplo de cómo se han deteriorado, lejos de mejorar, el servicio ha empeorado. Pero lo peor de todo es que el bien social no es el óptimo económico, hay valores antieconómicos que preservar. Por ejemplo un cierto equilibrio territorial que mitigue la despoblación de todas esas zonas cada vez más agotadas. Y el bien social no económico se garantiza mucho mejor desde lo público. Quizá el ejemplo más sangrante (y nunca mejor dicho) de que determinadas cuestiones no funcionan en manos exclusivamente privadas es el de la sanidad que "disfrutan" los estadounidenses. 

Con el mayor gasto per cápita en sanidad no consiguen una esperanza de vida homologable a la de cualquier país civilizado. Y es peor hasta en los sectores más enriquecidos de la sociedad.

En muchos casos, la privatización de empresas o sectores que funcionaban razonablemente bien en manos públicas ha acabado convirtiéndose en un mecanismo de extracción: se privatiza el servicio que funciona, acaba arruinado al cabo de un tiempo y vuelve a manos públicas que han de tapar los agujeros, como en el caso inicial de los Eurodiputados (en este blog analizan unos cuantos casos más).

Cuando dices estas cosas te contestan que en la URSS las cosas acabaron mucho peor. Pero es que nadie pretende la estatlización completa de la economía, ni en China se anda en esas. Pero el razonable equilibrio entre los sectores público y privado hace mucho que está excesivamente en lo privado, y más que lo quieren llevar, algunos incluso con la ridiculez de la motosierra que está arruinando irremediablemente a su país. Por poner una referencia, me gusta el trabajo de Mariana Mazzucato sobre el papel del estado en el bien público. Lo interesante es un "estado emprendedor" que en vez de regalar el dinero a intereses ajenos, lo utiliza estratégicamente para mejorar soberanía y valores colectivos.

La obsesión privatizadora de la derecha, y más aún de la extrema, me parecen obsesiones ideológicas ridículas a estas alturas del conocimiento disponible. 

domingo, 18 de octubre de 2026

A 5 semanas (diario de campaña, día 13)

Domingo 18 de octubre, 20:40h. Dentro de 5 semanas habremos acabado de votar y tendremos ya los primeros resultados de encuestas. Quedan 35 días para "la fiesta de la democracia". 

Debería ser una fiesta la organización pacífica de un sistema de agregación de preferencias que permite optimizar la satisfacción en la gestión de lo público. Pero desde que tenemos fuerzas políticas, normalizadas y en ascenso, abiertamente extremistas en su impugnación de la democracia, de las normas, de la ciencia, del el respecto a las minorías, etc. etc. la fiesta está totalmente arruinada.

Mientras todos aceptan las reglas no hay enemigos sino adversarios, pero si las reglas están en disputa la contienda se tensa una barbaridad. A ver cómo mantenemos durante 35 días el espíritu de que estamos construyendo un futuro, no evitando una catástrofe. 

 

Descubro que hay una novela que se llama "la fiesta de la democracia" y que pinta tan estupenda como su portada. Habrá que lerrla 

sábado, 17 de octubre de 2026

El coche (diario de campaña, día 12)

Cultural y físicamente el coche nos está matando.

 

Más allá de toda duda razonable, el calentamiento global acelerado que sufrimos se debe a la devolución a la atmósfera de CO2 secuestrado en un pasado geológico. Como lo sabemos, cuando aún imperaba la razón, acordamos ponerle un límite a los coches de combustión. Pero en el nuevo marco al que nos ha arrastrado la extrema derecha global eso "ya es historia". Como si la causalidad ponerla en pausa cuando no nos viene bien. Una industria acostumbrada a mover cantidades ingentes de dinero es natural que no quiera dejar de hacerlo. Con el pequeño matiz de que con ello nos construye un futuro cada vez menos ilusionante, apenas vivible.

El vehículo privado, esa extensión de nuestra casa y de nuestra personalidad. Ese maravilloso exoesqueleto de acero que nos transporta. Promesa de libertad, cuando los atascos no lo impiden, paraguas cuando llueve y armario de primera necesidad siempre a mano. Desde que empezaron a ser mínimamente asequibles, en la España de los 1960, todo el mundo aspiraba a, al menos, un Seat 600. Y nos hemos vuelto adictos (yo el primero) a esa disponibilidad de transporte y a todos los valores y elementos culturales que acarrea. Apenas queda gente viva que recuerde el mundo antes de que estuviera invadido de coches y nos parece tan natural, que cuesta (mucho) imaginar alternativas deseables.

