miércoles, 27 de febrero de 2019

Discusiónes, sistemas complejos y economía

Hace tiempo que había renunciado a discutir sobre economía. Es una de las pocas cuestiones sobre las que no consigo aunar mis reflexiones y mis sentimientos con suficiente coherencia como para que alguna de las dos no salga trasquilada. Pero ahí queda, como elefante en la habitación de la conciencia, siendo eludido pero con una presencia permanente. En esto que te reúnes con buenos amigos, de esos muy inteligentes, y buenos espirituosos, de esos muy intoxicantes (o quizás deshinibidores). El caso es que ahí explotó la conversación y el elefante se removió soltando trompazos.

Intentaba construir un argumento "termodinámico", un modelo de caja negra, en el que olvidando detalles, sólo con ver lo que entra y lo que sale se pudiera sacar una conclusión relevante... "gentes sin casa y casas sin gente". Relevante es, pero no arroja ninguna luz sobre la dinámica de la situación, no es un razonamiento, solo muestra el sentimiento de desasosiego que produce ese desajuste. En el otro lado, en un análisis del mercado de la soja te van detallando sus evoluciones hasta que te sientes como cuando un matemático te acaba demostrando que 1=2, "Emosido engañado". Todo acaba en el sentimiento, mi intento de razonar y el de comprender el razonamiento ajeno.

En el momento la cosa quedó inconclusa; con esa acusación permanente, y muy fundada por cierto, de que los físicos, armados de una vaca esférica, entramos como elefante en cacharrería en cualquier disciplina pretendiendo dar lecciones. Pero de esas te quedas molesto, aparte de la discusión más o menos agresiva a veces (que la amistad y la intoxicación perdonan), está el que siguen sin cuadrar las cosas. Hasta que una mañana en esos momentos creativos que brinda la ducha se me apareció un atisbo de solución: pudiera ser un efecto secundario.

Los sistemas complejos tienen propiedades emergentes, y muchas de esas son destructivas para el propio sistema. Existe la vida y existe la enfermedad, no como cosas diferentes, sino como dos caras de la misma moneda. Llamamos enfermedad a vida que no nos gusta, la vida de virus y bacterias que nos infectan o la vida deformada de algún modo que nos produce sufrimiento, pero vida a fin de cuentas. La única manera de acabar con la enfermedad de una manera definitiva es acabar con la vida. Lo mismo pasa con la organización social y el delito. En grupos humanos de alta densidad solo se puede convivir estableciendo un sistema de normas bastante amplio. El propio establecimiento de las normas deja comportamientos al margen. Sólo en ausencia de ley deja de existir el delito. Las gaviotas no delinquen cuando una se come el pez que otra sacó del mar. En el gif que ilustra la entrada no hay movimiento circular, es un artefacto causado por puntos que se mueven en línea recta cada uno.

Pudiera ser que en el caso de la economía, lo que me produce sentimientos desagradables ("especulación", desajustes de mercado, etc.) sean los efectos secundarios de creaciones económicas como los mercados, el crédito, los mercados de futuros, etc. Pudiera ser que cuando discutimos sobre estas cuestiones los "críticos" (no sólo entre físicos) centremos la mirada en la cruz de la moneda y los técnicos (esos sí casi siempre economistas) estén deslumbrados por la cara. A fin de cuentas salvo que se ponga uno muy bizco es imposible ver a la vez las dos caras de la moneda. No me cabe duda de que la existencia del mercado y del crédito son estupendas. Si no tendría que vivir en una casa que me hubiera construido yo o bien que pudiera pagar a tocateja. Si vivo así de bien es gracias a esas creaciones. Quizá "casas sin gente y gente sin casas" es la enfermedad/delito de esas creaciones. Quizá no se puedan eliminar del todo sin volver a la edad de piedra (Marx no lo quiera).

