martes, 26 de agosto de 2008

Propiocentrismo educativo


En una de esas cenas veraniegas, llenas de familiares variados, va y surge el tema de la educación; la indignación por la incultura de los jóvenes actuales. Fijándose un poco resulta que la defensa de más contenidos en geografía procedía de una geógrafa, la de los idiomas de un filólogo, y la de la tecnología de un ingeniero. Resulta que cada uno está especialmente preocupado por su tema, y más concretamente por los contenidos exactos que en su día estudió. Creo que la raíz del fenómeno está descrita en psicología y le llaman "anclaje".

Se abre paréntesis. Aquí pasa un buen rato porque no me parece serio dejar la cosa así tan en el aire, así que aprovechando la potencia de internet (empowered by Google) descubro: Que el "Efecto de anclaje" fue estudiado en 1974 por Tversky y Kahneman en un experimento que resulta clásico, que esos resultados se aplican exténsamente en economía, y hasta en derecho; de hecho, a Daniel Kahneman, psocólogo evolutivo, le dieron el nobel de economía en 2002 por sus contribuciones en estas cosas. Se cierra el paréntesis.

Una vez documentada más académicamente la observación vacacional aparentemente intrascendente, me queda muy claro cual es uno de los orígenes de las habituales broncas a la hora de confeccionar planes de estudios: por efecto anclaje de los participantes (en el mejor de los casos) ¿como vamos a estudiar menos de lo que yo estudié en su día de X? (sustituyase X por la materia que está defendiendo el interlocutor en ese momento). Como por otro lado el avance del conocimiento es innegable, la cantidad de contenidos aumenta sin cesar. Como el tiempo y capacidad de que disponen los estudiantes es limitado, los planes de estudio van derivando en un irreal absurdo progresivamente mayor.

Ahora que vamos a abordar (de hecho ya se está haciendo) una reforma de planes de estudios integral, por aquello del EEES, quizá fuera bueno preparar un cursillo para los participantes en las comisiones en el que se contaran cosas como el efecto anclaje, o lo bien que ha sobrevivido la humanidad tras eliminar la retórica de los planes de estudios tras siglos de persistencia.
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