Inevitablemente el coche es un campo de batalla privilegiado para esas "guerras culturales" que nos arrastran los negacionistas de cualquier sensatez. En vez de "utilitarios" que acentúen los valores de uso hay quien busca coches con esteroides, lo más grande y pesado que haya, que pueda hacer ostentación de que tengo dinero para su combustible y que pongo mi "libertad" de poder ir al campo (si un día me apeteciera) por encima de cualquier consideración. Y rizando el rizo, nuestro empresario modelo de todas las maldades, publicita un coche que puede volar, o al menos saltar muy alto. Algo que no se sabe muy bien para qué podría servir, pero es que a nadie le importa que los coches sirvan, lo importante es lo demuestran, en este caso capacidad, poderío, potencia, y la posibilidad de saltar por encima de cualquier obstáculo que le puedan poner. Es la esencia misma de las políticas que propugnan, esas que desprecian como obstáculos en su camino la legislación, la justicias o colectivos indeseables. En el camino hacia su ideal supremacista y bárbaro, los obstáculos se saltan. 

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La resaca de las fructíferas negociaciones para todos menos para una, se me pasó el sábado sin entrada diaria. Pero como en los blogs se pueden trucar las fechas, voy a quitarle 13,5 horas a la de publicación real y que figure como del día 17. Permitidme esa pequeña concesión a la estética

viernes, 16 de octubre de 2026

Hubiera estado bien (diario de campaña, día 11)

Obviamente hoy había que esperar muy cerca del final del día a ver qué coaliciones se registraban finamente. A media hora de la campana parece que el frente popular de Judea no da su brazo a torcer. 

En mi cabeza no hay ninguna simetría y el fracaso mediático tiene protagonistas buenos, generosos y esforzados y malos, egoístas y confundidos. Pero en la mente de la gran mayoría de votantes con comparten los valores de este "espacio político" no hay mucho hueco para matices y esto se percibe como un fracaso colectivo.

Ya he escrito sobre la problemática esencial de la unidad de la izquierda y sobre la dificultad de gestionar la dualidad persona representante. Pero además de las cuestiones de fondo no puedo por menos de enfadarme con la situación en la que acabamos. Eso sí, nada de simetrías.


 Imagen tomada de Lizardo Bizarro 

jueves, 15 de octubre de 2026

A ver si pasamos pantalla económica

Más obligaciones y menos derechos pide el catedrático de la Universidad de Pensilvana, empezando por bajar las pensiones. Disiento de esa propuesta política, pero lo que me resulta intolerable es que se pretenda hacer pasar por la única opción desde las “ciencias económicas” de las que parece portavoz destacado.

Llevamos demasiado tiempo asumiendo que la organización social se debe poner al servicio de la economía, definiendo además la economía como un conjunto de reglas estructuradas supuestamente de forma científica. Ninguna de las dos cosas han de ser así y cada vez hay más evidencia de que el planeta y la equidad social se beneficiarían de salir de ese esquema. 
 

 

La ortodoxia dice que hay que crecer, que la mejor asignación de recursos siempre la proporciona el mercado, que cuanta menos regulación mejor funciona el mercado para ese fin, etc. etc. Hoy sabemos que el crecimiento ha chocado ya con los límites del planeta, y de forma muy violenta además en forma de emergencia climática. Sabemos también que el mercado puro genera unas desigualdades intolerables. Desigualdades entre personas, entre regiones, entre empresas o entre países.

Hace ya tiempo que los desajustes socioeconómicos tienen mucho más que ver con el reparto que con la producción. La máxima “dime que sabes fabricar (barato) y yo te lo vendo” que era válida a comienzos del siglo XX se ha convertido en “dime que sabes vender y yo te lo fabrico (barato)”. Producimos alimentos, ropa, teléfonos o coches en cantidades descomunales. La escasez que mantenía en el límite de la subsistencia a la población del mundo apenas existe ya.

El desarrollo tecnológico y la organización social que lo acogió han sido enormemente exitosos y ya han conseguido sacar a la humanidad de la precariedad. Pero para gestionar la nueva situación hay que cambiar la forma de organizarse, hay que cambiar el contrato social. Si seguimos basando en el trabajo el reparto de la riqueza, añadiéndole el brutal “overhead” de que para que alguien trabaje, otros han de obtener enormes plusvalías extra, no hacemos más que inventar trabajo innecesario que solo sirve para destruir el planeta y que no genera felicidad en nadie, ni siquiera en los ultra ricos que capitalizan toda esa plusvalía enloquecida.

¿De verdad una rueda que hace que lleguen a nuestras tiendas a 3€ y que se tiren con 3 o 4 usos es algo valioso? Desde la lógica económica ortodoxa es maravilloso, aumentos de PIB, de actividad, de mano de obra, crecimiento y todas esas mierdas, pero en cuanto te sales de la rueda del hámster y miras con un poco de calma alucinas. Eso sí, si no es haciendo esas camisetas no sabemos como hacer partícipes a unos pobres asiáticos menesterosos de la inmensa prosperidad global. Valga el ejemplo para ilustrar la idea de que el problema actual no es producir bienes sino repartirnos el bienestar de lo producido.