Eso sí, hay ecosistemas más sanos que otros, vida más higiénica y sociedades más seguras que otras. Si el caso de la mis "monstruos económicos" fuera un efecto secundario de los sistemas complejos aún nos queda margen para la discrepancia y para la militancia. Igual que ducharse a menudo evita infecciones y votar a menudo corrupciones, habrá formas de actuar que optimicen la relación coste beneficio de ese sistema complejo recién llegado que es la economía. Me alegro de seguir teniendo discusión para próximas reuniones.

Dedicado a Pedro y María, magníficos anfitriones.

viernes, 22 de febrero de 2019

Fraude, salud mental y masculinización... Conecting the dots


Tratandose de ciencia sería necesario hacer estudios que lo confirmasen, pero observando determinadas tendencias de la ciencia actual aparece una hipótesis de forma inmediata. Los síntomas son:

- La mitad de las mujeres que se dedican a la ciencia la abandonan tras su primer hijo (ver en Nature)
- La salud mental de los estudiantes de doctorado es peor que la de otras personas de edad similar en otros trabajos estresantes (ver en Nature o en Science)
- El aumento del fraude científico, retracciones, irreproducibilidad, etc. (ver en Science)

Los dos primeros hacen referencia a los científicos como personas y el tercero a la ciencia como producto, como conocimiento generado. Este útimo ha generado su controversia y los estudios que hablaban de una aumento espectacular del fraude (de hasta 10 veces) hace casi 10 años se han puntualizado bastante, pero aún así creo que no hay duda de que hay un porblema de mala praxis científica significativo.

¿La cuasa común? Publish or perish, be highly cited or perish.

Lo malo de esa frase no es la parte de publicar o ser citado, sino el castigo por no conseguirlo de forma suficiente. La frase "publicar o perecer" la hemos leído muchas veces quizá sin pensar que el castigo para los que no llegan (llegamos) a pasar el listón es inmisericorde. No se trata de que no asciendas, tu sueldo suba poco, no consigas entrar en buenos proyectos... es "perecer", ser expulsado, abandonar la actividad.

En un momento histórico en que la ciencia es más importante que nunca (o tanto como siempre, pero seguro que no menos) no se puede exprimir a los científicos como naranjas de zumo. Bueno, sí se puede, pero lo que ocurre entonces es que muchos (y sobre todo muchas) abandonen, y en los que no lo hagan se resienta su salud mental o ética (o ambas).

Esta realidad se compadece muy mal son el llamamiento al "fomento de vocaciones STEM", un mantra cada vez más institucional y extendido... O quizá sí que se entiende, ya que no va a haber incentivos de verdad (sueldo, condiciones laborales apetecibles, etc.) tenemos que alimentar inventivos internos, "vocaciones". Que las personas sientan la llamada y se lancen a la tarea aun cuando no sea una opción racionalmente sensata. Claro que nadie de las personas que conozco que trabajan para aumentar el interés por la ciencia (y más aún en mujeres) lo hacen con esta visión tan malvada, pero sistémicamente es lo que estamos haciendo entre todos.

Quizá tendríamos que empezar a hablar del elefante en la habitación de la creación científica...


lunes, 7 de enero de 2019

La pospolítica de la posverdad

“Que no me vengan a mí con estadísticas” dice un político estos días. Sólo faltaba que la realidad pudiera quitar lustre a mis ideas. Ya no se trata de tener valoraciones y opiniones distintas sobre los hechos, sino de tener hechos alternativos. ¿Por qué no? ¡Que llamen a los filósofos! ¿De verdad hay hechos incontrovertibles? Aún más ¿Existe siquiera una realidad exterior a mi mente? Pues si no me puedes asegurar de manera definitiva la objetividad, mi fascismo no tiene contestación.

El pensamiento posmoderno le ha quitado la faja a los cerebros más morbosamente antisociales y ahí andan, haciendo pandilla, reforzándose mutuamente y marcando el tema de conversación de todos.

