miércoles, 11 de noviembre de 2009

¿Industria cultural?

Leo en Público sobre los sistemas tecnológicos de evitación del espionaje, por parte de las protectoras de derechos de autor, de las actividades en internet que realizan los usuarios. Parece claro que en el mundo digital ya tenemos ecosistemas plenamente desarrollados en los que podemos observar procesos clásicos, como en este caso una "carrera de armamento". El artículo dice en un momento "los resultados dados a conocer la semana pasada son muy preocupantes para la industria cultural". Y ahí me he quedado dándole vueltas. ¿No es un oxímoron eso de "industria cultural"?

En los años 20 (del SXX, claro) mi abuelo Leopoldo aprendía a tocar el violín y le encataba la música, no se perdía ningún concierto que pasara por Valencia. Entonces para óir música había que ir a donde estuvieran los músicos. A lo largo de su vida fue disfrutando de los gramófonos, la radio, los pick- ups, la FM en estéreo, los tocadiscos de alta fidelidad, las cintas de casette... Su afición a la música se desvinculó de la presencia física de los músicos, y pudo disfrutarla de forma mucho más ámplia e intensa que nadie en los cientos de generaciones anteriores a él. Sus colecciones de "discos", en muchos soportes hoy ilegibles, cogen polvo en las estanterías de los nietos. El proceso ha continuado y hoy la disponibilidad de música es más ubicua y universal todavía. La tecnología ha permitido que muchas más personas disfruten de la música.

¿Y los músicos? Ahí el camino no es tan lineal, sino que ha sido de ida y vuelta. Cuando se podía escuchar a la filarmónica de Viena en FM estéreo en tu salón, ¿para que ir a pasar frío a la plaza oyendo a la banda de Burjasot (con todos mis respetos para ellos)? Los discos y la radio generaron una barrera de forma que sólo los elegidos (¿los buenos?) podían pasar. Al otro lado la difusión era mucho mayor que antes, pero muchísimos no entraban. Esa concentración del consumo de música en los canales industrializados creó las estrellas mediáticas: Sinatra, Elvis, Jako, Bernstein... Autores escuchados de manera global. Sin duda los que escuchaban a estos monstruos no iban al bar de la esquina a oír al grupito de su barrio. ¿Fomentó la cultura esa industria de la distribución musical? Sin duda fomentó el control de la producción, la concentración de la oferta y la rentabilización económica máxima de esa producción musical concentrada y controlada, pero ¿aumentó la creatividad? ¿Se le puede llamar industria cultural?

La continuación del avance tecnológico ha destruido lo que una vez permitió construir. La difusión de música por internet ha trastocado radicalmente ese modelo industrial de distribución. Pero en este nuevo modelo un creador local tiene un canal de distribución tan magnífico como la ex- estrella del rock. Y hay múltiples ejemplos de éxitos enormes sin industrial interpuesta. Volvemos al modelo de actividad de principios del XX del músico al escuchante directamente. ¿Ha disminuido eso la actividad creadora? ¿Es malo para la cultura?

A la vista de lo anterior concluyo que, históricamente, la anomalía fue la industrialización de la música, que generó una enorme concentración de la oferta y del dinero (grandes estrellas universales y fortunas obscenas). El mismo avance tecnológico que permitió que se pudiera producir la derriba ahora. Del lado del consumidor, del amante de la música, se ha producido un progreso ininterrumpido de mejora: más música, más disponibilidad, más calidad.

Comprendo que las personas que han hecho fortuna en el modelo de industrialización musical se aferren con uñas y dientes (con abogados y multas) al mismo, pero me extrañaría mucho que se pudiera parar el progreso con esas armas. Y lo que menos entiendo es que no haya ningún político del lado de los consumidores, y que todos estén del lado de la industria. Cuando las etiquetas "izquierda" y "derecha" tenían algún sentido era fácil de etiquetar.

Foto tomada de aquí
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