No me van a convencer de que ese análisis político lo invalidan unos teoremas demostrables para una situación de equilibrio que solo es válida en momentos muy escogidos de la historia económica. Muchas gracias a la economía ortodoxa por habernos traído a este momento de abundancia (relativa y sin romantizar) pero ya os vale. El problema ha cambiado drásticamente y esa “ciencia” ya no vale.

En este nuevo escenario, más que recortar las pensiones y la inversión pública (mal llamada “gasto” por esa ortodoxia) hay que subir ambas cosas con los recursos obtenidos de un incremento impositivo apreciable con una marcada progresividad. Esa es la inversión de prioridades que requiere centrar las políticas en el reparto en vez de en el crecimiento de la producción.

 

miércoles, 14 de octubre de 2026

Malismo (diario de campaña, día 9)

 

¿Desde cuando ser bueno es despreciable como "buenista" y la maldad mola?

Mauro Entrialgo lo tiene muy bien descrito en su libro "Malismo", de hecho define la palabra como "la ostentación del mal como propaganda" (tal cual está escrito en la  portada del libro). Así que no se trata tanto de ser mal como se hacer ostentación de tu maldad. Quizá en privado te apene la muerte de una persona, pero en público he de mostrar que soy tan malote que no me pongo en pie en el minuto de silencio.

Me ha salido la palabra "malote", como algunos profes denominan a los adolescentes que entran en fase gamberra, un momento de la vida en la que también la ostentación del mal tiene un valor. Los malotes, muchas veces acosadores escolares, generan admiración en sus compañeros. Más bien una mezcla de admiración, miedo, envidia y rechazo, pero algo que en conjunto genera morbo y hace que las gamberradas de los malotes tengan su clá.

Pareciera que las derechas han entrado en una especie de adolescencia moral en la que se recupera esa maldad publicitaria. Ya sea acosando ONGs, no respetando minutos de silencio o, simplemente faltándole al respeto ostentosamente al presidente del gobierno el cualquier acto público se crecen en la ostentación de su maldad. Y para que esa actitud no resulte tan patética, hay que burlarse de los comportamientos éticos, de lo bondadoso. Ahí es donde entra el término "buenismo" como descalificador de la bondad.

¿Qué tipo de votantes se arrastran con estas actitudes? ¿De verdad van a ser así de mentecatos? (Mentecato, del latín mente capta, mente capturada, falto de pensamiento propio)

martes, 13 de octubre de 2026

La última frontera (diario de campaña, día 8)

La internacional me dice que se llama ese himno tradicional ¿no? No hay más preguntas señoría.

Esa broma resume el oxímoron, al menos aparente, de la “izquierda patriótica”. Izquierda y patria son dos palabras que van mal juntas, tanto que en esta parte del mundo lo de la patria se enuncia siempre en euskera, izquierda abertzale, denominación a la que ya nos hemos acostumbrado.

En los valores tradicionales de la izquierda está la horizontalidad, una fraternidad que no entiende de más diferencias que las de “clase”. Aunque sea un concepto con olor a naftalina y de dudosa vigencia, sin duda refleja algo muy diferente a la verticalidad, que se lo digan al sindicalismo franquista.

Y aquí nos encontramos con señores que a veces parecería que quieren encarnar el significado de su apellido, confundiendo el orden de prioridades entre el valor político y el patriótico. Al final, tarde y mal, se impuso la patria, como siempre, dejando detrás el  avispero que haga falta.

Si hay una frontera difícil de salvar en los esfuerzos unitarios es la del alcance territorial, especialmente cunado se le confiere ese valor casi sagrado de la “patria”. 
 
Eso es un aprendizaje importante dado que quedan años de necesaria convivencia entre lo “indepe” y lo “confederal”. Lo de intentar salvar la cara individual con una pantomima de unión con la fuerza demoscópicamente más irrelevante y con más visibilidad mediática no merece más comentario. Los regates en corto, por más mala leche que generen, se acaban en sí mismos. 
 
 
 Viñeta de Manuel Fontdevilla en el Diario.es hoy tomada de aquí

lunes, 12 de octubre de 2026

En ansiado fin de la izquierda homeopática

Cuando la forma habitual de tratar pacientes se basaba en equilibrar sus humores y podía requerir sangrías con sanguijuelas, no hacer nada era una opción compasiva. En esos tiempos nació esa extraña idea de curar con agua (tras unos procesos equivalentes a conjuros mágicos) que aún tiene adeptos y que se llama homeopatía. 

