domingo, 8 de marzo de 2009

Cyrano y el Messenger

La dicotomía entre la palabra y la imagen es un clásico. Seguramente en Cyrano de Bergerac es dónde más claramente se muestra: uno pone la cara y otro los poemas, y es entre los dos que enamoran a la dama. Luego la cosa se pone moral y, puestos a elegir, prima la poesía sobre la belleza física; pero vamos, el resumen es que para conformar un galán ideal se reunen dos mitades.

La vida digital actual, especialmente de los adolescetes, plantea una suerte de Cyrano inverso: cada indivíduo vive los dos elementos de la dicotomía separados en ámbitos diferentes. En el instituro, a cara descubierta, hay que lucir peinado, camiseta del grupo preferido, calzado de marca, etc. y hablar lo menos posible. La comunicación verbal se reserva para el Messenger, tecleando enfebrecidamente desde la intimidad del domicilio.

En la adolescencia de mi generación era el teléfono el dispositivo tecnológico reciente que enloquecía a los padres: "no gastes dinero en tonto hablando con el compañero/a con quien pasarás horas mañana en el instituto". Hay una clara similitud en cuanto a la incorporación de la tecnología que haya disponible para potenciar la comunicación (y en la incomprensión de la generación anterior). Pero también hay una diferencia clara: entonces la tecnología era un refuerzo de la comunicación física, mientras que ahora es un sustitutivo. Yo no decía por el teléfono cosas que no fuera capaz de repetir a la mañana siguiente, mientras que mis hijos chtean enloquecidos con compañeros a los que, en el mundo real, apenas dirigen la palabra.

Me gustaría poder concluir conclusivamente (valga la obviedad), pero temo que habrá que dejar pasar el tiempo. Habrá quien diga que ese desdoblamiento producirá una generación de esquizofrenicos o de inadaptados sociales o algún tremendismo parecido. No lo creo, pero en todo caso habrá que estar al tanto.
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