«En este Gobierno, la niña será princesa y el niño será príncipe. Nadie va a impedirnos que llamemos a las niñas princesas y a los niños príncipes. Vamos a acabar con el abuso del adoctrinamiento ideológico» dice otro político (1, 2). ¿Por qué causan furor declaraciones como estas? Parece que la realidad se ha vuelto demasiado líquida, hay Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales, etc. Lo peor de todo el “etc.”, esto es un sindiós en el que no hay manera de aclararse. ¿De verdad la realidad ha de ser tan líquida, tan complicada? Parece que hay quien ha encontrado la solución, era tan simple como usar los colores adecuados en el vestuario infantil: “Atención, atención. Comienza una nueva era. Los niños visten de azul, las niñas de rosa”.

Parece que los tertulianos (de ciertas tertulias, claro) no esperaban esta deriva de la posmodernidad y recurren a un supuesto poder adoctrinador infinito de las redes sociales para explicársela. Yo lo veo más sencillo, a la par qué más sistémico y mucho más peligroso: este neofascismo mundial inventa puertos seguros para ayudarse a navegar una realidad “demasiado líquida”.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Coger la horizontal

(Este artículo se publicó en Naukas hace unos días)

He pasado un par de noches consecutivas en un hospital, acompañando un familiar. No hace falta decirlo, me duele la espalda. Cervicales, lumbares, mal cuerpo en general. La gravedad es más molesta de lo que parece. El campo gravitatorio, al igual que la atmósfera, están presentes a nuestro alrededor desde que nacemos. Están tan continuamente ahí que no les damos importancia. El aire solo lo notamos cuando hace mucho viento y la gravedad… nunca conscientemente, o casi nunca.

En general todos mantenemos la postura sin esfuerzo, o al menos con naturalidad. Podemos estar de pie, sentados, andando. No nos damos cuenta de que mantener la postura requiere un esfuerzo activo de forma continua. No hay manera de mantener de pie un muñeco de forma humana, los soldaditos necesitan peanas, las “barbies” no se sostienen. Las figuras con forma humana no son estables, si conseguimos mantenernos de pie es porque estamos continuamente corrigiendo la postura, haciendo fuerza con los músculos de las piernas para compensar los desequilibrios. Por eso el simple hecho de estar de pie cansa.

Sentado se está un poco mejor, pero también hay que sujetar la cabeza, los brazos… no dejan de ser equilibrios activos. Corregir para mantener la postura requiere menos esfuerzo que para estar de pie, pero alguno apreciable. Esto se observa también en las películas cuando asesinan a alguien. Al morir, los músculos dejan de funcionar y se pierde la postura, si la pobre víctima estaba de pie cae y si estaba sentado se “desparrama” en el asiento.

Cuando dormimos profundamente nuestros músculos se relajan por completo, igual que las víctimas del asesinato de las películas. En esas condiciones es imposible mantener ninguna postura, se desparrama uno completamente. Y eso solo es posible si todas las partes del cuerpo están apoyadas sobre algo blando, no sometidas a fuerzas: una cama. Cada trozo del cuerpo debe estar apoyado en una superficie horizontal, perpendicular a las líneas de fuerza del campo gravitatorio. Esa es la condición geométrica en la que no aparecen fuerzas; si la superficie es inclinada, recordemos aquellos problemas juveniles de planos inclinados, siempre hay una fuerza que no se cancela.

Cuando no se duerme en una cama no se puede dormir con la misma profundidad, siempre quedan fuerzas pendientes y siempre debe haber músculos tensos para compensarlas. Mantener la postura en ese sillón de hospital hace que no se pueda dormir profundamente mucho rato, y el rato que estás lo haces con músculos tensos. Al final, has estado menos horas descansando y has tenido los músculos más tensos de la cuenta. Dicho de otra forma, dolor de espalda, mal cuerpo y sueño.