De un modo muy parecido,cuando Thatcher y Reagan reinstauraran el liberalismo como doctrina indiscutible la izquierda se volvió homeopática. Las sangrías de lo público, muchas veces con sanguijuelas oligárquicas, parecía que no tenían más alternativa que no hacer nada, un vasito de agua quizá. 35 años con el único propósito de "frenar a la derecha" son muchos años. 

Bien es verdad que ahora la derecha es ya "ultra" y que el liberalismo se ha quedado pequeño, ahora hay que recuperar el papel del estado, pero para proteger a los poderosos (y las esencias patrias). Con la excusa de la soberanía (que no es mala excusa, por cierto) ya podemos utilizar aranceles y proteccionismos varios. Pero solo en lo macro, en lo que beneficie a los grandes. En lo personal: salud, educación, vivienda o dependencia, nada de proteccionismos, ahí es el mercado el que provee.

Y ante esto no parece que haya más receta que oponerse, ponerse en frente, "parar a la ultraderecha", luchar mucho para quedarnos donde estamos, como la reina roja de Alicia. Esta política de que, en el mejor de los casos, no pase nada es enormemente desmovilizadora. El sentimiento de miedo puede generar cierto movimiento, pero al final acaba en desánimo. Cuando a eso se le une la normalización de lo que antes era impensable y tu cuñado ya se declara de Vox sin vergüenza, ese que en el fondo no es tan mala persona, la demovilización es total.

Ya vale de homeopatía política.

Es verdad que hay que trabajarse el imaginario, que el aterrizaje de los valores de la izquierda en un proyecto realista no está siendo fácil. Uno de los lastres es la nostalgia de aterrizajes anteriores que, por distintos motivos (pero alguno muy esenciales) resultaron fallidos. Si hay una figura que me parece que representa maravillosamente esa izquierda eficiente y desprejuiciada es Zohran Mamdani, actual alcalde de Nueva York.

 Quizá va siendo momento de que el frente amplio no sea tan amplio y sea más eficaz. Aunque no estén todos, todos, si hay una propuesta realmente atractiva se puede conseguir movilización y, lo que es lo importante, que todo el esfuerzo se dirija hacia políticas de verdad, superada ya la larga época de la homeopatía política de la izquierda.

 


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Un ejemplo reciente de homeopatía política: Subir al 10% el IVA de los pisos turísticos como medida estrella ¿no es homeopatía política? una actividad económica que, como las demás, debería tributar al 21%. Una actividad en muchísimos casos ilegal ¿no debería controlarse? Una actividad que dificulta la vivienda de ciudadanos y facilita la turistificación. Algo tan obvio, desde la izquierda más extrema, en el límite de sus posibilidades, propone el 10%, vamos no me jorobes...   

domingo, 11 de octubre de 2026

Los nogociadores (diario de campaña, día 6)

 

Empezaba esta serie de reflexiones electorales comentando la dificultad intrínseca de "la unidad de la izquierda", como una unidad de valores y no de objetivos, políticas o tácticas hace especialmente difícil la unidad electoral. Hoy llevo un rato pensando cómo deben sentirse las personas que están participando en esas negociaciones. Porque aunque cueste asumirlo, son personas y tienen sentimientos.

Cuando pensamos en un directivo de una empresa, un representante sindical, un cargo público o un político lo más evidente es el papel institucional, es alguien que encarna una organización. Pero no podemos olvidar que esa cerne es humana, no es la organización. El doble papel de humano e institución, persona y personaje, es muy problemático en realidad. Y no me refiero (solo) al lamentable suceso de Errejón en 2024 en el que él mismo hacía referencia a esa dualidad.

Las personas que estén estos días asistiendo a las reuniones de conformación de candidaturas conjuntas estarán sintiendo sentimientos encontrados y, supongo, sentimiento muy muy intensos. Por un lado la responsabilidad de saber que miles de personas desean ese acuerdo como agua de mayo. Por otro lado la presión de cientos de personas que una organización concreta que quieren que su organización salga bien parada en el resultado final. Además el inevitable y potente llamamiento puramente personal ¿dónde quedo yo en todo esto?

Es fácil pontificar desde fuera clamando por la necesidad moral de "eliminar personalismos y mezquindades". Pero en realidad eso es pedirle a personas que dejen de serlo para comportarse como espíritus puros en esta tarea, y eso no existe.

La armonización de la táctica y la estrategia con las presiones varias y los valores profundos es una tarea casi sobrehumana. Claro que habrá quien lo haga mejor y peor y no me privaré de tener mis favoritas y mis.. menos favoritas, pero no me gustaría estar en su papel.

 

La foto es una escultura del Dios romano Jano, el de los principios y finales, representado con dos caras que bien pueden representar metafóricamente la persona y el personaje.