Se oyen voces que pretenden revivir el "impuesto al Sol", lo cual no parece una buena idea, especialmente viniendo de dónde viene, las derechas.
Los veranos tórridos y las danas destructivas se deben en gran medida a la quema de combustibles fósiles, así que nos urge dejar de hacerlo y para ello una gran medida es sustituir esas fuentes de energía por renovables. No sólo suponen un alivio a la emergencia climática, sino que evitan dependencias internacionales y hoy día resultan económicamente interesantes.
La transición de una energía basada en quemar fósiles a una renovable es de una necesidad extrema y urgente. Pero las personas que deben su fortuna al sistema a extinguir no están nada contentos con el plan. Países, empresas y personas que viven de lo fósil se ven enormemente amenazados por la sombra de esa transición. No es extraño que las derechas, tradicionales defensoras de esas empresas y personas y de mucho de los países también, opten por ese obstruccionismo renovable.
La transición debería hacerse de forma justa, sin generar abusos territoriales y con un reparto equitativo de los beneficios, que compense adecuadamente los sacrificios que requiera. Pero eso no debería ser excusa para alinearse con el obstruccionismo fósil. Quizá para conseguirlo pueda haber medidas impositivas adecuadas, aunque no creo que sea el caso viniendo de donde viene, pero en todo caso habría que leer el detalle de la propuesta para asegurarlo. Es una pena que la realidad no sea tan sencilla como algunas consignas de manifestación.