Ese esfuerzo mantiene los músculos tonificados y los huesos robustos. Aunque no vayas al gimnasio, solo mantener la postura en el campo gravitatorio terrestre ya supone un esfuerzo importante. Esfuerzo que desaparece al subir a la estación espacial internacional y permanecer en microgravedad. Por eso los músculos y los huesos de los astronautas “se reblandecen”. Han de hacer mucho ejercicio durante muchas horas al día para intentar compensar la falta de gravedad y que su sistema musculoesquelético se mantenga tonificado. Todo ese esfuerzo que en la superficie de la tierra se hace simplemente por mantener la postura, por estar.

Para apreciar la gravedad no hace falta caerse de una ventana, ni siquiera desde tu propia altura, tropezando y arañándote las rodillas, basta con intentar dormir en un hospital.

De estas cosas hablábamos en el último vídeo de ciencia en el bar…


martes, 11 de diciembre de 2018

Cacharrismoen COPE Navarra

Este curso académico estoy haciendo una colaboración quincenal en la COPE de Navarra. Menos de 10 minutos para comentar alguna cuestión científica. Hoy tenían de visita alumnos de un cole (el IESO de Aoiz) y la sesión ha consistido en enseñarles los "lacasitos de Voronoi" y los rayos que cambian de color (creo que de ambos experimentos hablamos ya en este blog). No deja de ser curioso hacer radio describiendo experimento visuales (con la inestmable ayuda de Alberto, claro). Espero que haya quedado bien, a mi me ha gustado mucho la sección.

Dejo a continuación enlaces al audio y vídeo

Audio

Vídeo

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Petricor y geosmina

Leyendo esas dos palabras tal cual ya nos imaginamos la primera en masculino y la segunda en femenino, el petricor y la geosmina. Si fuesen formas geométricas la primera más angulosa y la segunda con formas redondeadas (como las de la figura), son palabras con las que se cumple bien el efecto Bouba Kiki, descubierto en 1929. Ambas palabras derivan del griego. Geosmina significa olor a tierra, y petricor sangre divina de las piedras (“icor” es la esencia que corre por las venas de los dioses en la mitología griega, la sangre queda para los mortales).

En zonas áridas hay plantas que, en tiempo de sequía, exudan unos aceites cuya presencia retrasa la germinación de las semillas. Son unos mensajeros químicos que evitan que las semillas intenten germinar en situaciones en las que la vida de la planta se va a ver seriamente comprometida. Partes de estas plantas, arrastradas por el viento, dejan esos aceites sobre las rocas con las que rozan. El impacto de las gotas de agua en las piedras cuando concluye la sequía arrastra al aire las moléculas de aquellos aceites. El suelo se lava del mensajero que prevenía la germinación, y una parte de este pasa a estar suspendido en el aire, produciendo en los humanos el característico olor a lluvia. El conjunto de estos aceites es lo que bautizaron como petricor los geólogos australianos que los descubrieron. Se trata de una sustancia compleja formada por más de 50 moléculas distintas, que no se ha conseguido sintetizar artificialmente.

La geosmina es una sustancia química, una molécula producida por bacterias como Streptomyces, Penicillium y algunas cianobacterias que están en el suelo, en la tierra. Las bacterias segregan esta sustancia en la tierra húmeda, pero no (o muchísimo menos) cuando está seca. Esto se convierte en un indicador químico de presencia de agua, lo que diversos animales son capaces de percibir, indicándoles dónde dirigirse para beber. Son especialmente sensibles los camellos, que en el desierto del Gobi son capaces de encontrar agua a 80 Km de distancia, pero otros animales, incluso insectos, también son atraídos por la geosmina. Las bacterias obtienen un beneficio reproductivo del hecho de que distintos animales acudan a donde están ya que ayudan a dispersar sus esporas.

No encuentro demasiadas referencias a investigaciones sobre el petricor, en cambio la geosmina si es objeto de multitud de estudios. No es extraño, ya que su principal productora es una bacteria que produce varios miles de sustancias químicas, algunas de carácter antibiótico muy importantes para la industria farmacéutica. También es relevante porque la geosmina interfiere con otra industria potente como es la del vino, colándose como un aroma indeseable en ciertas ocasiones.

