jueves, 16 de enero de 2020

A tres barbas, vídeo 1. Hélices

La UCC de la Universidad de Buegos nos ha grabado una serie de vídeos que empiezan a publicarse estos días. La sección se llama "a tres barbas". Nos lo pasamos muy bien grabándolo y ha quedado fenomenal:


sábado, 11 de enero de 2020

Encuestas de docencia, la ficción de la calidad

Se ha puesto de moda evaluar de forma exhaustiva la calidad de la atención en multitud de servicios, de forma que se pasa uno la vida picando caritas más o menos sonrientes y recibiendo llamadas cada vez que llevas el coche al taller. En la universidad llevamos ya muchos años (dos décadas o así) con encuestas de satisfacción de la actividad docente.

Estas encuestas no siempre se han hecho de la misma forma. Recuerdo en mi universidad un tiempo en que su realización estaba encargada a una empresa que llegaba al aula sin avisar (el profesor sabía en qué semana, pero no el día exacto). Todos los estudiantes presentes debían participar, siquiera fuera como "no sabe, no contesta". Pero esos tiempos pasaron, ahora en nuestra universidad, como en casi todas, se habilita una encuesta telemática para que los alumnos que quieran, y cuando quieran, respondan a las preguntas. Se anima a la participación ofreciendo regalos sorteados entre los participantes y cosas así. A pesar de todo, la tasa de respuesta casi nunca supera el 30%. Pero lo más problemático es que no es una muestra aleatorizada.

En la universidad deberíamos saber que la estadística es una ciencia, de hecho hay departamentos y asignaturas al respecto. Cuando se hace un muestreo, hay que hacerlo de determinadas formas si queremos que las respuestas de la muestra sean representativas de la población total, en general hay que elegir la muestra aleatoriamente. Cuando en vez de aleatorizado se deja a la autoselección, la representatividad se sabe que es muy baja. Tienden a participar los individuos más motivados en un sentido u otro, los muy contentos o muy descontentos con la actividad.

Frente a esta crítica a veces te contestan que todos los profesores, varios cientos, están expuestos al mismo sesgo muestral, por lo que deberían ser significativas las diferencias entre unos y otros. Pero esto no deja de ser una hipótesis. Si hacemos mal una medida, pero igual de mal muchas veces ¿se cancelan los errores y las diferencias son creíbles? No lo tengo nada claro. Si cada medida no es estadísticamente significativa, dudo mucho que operaciones con ellas puedan serlo.

Por lo menos a nosotros aún no nos despiden a la tercera carita triste, como parece que sí se hace con los repartidores de pizza. Pero lo que parece un poco lamentable es que en la institución que se ocupa del conocimiento, la medida de su calidad sea tan poco fiable.


Este comentario me lo han sugerido unos tuits del compañero de la UO Sergio Palacios, ver.

ACTUALIZACIÓN.

Hoy en día ya no se discute en los comentarios de los blogs, esos tiempos pasaron hace mucho, se discute en redes sociales. En la conversación en Twitter me han llamado la atención sobre un paper que merece la pena, se trata de un metaestudio de 2017 que concluye que los estudiantes de los profesores mejor evaluados no aprenden más




domingo, 8 de diciembre de 2019

Don Manuel nos deja

Febrero de 1979, debía hacer frío. En algún pueblo de Cuenca, probablemente Fuente de Pedro Naharro. Un "mitin" político de los recién inventados para convencer a esos señores con gorra de que votaran a la Unión de Centro Democrático.

Ya había sido parlamentario en las cortes constituyentes, una de las cosas que más orgullo le producía era tener estampada su firma en la constitución original... aunque en los últimos años se quejaba de que no estaba tan bien hecha cuando nos estaba trayendo tantos problemas en estos días.

A la política había llegado, en la transición, desde el sindicalismo agrario, el SIAC. Y a ese sindicalismo desde una vocación mesiánica de conseguir que la provincia de Cuenca despegara económicamente y se modernizara. Fruto de aquellos esfuerzos se construyó OLCESA, la fábrica de aceite de girasol con la que aspiraban a que el cultivo dejara más valor añadido en la región. Vivió como una enorme traición que una ampliación de capital le quitara la mayoría a los agricultores sindicados, ya que ese debía ser el sentido de aquella instalación.

