martes, 12 de abril de 2011

Tal día como hoy hace 50 años

Yuri Ggarin realizó el primer viaje espacial tripulado de la humanidad. Conmemorando la fecha se están publicando entradas en todos los blogs de divulgación científica que se precien (y que son muchos). Ante mi imposibilidad de decir nada original al respecto, mi participación en la fiesta va a ser un poco alternativa.

No puedo evitar que la imagen del héroe me recuerde la del cantante del trololó, ese vídeo viral que llevó al éxito una absurda canción décadas después de su lanzamiento. En un primer momento he temido comentar este parecido, no parece propio de una conmemoración... o precisamente lo contrario. Lo que se celebra es un hito científico y tecnológico, y en ciencia no hay deidades, nadie queda al margen del sentido del humor. No vamos a caer en la contradicción de crear en este ámbito figuras sagradas que requieran un tratamiento especial. Supongo que cuando se convoca una procesión atea (como la que está creando tanta polémica estos días) es más para poner de manifiesto el absurdo de las devociones que para exaltar realmente la devoción del ateísmo. Inventar dioses o himnos ateos son bromas con las que desdramatizar la reverencia y seriedad que pretenden exigir las religiones. Que nos sirva el recuerdo de la inmensa gesta de salir de la tierra por primera vez para reflexionar sobre el valor de la ciencia, pero sin mitificaciones excesivas.

Con Gagarin comenzaba la era espacial, una era que acaba de pasar su penúltima página de gloria con la jubilación de los transbordadores espaciales. En estos 50 años ha dado tiempo de ir a la luna y de crear una teoría de la conspiración que lo niega (y que cuenta con un increíble arraigo popular). Ya no quedan héroes con nombre propio ni proyectos a corto plazo que despierten pasiones. Sólo los más frikis disfrutamos con los destellos de los satélites Iridium o la Estación Espacial Internacional. Los aviones comerciales supersónicos (el Concorde) y las centrales nucleares (tan de actualidad tras el accidente de Fukushima) son tecnologías cuyo despegue coincidió aproximadamente con el de la era espacial y que también están en proceso de desmantelamiento más o menos rápido. Parece que la cresta de la ola ha dejado atrás las tecnologías basadas en la física, a la que ya sólo le quedan en el imaginario colectivo la titánica búsqueda del bosón de Higgs y la eternamente pospuesta promesa de la fusión nuclear. Ahora los avances científicos rompedores parece que se han desplazado a la biología: la clonación, la oveja Dolly, las células madre, la resonancia magnética  funcional y la cartografía de la operativa del cerebro...

El cincuentenario del viaje de Gagarin, del que se muy poco como personaje histórico, me ha servido para recordar la falta de carácter sagrado de las figuras de la ciencia, y para hacer un repaso de trazo muy grueso de la evolución de la misma en este período, notando como hay tecnologías que caen en el desuso mientras la ilusión se desplaza a otras.
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