Sea por petricor, o sea por geosmina, parece que el “olor a tierra mojada” procede de sustancias que han sido seleccionadas por la evolución precisamente como indicadores químicos de la presencia de agua en entornos áridos, en los que esa información es importante (bien para semillas que deben germinar entonces o para animales que vayan a beber). Siendo así, no es extraño que la sensibilidad y capacidad de identificación de ese aroma haya sido importante en la historia evolutiva de nuestra especie. Un olor significativo en el nivel de la especie, no como el olor a invierno o a casa de la abuela que, de serlo, son importantes a nivel individual.

(Esta entrada continua la anterior sobre el "olor a invierno")

Algunos enlaces:
https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-642-87699-8_8
https://othernationsdotcom.wordpress.com/2013/04/28/earth-perfume-and-the-scent-of-rain/
https://www.terrapinbrightgreen.com/blog/2016/05/scentimental-associations-with-nature/

lunes, 19 de noviembre de 2018

Huele a invierno

Hoy no huele a nada. Hace frío y la sensación principal en la nariz es térmica: el aire frío que pasa por la garganta rascando un poco, las aletas de la nariz que se quedan heladas. Ayer a primera hora fui a un lugar en las afueras de Pamplona, al pie de unos montes, y olía a invierno. Hace unos días tuve por primera vez la sensación de olor a invierno (tuit)

Entras en el despacho y huele a invierno. Primer día que encienden la calefacción, el polvo que había en el radiador se "quema", evapora compuestos volátiles. Los mismos que todos los años. Moléculas que dispara el enorme poder evocador del olfato.

Desde entonces intento ser más consciente de mis sensaciones para ver con qué pueden tener que ver.

Parece que hay un marco explicativo claro. Lo que identificamos como un aroma, un olor, es la sensación que produce en el sistema olfativo un particular coctel de sustancias volátiles. Salvo que seamos personas entrenadas, el coctel lo percibimos en bloque, sin capacidad de analizar los elementos que lo componen. Las personas entrenadas son los catadores, que pueden oler un vino e identificar aromas más o menos individuales (almendra, frutos rojos, cítricos, madera, etc.) así como proporciones de cada uno y son capaces de razonar con ello. No es fácil, ni esos aromas del mundo del vino son realmente elementales, pero es un paso más allá de lo que podemos hacer la inmensa mayoría. Los no entrenados no apreciamos matices, nos huele a “casa de la abuela”, “a hospital” o “a invierno”, son percepciones integrales. Más que percepciones son asociaciones, el aroma percibido dispara en el cerebro la evocación de momentos similares en los que percibimos ese aroma, y si esos momentos similares tienen suficiente coherencia (son similares entre sí y diferentes de otros), los identificamos y les damos un nombre. Estas asociaciones, un poco irracionales y un poco burdas, resultan “muy poéticas”, recuerdan a su vez a la actividad de encadenar palabras por su valor emocional que es la poesía.

Parece ser que yo asocio “olor a invierno” con varios cocteles. Uno es el que produce el polvo que se tuesta en los radiadores cuando se enciende la calefacción después de muchos días (meses) sin usarse. Otro tiene que ver con la cercanía de bosques de hojas caducas (pero en determinado rango de temperaturas, en el entorno de los 10-15 C). Este año no lo he sentido, pero buscando “olor a invierno” en internet aparecen fotos de compotas de frutas, de canela y de jengibre. Seguro que hay otro “olor a invierno” en la cocina, aunque probablemente cada persona tenga una variante personal con sus peculiaridades.

