La obsesión por privatizar no tiene la sólida base que pretenden. El plan de pensiones privado de los eurodiputados que quiebra y es "rescatado" con dinero público es un ejemplo de tantos. La introducción de la competencia y de agentes privados en las líneas de tren es otro ejemplo de cómo se han deteriorado, lejos de mejorar, el servicio ha empeorado. Pero lo peor de todo es que el bien social no es el óptimo económico, hay valores antieconómicos que preservar. Por ejemplo un cierto equilibrio territorial que mitigue la despoblación de todas esas zonas cada vez más agotadas. Y el bien social no económico se garantiza mucho mejor desde lo público. Quizá el ejemplo más sangrante (y nunca mejor dicho) de que determinadas cuestiones no funcionan en manos exclusivamente privadas es el de la sanidad que "disfrutan" los estadounidenses. Con el mayor gasto per cápita en sanidad no consiguen una esperanza de vida homologable a la de cualquier país civilizado. Y es peor hasta en los sectores más enriquecidos de la sociedad.
En muchos casos, la privatización de empresas o sectores que funcionaban razonablemente bien en manos públicas ha acabado convirtiéndose en un mecanismo de extracción: se privatiza el servicio que funciona, acaba arruinado al cabo de un tiempo y vuelve a manos públicas que han de tapar los agujeros, como en el caso inicial de los Eurodiputados (en este blog analizan unos cuantos casos más).
Cuando dices estas cosas te contestan que en la URSS las cosas acabaron mucho peor. Pero es que nadie pretende la estatlización completa de la economía, ni en China se anda en esas. Pero el razonable equilibrio entre los sectores público y privado hace mucho que está excesivamente en lo privado, y más que lo quieren llevar, algunos incluso con la ridiculez de la motosierra que está arruinando irremediablemente a su país. Por poner una referencia, me gusta el trabajo de Mariana Mazzucato sobre el papel del estado en el bien público. Lo interesante es un "estado emprendedor" que en vez de regalar el dinero a intereses ajenos, lo utiliza estratégicamente para mejorar soberanía y valores colectivos.
La obsesión privatizadora de la derecha, y más aún de la extrema, me parecen obsesiones ideológicas ridículas a estas alturas del conocimiento disponible.










