Se publican hoy encuestas. Aterradoras en lo que al reparto de bloques respecta, aunque queda mucho partido, afortunadamente. Pero me interesa hoy la cosa de las derechas: cómo Vox no para de subir y como le va comiendo la tostada al PP.
Yo discutía mucho con mi padre, que en sus últimos años era muy del PP (procedente de la UCD pasando por el CDS), y aunque no coincidiéramos, es una derecha que entiendo. Entiendo los planteamientos económicos liberales, la moral católica y hasta la visión atlantista en lo internacional. No lo comparto, claro, pero veo ahí a personas que creen honestamente que el desarrollo de ese programa haría vivir mejor a la gente y que es lo que necesita un país próspero y moderno. En ese marco las desigualdades son naturales y necesarias, es el deseo de progreso de los que están más abajo lo que mueve al esfuerzo laboral. Pero esa derecha era totalmente anntinazi. Podía coquetear con que Franco no era tan malo, pero claramente un dictador y un régimen a evitar. Es la derecha legalizó al partido comunista sin ir más lejos. Más cerca en el tiempo, la que suscribía la transición verde y tantas políticas europeístas.
Nada que ver con el malismo, con "me gusta la fruta" o "que se jodan". Nada que ver con la prioridad nacional, con el odio al inmigrante, con el odio a lo LGTBIQ+. Nada que ver con el negacionismo climático o anitvacunas. La derecha extrema ha movido el esquema de las cosas de tal forma que hasta el Papa de Roma se les queda bien lejos a la izquierda.
Sin embargo, parece que una vez iniciada la carrera a ver quien dice la fachosidad más gorda, el PP no puede mantenerse en posturas sensatas, dónde quedó la democracia cristiana, y se lanza a perseguir los fascistas en una carrera que tiene perdida de salida.
Con la extraña excusa de que se ha ido demasiado lejos en ser buena persona y tratar con amabilidad a mujeres o colectivos minorizados, sea por el lado queer, discapacidad o pobreza, se impugnan todos los avances sociales y se retrotrae la discusión a los tiempos del tardofranquismo, que si la eutanasia, el aborto, la caza o la tauromaquia... Una guerra cultural absurda pero muy efectiva en la futbolización de la política. Es ese extraño mix de valores ridículos el que se adhiere a muchas identidades como arrancamoños a los calcetines. La derecha que fue sensata no encuentra discurso suficiente y se arruga ante su versión extremista y rinde su sensatez. Claro que entre lo genuino y lo arrastrado el votante lo tiene claro.
Habrá quien piense (y con cierta razón) que romantizo el pasado, pero prefiero estos Abascales hacen añorar a los Fragas...
Buscando ilustrar el texto he puesto "tonos de facha" en el buscador de imágenes y me ha salido esta maravilla que es la portada de un libro que no he leído.








