domingo, 3 de abril de 2011

Más globalizados de lo que creemos

Se publica ahora un estudio detallado de los productos radiactivos que se detectan en la bahía de San Francisco. La semana pasada se medían también en varias estaciones de protección radiológica Españolas datos de contaminación de la planta Japonesa. Por supuesto que las cantidades de material radiactivo son ínfimas y los posibles efectos sobre la salud humana o el medio ambiente indetectables. Sin embargo, la existencia de estos datos permite una reflexión interesante.

Sabemos que esa contaminación radiactiva viene de Fukushima porque no hay fuentes alternativas de contaminación radiactiva, afortunadamente. La medimos porque la tecnología de medida de la radiactividad está muy desarrollada y se detectan con facilidad cantidades mínimas; y también porque hay redes de protección radiológica que vigilan el entorno de manera rutinaria. Además los isótopos radiactivos son diversos y se pueden estudiar por separado, lo que permite unos niveles de análisis mucho más detallados que para otros contaminantes. Y por supuesto, se miden estos valores porque la contaminación se extiende por toda la atmósfera y alcanza, en mayor o menor medida, a todo el planeta.

Cuando se produce un derrame de petróleo de en mar, cosa que ocurre mucho más a menudo que los accidentes nucleares por cierto, la contaminación también se esparce globalmente. No es fácil detectar en Málaga hidrocarburos procedentes del derrame del golfo de México, pero no porque no estén, sino porque los procesos de detección no son tan finos como en el caso nuclear. Y no digamos ya cuando hablamos de contaminación gaseosa: el CO2, y los demás gases procedentes de la quema de combustibles fósiles se esparcen por el planeta entero. Hoy la gasolina es "sin plomo" porque el plomo que llevaba la gasolina antigua se acumulaba en el hielo de los polos. Los propelentes de los desodorantes (y otros espráis) de hace unos años se acumulaban en la estratosfera, a más de 15 Km de altitud. Esto lo sabemos porque allí está la capa de ozono, y se ve seriamente afectada por esos gases propelentes (también usados en los circuitos de refrigeración de neveras y aires acondicionados antiguos).

En 1883 el Krakatoa, un volcán situado entre Java y Borneo, entró en erupción de forma explosiva lanzando a la atmósfera cantidades ingentes e ceniza. Estos materiales envolvieron a toda la tierra en unos meses, y permanecieron apreciablemente durante varios años. Esto dio lugar a unas puestas de sol maravillosamente coloridas, lunas azules, y alteraciones en el clima del planeta con descensos térmicos que se cifran en 1,2 grados centígrados.

El planeta es más pequeño de lo que pensamos habitualmente, la contaminación viaja por el aire y el mar alcanzando a todos los rincones en mayor o menor medida. De momento se va tragando todos los vertidos y se diluyen hasta casi no notarse, pero es inevitable que esa capacidad de dilución se vaya saturando. Tiene toda la pinta de que el primer contaminante cuya acumulación a escala planetaria se empieza a convertir en problemático es el CO2 y demás gases de efecto invernadero.
Publicar un comentario en la entrada