Las moléculas que componen los cocteles responsables de un aroma proceden de algún lugar; en general son emitidos desde objetos sólidos. Por evaporación o algún otro procedimiento pasan a estar disueltas (o dispersadas) en el aire y llegan a nuestros receptores olfativos de esa forma. La existencia de unas moléculas u otras, la efectividad de su evaporación y su solubilidad en el aire varían mucho de unas situaciones a otras. Por eso es tan errático el paisaje olfativo que vivimos… bueno, salvo que lo forcemos poniendo en el aire una alta densidad de moléculas a propósito: quemando incienso, poniéndonos colonias, usando ambientadores, etc. Por cierto, qué curioso que a la dispersión de un aroma invasivo le llamemos “ambientar”.

En los procesos antes comentados que determinan los aromas naturales (disponibilidad de moléculas, evaporación y solubilidad), la temperatura juega un papel muy importante. Por ejemplo, la carne cruda o cocida huele de forma muy diferente a la que está en la plancha o en la parrilla. Las reacciones de Maillard, que se empiezan a producir por encima de los 150 C rompen las proteínas (moléculas grandes que no se dispersan en el aire apenas) en moléculas más pequeñas entre las que hay un buen montón de volátiles que sí son efectivas viajeras que llegarán a nuestra nariz sin dificultad. También el polvo de mi radiador era poco aromático, pero el calor del radiador rompió (o liberó) moléculas que si se colocaron en el aire. Del mismo modo, en la cocina, las temperaturas más altas de los fuegos llenan el aire con más efectividad de las moléculas que contienen los alimentos, algunas muy identificables: jengibre, canela, vainilla.

Supongo que mi olor a invierno de bosque procede de algún coctel derivado de restos vegetales, hojas medio descompuestas y cosas así, que liberan al ambiente unas y otras moléculas. Aunque puede que las moléculas disponibles sean las mismas, las que se dispersan bien en el aire cambian muchos con la temperatura, y a 25 grados eso huele a humedad, moho, tierra… algo que no es “invierno”. En cambio, a 10 grados la mezcla debe ser la que he respirado más veces en años anteriores y mi cerebro ha identificado con esa situación. Hoy, ya a 5 grados, si llegaba algo a mi nariz no producía una sensación apreciable, los termoceptores mandaban más que el bulbo olfativo.

Para terminar, no es extraño que llamen la atención especialmente los aromas que, en contra de lo habitual, son muy iguales para todas las personas. Mi olor a “casa de la abuela” es muy distinto del tuyo, pero el olor “a tierra mojada” es muy igual para todas las personas, todos lo percibimos más o menos a la vez, con claridad e intensidad. Seguiremos con el olor a tierra mojada en una próxima entrega.

jueves, 18 de octubre de 2018

Microscopios en Sangüesa

El 18 de octubre abrió en la casa de cultura de Sangüesa la exposición "El ojo electrónico". Es una colección de fotografías hechas con microscopio electrónico por Javier Vesperinas, el técnico de la UPNA que maneja dicho microscopio en el servicio de apoyo a la investigación. Son fotos muy curiosas de cosas cotidianes, granos de sal y de azúcar, la punta d eun bolígrafo o las alas de una mosca. Una muestra de lo que cambia el mundo cuando lo miramos a otra escala.

Me tocó a mí iagurarla con una breve charla sobre la historia de la microscopía, la propia exposición y, para no perder la costumbre, un poco de "cacharrismo" al respecto. Hicimos el microscopio consistente en poner una gota de agua sobre la lente de la cámara del movil (con un pastiquito para evitar dañarla, claro) y el del láser verde (ya contado con detalle antes).

Esta exposición viaja dentro del programa "antenas de la UPNA", un intento de extensión territorial de la universidad al territorio navarro más allá de Pamplona centrándose especialmente en lo cultural. Esperemos que funcione bien, esa extensión es muy importante (por contraposición con otras mucho más caras e inútiles). Asistió poca gente a la inaguración, pero lo pasamos fenomenal.

martes, 16 de octubre de 2018

Jornada sobre Aprendizaje-Servicio en la UPNA

El aprendizaje- servicio es una metodología docente en la que los estudiantes han de realizar un proyecto real con impacto social fuera del aula en el que se pongan en práctica conocimientos curriculares de la asinatura de que se trate.

