miércoles, 2 de septiembre de 2009

Régimen de brisas (y de costumbres)

Al sur de Valencia se extienden varias decenas de kilómetros de playa de arena fina, unos cuantos en la lengua de tierra que separa el mar del lago de la Albufera. La vida veraniega en esa playa está regida por el fenómeno meteorológico conocido como régimen de brisas.

A lo largo del día el mar apenas cambia su temperatura, mientras que la de la tierra cambia mucho. Durante el día el sol pega fuerte y la arena quema los pies, mientras que por la noche se enfría notablemente. De ese modo tenemos una parte del día en que la tierra está mas caliente que el mar (fundamentalmente de día) y otra parte en que es el mar el que está más caliente, la noche (por eso resulta tan agradable bañarse en el Mediterráneo por la noche).

El aire en contacto con la superficie caliente se calienta a su vez, pierde densidad y sube, asciende. El lugar que deja es ocupado por aire más frío, procedente de la superficie más fría. Ese aire que viaja de un lugar a otro es el viento, ese viento denominado brisa. Uniendo las dos ideas tenemos que habrá brisa en dos direcciones, cuando la tierra es la superficie caliente la brisa será de mar a tierra, y en el caso contrario (el nocturno) la brisa irá de la tierra al mar. En la Wikipedia hay una gráfica que lo muestra muy claramente.

En esas playas valencianas el régimen de brisas es intenso y regular; bueno, siempre que meteoros mayores (borrascas, etc.) no impongan otras condiciones. Al amanecer la brisa es de tierra a mar, lo que minimiza las olas dejando el mar como una balsa. Durante la mañana se va calentando la tierra poco a poco, igualando su temperatura a la del mar. En ese rato el viento es mínimo y el mar está perfecto: es el mejor momento de playa. Hacia la una la brisa cambia de dirección y el viento comienza a aumentar de intensidad. Hacia las dos hay que subirse ya a comer, y por la tarde, la mayoría de ls días la brisa es fuerte y levanta arena, lo que unido al aumento de las olas hace la playa mucho menos agradable. Por la noche se invierte el proceso: desde las 10 de la noche el viento es mínimo (lo que genera una sensación de bochorno muy molesta), invirtiéndo su dirección y comenzando a aumentar hacia la medianoche.

La reiteración día tras días de los mismos vientos a las mismas horas va generando unas rutinas de comportamiento que luego, aunque un día no sea así, se tienden a mantener. En esas zonas no se baja a la playa por la tarde y ya está.

Foto propia desde la terraza en que "sufro" el régimen de brisas.
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