El conocimiento de los entresijos socioproductivos conquenses, como para montar sindicatos y fábricas, le venía de su trabajo en el SEAF-PPO, programa de promoción profesional obrera, la herramienta del ministerio de trabajo para la formación profesional de los trabajadores. A esa organización le dedicó (casi) toda su vida profesional. A esa y a su transformación posterior: el INEM, del que llegó a ser director general.

Toda esta carrera profesional, brillante, porqué no decirlo, suponía mucho trabajo, muchos kilómetros por carreteras de Cuenca, así que por casa estaba menos de lo que nos hubiera gustado a los hijos. Un padre un poco ausente en lo físico, pero no en lo emocional, porque cuando estaba se hacía notar. Tenía opiniones sobre todas las cosas y nos las transmitía con elocuencia. Parte de aquellos discursos eran sobre ciencia, fruto de su carrea de química y de lecturas posteriores de divulgación, porque le gustaba mucho la ciencia básica y estaba muy al tanto de los avances que ocurrieron en física en aquellos años. Aún recuerdo su explicación sobre el vacío cuántico y la radiación de Hawking.

Carismático cascarrabias, cariñoso cabezón, se nos murió Don Manuel Sevilla Corella tras un par de años de progresivo deterioro físico causado por un puñado de enfermedades variadas. Aquí nos quedamos, tristes y un poco vacíos porque aunque previsible (además de obviamente inexorable) el momento del punto final tiene ese punto terrible. Adiós papá, te echamos de menos.

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Aunque la nota está escrita varias semanas más tarde, la publico el día de su muerte.

sábado, 23 de noviembre de 2019

¿Por qué un coche eléctrico?

Puede parecer que preguntarse por el coche eléctrico es dudar del despliegue de la tecnología necesaria para la electrificación de la automoción. Sin embargo lo incómodo es el propio concepto de "automoción", el problema no es la palabra "eléctrico" sino "coche". ¿Por qué hay que desplazar 1500 Kg de hierro para transportar a una persona de 80 Kg? Pues por cuestiones emocionales, no es una decisión racional. Un coche produce sensación de libertad, el placer de conducir, disponer de un pedazo de espacio tuyo allá donde vayas. Sin coches no se podría mantener la vida burbuja que tanto abunda en algunos países y en la que nunca se sale a la intemperie (residencia, trabajo y centro comercial y de ocio). El coche es pues un elemento cultural, incluso de identificación personal, no un medio de transporte racionalmente diseñado. Esos valores intangibles (sensación de libertad, de poder, de complemento personal, de ostentación, etc.) son clave para que se pueda construir una necesidad muy sofisticada y maleable sobre la necesidad real y tangible de la movilidad. Esa necesidad sofisticada ha dado lugar a una industria enorme que mueve cantidades ingentes de dinero; y por tanto da trabajo a muchas personas, claro. Pero del mismo modo es una empresa intensiva en materias primas y energía. La movilidad en coche no es sostenible, o cuando menos, hay alternativas muchísimo más sostenibles. Pero como en el mix de valores culturales que ganan fuerza, la sostenibilidad y el valor ecológico van ganando peso, la automoción se enfrenta a un problema importante. ¿Solución? un oxímoron, el coche ecológico. Un concepto que se materializa, para empezar, en el coche eléctrico.


El coche eléctrico sigue siendo un coche, y por tanto: (1) requiere de un montón de materiales para ser construido (algunos escasos y producidos en zonas de conflicto), (2) desperdicia energía (ha de mover muchos kilos inútiles por kilo de pasajero) y (3) sigue siendo contaminante, la electricidad no deja de ser un vector energético y la producción primaria sigue hoy lejos de ser renovable. Es verdad que un gran parque de coches eléctricos serviría para equilibrar la curva de demanda energética diaria y facilitaría el almacenamiento que necesitan las renovables para ganar un peso importante, pero es un beneficio medioambiental muy marginal para los prejuicios que supone.