Es una especie de cuadratura del círculo que, cuando ocurre, resulta maravillosa y gratificante para todas las partes, pero que cuesta de identificar y poner en marcha.

El 16 de octubre se celebró en la UPNA una jornada sobre el tema y me invitaron a contar brevemente mi experiencia. Ya en 2013 se celebró otra (ver aquí) en la que tenía más sentido participar, porque hacía cosas en aquel momento. Ahora fue más recordar los proyectos final de carrera que hacíamos con Tasubinsa. Pero por un conjunto de motivos aquello terminó.

De la jornada me gustó la ponencia inagural, de Pilar Aramburuzabala, describiendo lo que es el APS (ver notas en la figura), y algunas ideas sueltas que me llamaron la atención del resto de las ponencias (en su momento tuiteradas aquí):
  • que la universidad tiene que bajar de sus torres de marfil y llegar incluso al barro
  • que el APS se aproxima a veces demasiado al voluntariado (y a una acción social "misionera" un poco meh!); 
  • que la "tercera misión" de la universidad (tradicionalmente llamada extensión universitaria) requiere de un plan estratégico, en el que el APS encaja muy bien, pero entre muchas cosas más.
  • que la divulgación científica es un ámbito en el que desarrollar proyectos de APS, especialmente para asignaturas de ciencias básicas.
Fue una bonita jornada a la que tristemente asistieron muy pocas personas...


lunes, 8 de octubre de 2018

Subculturas e identidades

Leía ayer la columna de Juan Ignacio Perez "Hay una subcultura femenina y una masculina" y luego,  por azares de la serendipia, veo el capítulo (s2-e3) de Grace and Frnakie en que la pareja gay monta un "Drag Queen Bingo".

Esto me lleva a una conclusión que probablemente sea la lección 1 en estudios de género, pero que yo nunca había visto tan claro: el ocio que elegimos contribuye de forma sustancial a nuestra identidad, y en particular a nuestra identidad sexual.

Por eso hay una subcultura femenina y una masculina. Por eso los chicos que no disfrutamos con el futbol somos "frikis" (más o menos orgullosos de ello según hayamos podido gestionar esa peculiaridad); incluso sospechosos de homosexualidad (bueno, en el cole esa palabra era muy sofisticada, con "maricón" se apañaban mejor).

Hace años, trabajando en una empresa, los domingos por la noche veía Estudio Estadio (el programa que resumía los resultados de la liga) como parte del trabajo; tomaba apuntes, especialmente de los equipos de la gente de mi departamento. Era la única forma de tener conversación los lunes por la mañana, si no estabas fuera de juego (pun intended). Entonces no le daba más importancia, pero con los años me he acordado mucho de aquello. Y es que es un ejemplo en primera persona de como la presión de los pares hace que una persona ilustrada (que yo ya era doctor entonces y todo) se obligue a hacer cosas que no le apetecen en absoluto. El paradigma (subcultura o como le queramos llamar) ya estaba allí antes de que uno llegara, y te integras o eres marginal.

Afortunadamente la cultura, las subculturas (paradigmas y demás) no son estáticos, van cambiando. Y sobre ese cambio se puede influir de distintas formas. Por eso es importante la visibilización de los homosexuales (y de todo el espectro queer de sexualidades líquidas), de frikis, de personas que leen y demás minorías de una u otra forma marginales. Bueno, es importante si queremos que esa evolución vaya en la dirección de una cultura cada vez más inclusiva y abierta en la que más personas se sientan cómodas y nadie tenga que ver Estudio Estadio (ni hacer cosas mucho peores, claro). También hay gente insegura de su identidad que prefiere evoluciones culturales que refuercen los rasgos identitarios estigmatizando, incluso prohibiendo, toda expresión de la marginalidad...  mejor no acordarse de este tipo de movimientos y confiar (wishful thinking, I know) en que la historia los disuelva.