domingo, 13 de diciembre de 2009

Escándalos de base científica

Al final la gripe A era una gripe, como recuerda magistralmente El Roto hoy. Se montó un revuelo inaudito, los medios de comunicación abieron a diario con el virus H1N1 durante semanas, los 10 primeros muertos fueron portada, la mutación Noruega volvió a primera plana. Pero al final vemos que es un gripe, como la de todos los años.

El calentamiento del planeta y sus efectos forman el escándalo al que están intentando poner remedio los gobernantes del mundo reunidos estos días en Cpenhague. Pero ese calentamiento, ¿de verdad es un problema o estamos ante otra gripe? Pues es una duda enormemente razonable, más aún con el culebrón de los correos destapados (robados) a científicos muy relevantes, especialistas en el tema.

Sobre la temperatura a la que deja de ser superfluido el helio 3 no hay más discusión que la exclusivamente científica (en el más puro sentido de la palabra). En cambio sobre la temperatura media del planeta la discusión está teñida de politica (en el peor sentido de la palabra). La politización de la ciencia, o la cientifización de algunas cuestiones políticas, que también podría verse así, es un problema serio. Un problema serio especialmente para los científicos y su credibilidad.

Michael Crichton trata este tema en su penúltima novela: Estado de Miedo (2004). La historia es un poco confusa y poco realista (aunque como siempre entretenida), pero está muy bien documentado y al final hace unas declaraciones como "mensaje del autor" muy interesantes. Plantea abiertamente el problema de la politización de la ciencia y expone casos históricos en los que en nombre de la ciencia se hicieron barbaridades políticas espectaculares, particularmente en la eugenesia. El texto resultó muy polémico en si día (como se puede ver en la entrada de la Wikipedia), criticado por muchos científicos y ecologistas. Sin duda que no es texto que cierre el tema, pero si lo abre; lo deja magníficamente planteado en mi opinión.

No entiendo cómo no hubo una reacción más enérgica de los científicos (de los especialistas del ramo, se entiende) al escándalo mediático de la gripe A. Quizá algo hubo pero tuvo poca trascendencia. Con lo que cuesta ganar prestigio social para la ciencia, y lo necesario que es en una sociedad democrática y tecnificada en la que los ciudadanos han de decidir sobre cuestiones complejas, es un crimen perderlo por injerencias políticas o comerciales. Aunque más delicada e ingrata, es una lucha que tenemos que unir a la que ya se libra contra las pseudociencias y magufadas en general.
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