Llegados a este punto hay gente que suele reclamar que la posibilidad de tener coches compartidos y la conducción autónoma son la ventaja definitiva. Lo de compartir el coche no lo termino de ver; en el lavado de ropa, aunque se pueden compartir las lavadoras (lavanderías, cuartos de lavar por edificio, etc.) culturalmente no encaja, menos aún en ese símbolo de libertad que encarna toda una forma de vida que es el coche. Si estamos dispuestos a renunciar a esos intangibles, mucho mejor el transporte público (autónomo, al menos para el que viaja, y compartido) y, si queremos afinar, con un patinete eléctrico para "la última milla", el camino entre la parada y el destino final. Esa es la opción realmente sostenible para la movilidad, la razonable. Bien es verdad que no está exenta de problemas: (1) exige otro tipo de valores culturales, de intangibles, (2) ya no tenemos un vehículo para todo (si hemos de llevar niños, o maletas, si es un viaje urbano o interurbano, etc.) y (3) el ahorro medioambiental también lo es económico, por lo que se perderían muchos puestos de trabajo (y acumulaciones de riqueza).

A la vista de todo esto, la cuestión tecnológica es casi lo de menos en la evolución de la movilidad; son los valores culturales y la economía lo más definitorio. Y en para ellas, el papel de los gobiernos es clave: regular en un sentido u otro, a una velocidad u otra, saca actores del mercado o genera enormes nichos nuevos. Un ejemplo de esto último es el de los patinetes de alquiler, que llenaron Madrid hasta que "se dieron cuenta" y un cambio de regulación los sacó del mercado. En mi opinión, los gobiernos no están actuando bien, no tienen un auténtico plan de futuro y, en última instancia, son demasiado rehenes de una industria que mueve mucho dinero y empleo. Pan para hoy que nos puede dejar sin planeta.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

El timpo de la antenofobia en el Zentral


De entre las actividades organizadas con motivo de las semanas de la ciencia en Pamplona, uno de los más bonitos es este, ya tradicional, que celebramos en el Zentral (la gran sala de concienrtos en el centro de Pamplona) en el que ponentes de distintas instituciones cuentan brevemente un tema. Este año se hizo temático, sobre timos y ciencia, con el siguiente programa:
  • Patricia Oliván y Xabi Jaso:  Desmontando el negacionismo climático
  •  Joaquín Sevilla:  El timo de la antenofobia: ¿que los móviles qué?
  •  Deborah Moisés y Fernando Jáuregui:  ¿Pero de verdad creéis que fueron a la Luna?
  • Naiara Gorostidi:  El monstruo de las cloacas
  •  Silvia Carlos y Gabriel Reina:  Vacunas y antivacunas
  • Ana H. Zambrano y Mónica Ruiz:  Terraplanistas, una teoría con límites
Vino bastante gente y resulto, como siempre, muy entretenido. Las fotos son de Javier Armentia




martes, 12 de noviembre de 2019

El universo en escala de Sarriguren

Parece que el bolo de este año de "ciencia en el bar" es el que va de las escalas del universi, lo grande y vacío que es el sistema solar, y no digamos la galaxia, cómo se miden esas cosas, cómo se maneja uno con números tan grandes y curiosidades varias.

Nuevo pase en la semana de la ciencia de Egüés, muy agradable, con un público muy majo que lo pasó bien. Nos hicieron algunas fotos:






domingo, 20 de octubre de 2019

Cuando Amaia visitó la UPNA

De vez en cuando hay que hacer fiestas. Las instituciones también. Hay que buscar excusas para reunirse, encontrarse en ambientes distintos de los habituales. En el caso de nuestra universidad especialmente. Todas las comunidades tienen sus fiestas, y la comunidad universitaria también lo necesita: y además de las litúrgicas celebraciones de aperturas y cierres, alguna cosa más distendida también conviene. En esta ocasión hemos celebrado que el emblemático edificio de la biblioteca, esa catedral del conocimiento que ocupa el lugar central del campus cumplía 25 años desde que fue erigida.

Con motivo de esa celebración tuvieron lugar un buen puñado de actos entre los que destaca, por su tirón mediático, la participación de Amaia Romero, la ganadora navarra de Operación Truinfo que tantos seguidores concita.

Aparte de una cierta participación en la organización general de los actos, a mi me tocó especialmente la coordinación y presentación de tres mesas redondas, o diálogos, que aportaron el elemento divulgativo al programa. El primer día (miércoles 9 de octubre) tuvimos una mesa sobre las bibliotecas, pasado presente y futuro.

