domingo, 20 de abril de 2008

Conspiraciones poco científicas

En el pensamiento científico racional, la teoría aceptada siempre es provisional, pero a expensas de ser sustituida por otra que explique mejor los hechos. La existencia de zonas grises no invalida la teoría, si acaso incita a estudiar el tema a ver si se aclaran o si hay que modificar la teoría. Sin embargo, a esas cuestiones abiertas se aferran algunos para invalidar las teorías "de la ciencia oficial" y proponer en su lugar todo género de alternativas imaginativas, quiromancias, homeopatías, astrologías o lo que más apetezca.

Lo mismo pasa con las teorías conspirativas. Es verdad que quizá nunca se fue a la luna, que a JFK lo mató la CIA y que el 11M lo organizaron unos venusianos maliciosos. Pero para demostrarlo no basta con señalar errores y lagunas en la teoría "oficial". Para aceptar racionalmente el cambio de paradigma se necesita una teoría que responda mejor a los hechos, a las pruebas.

Nos recuerda estos días un anuncio televisivo una frase famosa de Einstein: "Hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, y de la primera no estoy seguro". Coincido, sino en la infinitud, si en la inmensidad de la estupidez, mediocriad e inoperancia de la mayoría del personal. Por tanto no es nada extraño que se pierda la cadena de custodia de pruebas, que se laven restos y no se que cosas más. A mi me parece más racional atribuir esos errores a la estupidez que a la maldad organizada en tramas organizadísimas.

En todas las cuestiones socio políticas sobre las que existen dudas (y hasta teorías "alternativas"), yo necesitaría no pruebas de los errores en la "oficial" sino de la razonabilidad de la "alternativa". No se trata de sembrar dudas, sino de proponer alternativas con mayor grado de certidumbre, tanto en las teorías científicas como en las cuestiones de la vida pública.

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