jueves, 18 de junio de 2009

El largo camino de la calidad docente

Este curso académico que está concluyendo no se han hecho encuestas institucionales sobre la calidad de la docencia. Cuando acabó el primer cuatrimestre se comunicó que a final de curso se pasarían encuestas de los dos cuatrimestres, pero que se iba a hacer por un nuevo procedimiento web y que hacía fata un poco más de tiempo para ponerlo a punto. Quizá sea un impaciente y aún estemos a tiempo, pero los buenos estudiantes están ya de vacaciones...

Hace unos años hubo un importante escándalo en la UPNA porque se hizo depender la percepción de un complemento "de calidad docente" de los resultados obtenidos en las encuestas que rellenaban los estudiantes. El procedimiento no era inmediato, requería ser mal (muy mal) puntuado por diversos grupos de asignaturas distintas en dos años. La primera vez que se puso en práctica el sistema "suspendieron" algo así como el 8% del profesorado, o dicho de otra forma recibieron su complemento más del 90% del profesorado.

Casi todos los que no obtuvieron buenos resultados recurrieron a los tribunales y algo más de la mitad ganaron sus juicios. Ganaron por defectos de forma, el más "divertido" fue el de una persona que no había dado ninguna clase en el período evaluado, como el caso no estaba específicamente previsto en la normativa hubo que reconocer la calidad de un servicio inexistente (el derecho es a veces fascinante).

Es verdad que aquel sistema no incluía otras medidas correctoras como una fase de alegaciones (o autoevaluación) del profesor, u otras fuentes de información más objetivas que la opinión de los estudiantes. Pero a mi me sigue pareciendo fundamental que los proveedores de un servicio se esfuercen por satisfacer a los receptores del mismo. Hay una línea de argumentación que sostiene que el auténtico cliente de la enseñanza universitaria es el posterior empleador de los egresados, y que la satisfacción de ese cliente exige hacer sufrir al estudiante que, obviamente no queda "satisfecho", al menos a corto plazo. Creo que no es así, los estudiantes no son tontos y, en contra de lo que se dice a veces, no dan mejores puntuaciones a los que no les enseñan suficiente. En mi opinión es perfectamente compatible proporcionar una enseñanza profunda y exigente con hacerlo de forma que satisfaga las expectativas de los estudiantes y los deje contentos; de hecho es lo que hay que hacer.

En todo caso el camino que se inició con aquel procedimiento absolutamente innovador en la universidad española (que lógicamente laminó las posibilidades electorales de sus autores), tosco y con muchas carencias se ha ido modificando de forma que nunca nadie ha dejado de percibir los complementos correspondientes. La verdad es que para no hacer nada con los resultados mejor no hacer encuestas. Casi habrá que concluir que esa ausencia redundará en una mejor eficiencia de la actividad universitaria.
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