“Diálogos científicos: Arquitectura y conocimiento”. De izq. a dcha.: Carmen Echeverría Arambillet (directora de la Biblioteca de la UPNA), Javier Sáenz Guerra (arquitecto e hijo de Francisco Javier Sáenz de Oiza, arquitecto creador del edificio de la Biblioteca), Ángel García-Sanz Marcotegui (catedrático de Historia Contemporánea e investigador del instituto I-Communitas de la UPNA), Arantza Mariskal Balerdi (responsable de la mediateca de Tabakalera), Garazi Aizkorbe Escriche (graduada en Derecho por la UPNA)

Vídeo de la sesión: en youtube

El jueves 10 de octubre tuvimos una segunda mesa, en este caso sobre salud inteligente
Mesa redonda titulada “Salud inteligente”. De izq. a dcha.: Joaquín Sevilla Moróder (director del Área de Cultura y Divulgación de la UPNA), Maite Mendióroz Iriarte (investigadora de Navarrabiomed y neuróloga del Servicio Navarro de Salud), Luis Serrano Arriezu (profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica, Electrónica y de Comunicación e investigador del Instituto de Smart Cities-ISC de la UPNA) y Lucía Martínez Virto (profesora de Trabajo Social y directora del área de Acción Social e Igualdad de la UPNA).

Vídeo de la sesión aquí en youtube.

Finalmente, el viernes 11 el tema fue mujeres en el mundo que viene, y ahí se sumó Amaia a la mesa participando activamente en el coloquio posterior a las presentaciones de cada ponente:
“Mujeres en el mundo que viene” María del Mar Rubio-Varas (profesora e investigadora del Instituto INARBE de la UPNA), Idoia Labayen Goñi (profesora e investigadora del Instituto IS-FOOD de la UPNA), Lucía Martínez Virto (directora del área de Acción Social e Igualdad de la UPNA), Marta Macho-Stadler (profesora de la UPV-EHU).

Vídeo de la sesión aquí.

Las tres fueron interesantísimas, lo pasamos muy bien y se pudo aprender un montón de todos los ponentes. Hay grabaciones de estos actos para que se pueda extender su disfrute a más personas de las que pudieron asistir presencialmente.

Me da un poco de rabia que estas actividades coincidieran con el Congreso de Comunicación Social de la Ciencia (celebrado en Burgos), por lo que tuve que perdérmelo. Tocó hacer la divulgación en vez de discutir sobre ella. Otra vez será. De momento, a planificar la siguiente fiesta ;-)

Como bonus, en etre todos los actos hubo uno académico en el que se reconocía al personal fallecido, jubilado, y que hacía las bodas de plata laborales, 25 años trabjando en la UPNA. En ese grupo estaba yo y me regalaron un reloj. También hay vídeo de este acto.

jueves, 17 de octubre de 2019

Finales (chim pum)

Caminando hacia el trabajo esta mañana, oyendo música en aleatorio, me sale “Con su blanca palidez” (A Whiter Shade of Pale) de Procol Harum. Un temazo que te cautiva, te transporta a otro mundo… y acaba en un triste fade out apresurado que me ha dejado un sabor de boca malísimo. Y es que las buenas piezas musicales te transportan, te sacan de la realidad para llevarte a un mundo interior por un tiempo limitado. Cuando acaban han de devolverte a la realidad de la manera menos dolorosa posible. No sólo la música, también la ficción, cuentos, novelas, monólogos, etc. tiene ese potencial evasivo y también tiene que terminar preparando un aterrizaje suave para el viajero.

En el caso de los “fade out” (ir bajando el volumen sin que la canción termine realmente) lo que se hace es renunciar a construir un final de verdad y cortar sin más, con la disminución de volumen como única señal de cierre. Por contra, los finales típicos de la música clásica son perfectamente resolutivos, terminan donde la tonalidad manda, en el tiempo que corresponde, a veces hasta rematando “chim pum” (y hasta volviendo a rematar “chim pum, chim pum, chim puuuuuum”). No sólo en la clásica, pero ahí hay ejemplos de finales bien pomposos y exagerados, que no dejan lugar a dudas, no defraudan. En el jazz no es raro acabar con un acorde disonante. Queda claro que es el final, pero deja un poco colgado, como con ganas de más resolución, igual que las películas en las que no queda claro si los personajes se acaban casando o no.

