domingo, 6 de septiembre de 2009

Abriguitos para las latas

Este verano he descubierto el interés de unos dispositivos, aparentemente ultrapijos, consistentes en un abriguito de neopreno para las latas de bebida. Estas fundas se venden sobre todo como regalo promocional, de hecho yo no las he visto en tiendas, sólo en catálogos de regalos promocionales.

Cuando se vive en una zona sometida al régimen de brisas, una de las cosas curiosas que ocurre es que el ambiente está siempre cercano al 100% de humedad. Al menos de día, en toda la fase del ciclo en que, como veíamos en el post del otro día, el viento viene de mar a tierra: el aire que está sobre el mar se carga con el 100% de agua que puede llevar disuelto.

Ese aire circulante cargado de humedad resulta agresivo. Cualquier pieza de hierro expuesta se oxida a una velocidad llamativa, la comida se arruina: el pan está chicloso, las galletas no crujen, los frutos secos se enrancian... La capacidad de humedecer y oxidar que tiene ese viento cargado de humedad es tremenda.

En cuanto se saca una bebida de la nevera, una botella o una lata, se empizan a formar gotitas de agua en su superficie. Como ya vimos otro día, la cantidad de agua que cabe disuelta en el aire cambia con la temperatura, y es menor en el aire frío; así el agua sobrante se "desdisuelve" formando gotitas. Como la humedad es mucha, esas gotas engordan enseguida, y escurren hacia abajo: los posavasos se hacen imprescindibles. Pero aparte de la incomodidad de que la bebida quede empapada por el exterior, ocurre que se calienta muy rápidamente. Como también vimos otro día (y es la clave del funcionamiento del botijo) la evaporación enfía, y la recíproca también es cierta: la condensación calienta. Así que toda ese agua que se condensa en el exterior de la lata le roba el frescor, la calienta.

Ahí es donde una buena funda de noepreno entra en juego. Al cubrir la superficie de la lata con una material muy aislante el viento no entra en contacto con la superficie fía del metal de la lata y no se condensa. No hay churretes de agua y no hay calentamiento acelerado. Excelente.

Es muy probable que esas fundas de neopreno no tengan un efecto significativo en el tiempo que tarda uno en beberse una cerveza en Soria o en Cáceres (*), pero en las franjas litorales sometidas al rágimen de brisas, la diferencia es muy significativa: merecen la pena.
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(*) Ejemplos cualesquiera de ciudades del interior, dónde la humedad del aire no se acerca al 100% casi nunca (solo días de niebla en invierno en los que no apetece la cerveza fresca).

Aunque he utilizado fundas de estas (promocionales con motivos náuticos), no les hice ninguna foto, con lo que la figura la he tenido que copiar, de aquí.
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