miércoles, 7 de enero de 2009

Burocracia, informática y complejidad

La gestión de la Investigación (y otros temas académicos) en España está llegando. si no lo ha hecho ya, a su máximo nivel de incompetencia operativa: proyectos de investigación de los que se libra el dinero acabado el plazo de ejecución, normas de justificación cambiantes a lo largo del proyecto, convocatorias que se anuncian y no salen y un larguísimo etcétera al que cualquier investigador podría añadir sus sufrimientos personales. La sensación de absurdo se multiplica cuando el interlocutor del proceso es una aplicación informática (por ejemplo la introducción de datos curriculares para la acreditación o de los planes de estudio para "verificar"). Sin embargo hay una ley de la naturaleza que nos asegura que el nivel de estupidez es aproximadamente constante en todos los colectivos: no es que en el Ministerio correspondiente o en la ANECA se hayan vuelto locos o que los investigadores sean mucho más listos. ¿Dónde está pues el problema?

En mi opinión hay dos causas de estos desastres burocrático informáticos, una más coyuntural y otra má fundamental. La coyuntural consiste en la hipertrofia del concepto de "calidad" y en la proliferación de pseudoexpertos en el mismo. Siendo cierto que en el mundo de la producción la ISO 9000 o el EFQM han supuesto unos avances tremendos, su traslación en bruto a los procesos administrativos, junto con vicios gremiales y la tendencia al gigantismo de cualquier organización, nos han llevado a unas agencias sobre la calidad académica que se han pasado algunos pueblos.

La razón fundamental está en la auténtica complejidad de los procesos. Complejidad en el sentido técnico (científico) de la palabra. Un proceso administrativo visto por uno de sus agentes es casi obvio, y se resuelve "por sentido común", es más "con un becario y un access, en unos meses lo tenemos niquelado". A otro agente también le parece evidente, pero una cosa muy distinta. Parece que, al menos, si se reune a todos los agentes y se les pide un consenso mínimo habrían de conseguirlo sin mucha dificultad... Nuevo error, la comunicación da tantas cosas por supuestas que es muy difícil conseguir la comprensión necesaria para alcanzar ese consenso mínimo (hay montones de ejercicios para comprobar esta dificultad). Hay alguna propuesta formal de solución (marco de Zachman) aunque también compleja...

Sería necesario asumir humildemente la complajidad intrínsica de determinados procesos administrativos y abordar su racionalización de una forma profesional y científica.

La imagen original de aquí.
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