La música es un juego de generación de expectativas que a veces se cumplen y a veces no (eso lo aprendí de Almudena M. Castro en sus maravillosas charlas). En las canciones más sencillitas como temas infantiles, se cumplen casi siempre, hay pocas sorpresas, mientras que en las músicas más “avanzadas” se esfuerzan por liberarse de notas, armonías y estructuras y la sorpresa es permanente. Claro que la proporción adecuada de satisfacción y frustración de expectativas depende del individuo y su cultura musical. En cualquier caso, parece que en este marco hay finales de tres tipos: los que terminan generando una expectativa que se cumple (chim pum), las que generan una expectativa que se defrauda (disonante) y las que no generan ninguna expectativa y simplemente se apagan.



En el caso de la narrativa tengo mucho menos clara la tipología de finales. El mismo hecho de decidir que una historia termina en un punto concreto ya tiene mucho mensaje, como nos hace notar brutalmente Dina Goldstein imaginando una continuación de la vida de Blancanieves con el príncipe azul que, obviamente, no era tan maravilloso. Lo que es seguro es que, al igual que la música, un texto que te ha transportado ha de terminar devolviéndote a la realidad con la mayor naturalidad posible; y una posibilidad, muy utilizada por los monologuistas, es volver al punto de partida, ese en el que terminé de escuchar Con Su Blanca Palidez a la que entraba al despacho a comenzar mi jornada laboral.

miércoles, 16 de octubre de 2019

¿El fin de la vida universitaria?

Muchos recordamos más nuestro paso por la universidad por la cafetería, el césped, fiestas, conciertos y conferencias, que por las clases regulares. En esos años haces amigos que te duran toda la vida, incluso encuentras pareja.

Todas esta "vida universitaria" tan maravillosa es un subproducto del hecho puramente académico de acudir a la universidad a cursar tus estudios. Estamos descubriendo últimamente que ese subproducto crecía especialmente en el desorden académico. Cuando los horarios dejan huecos libres, las clases se suspenden y se recuperan con flexibilidad, cierta frecuencia, avisando con poca antelación no hay más remedio que tener "vida universitaria". Una planificación académica poco estable y no anunciada con suficiente antelación convierte a los estudiantes en rehenes de su carrera, especialmente en las carreras en las que teníamos muchas prácticas. Toda la vida es en el campus y eso deja mucho hueco para grupos de teatro, asambleas o partidas de mus.

Con la reforma que ha supuesto Bolonia y la implantación de sistemas de calidad la actividad académica está cada vez mejor estructurada. Ahora los horarios y las fechas de examen se anuncian con un año de antelación y se cumplen casi siempre. Para cambiar una clase hay que informar a la dirección de centro, y no hacerlo y que te pille el inspector es puede resultar problemático. En muchas clases la asistencia es obligatoria o, al menos, muy conveniente. Este compromiso con la planificación académica es una muestra de respeto por nuestros estudiantes, un avance significativo en la modernización de la universidad. Pero está acabando con la vida universitaria.

En esta universidad moderna organizas una conferencia y, o bien no va nadie, o bien tienes quejas de profesores porque se les "contraprograman" las clases. Ambas reacciones muy acordes con los nuevos tiempos. ¿A qué hemos venido aquí? ¿Estamos a setas o a Rolex? Incluso los responsables de las cafeterías notan que las ventas caen en picado.

Obviamente no vamos a revertir el proceso, una universidad es un entorno muy caro para tomar café y jugar al mus. Pero la interacción abierta entre las personas, la asistencia a seminarios, el mestizaje intelectual y las oportunidades para serendipias afortunadas no se pueden dejar desaparecer así como así. A ver qué se nos ocurre.

domingo, 6 de octubre de 2019

Champiñones donostiarras

Desde hace algunos años se celebra en Donosti un festival científico llamado Passion for Knowledge. Además de invitar a grandes científicos, muchos ganadores del premio Nobel, se incluye uns sesión de charlas de 10 minutos, charlas Naukas. Este año me han invitado a participar con una charla sobre algunos detalles de la fisicoquimica que hay detrás de cocinar champiñones al ajillo.

Además de subir al escenario del teatro Victoria Eugenia, y de compartilo con ilustres ponentes, graban las charlas. La mía está aquí.