sábado, 2 de octubre de 2010

De huelgas y emprendedores

El jueves (30 de septiembre) tuvo lugar un acto de promoción del espíritu emprendedor en la escuela de ingenieros de la UPNA. La sala estaba a reventar. Muchos estudiantes interesados en la narración de la experiencia de individuos exitosos en la creación de negocios, especialmente de internet, pero también muchos profesionales de otras empresas, lo más granado del tuiter navarro. En los pocos minutos que pude asistir escuché la pregunta clásica: ¿emprendedores o empresarios?

Visto desde fuera no hay diferencias significativas entre las dos palabras, sin embargo los afectados abominan de la palabra "empresarios", y se esfuerzan en analizar diferencias. La mayoría de esas diferencias, si no todas, son subjetivas: sentimientos, objetivos, ilusiones, compromiso, convencimiento...

El día anterior (29 de septiembre) tuvo lugar una convocatoria de huelga general, que tuvo un seguimiento anecdótico en la UPNA. En el aulario si debió notarse, se oían desde fuera las sirenas de los piquetes, pero en despachos, laboratorios y salas de reuniones ni siquiera se hacía mención a la huelga en medio de la actividad cotidiana. Como no era una conferencia, en este caso la pregunta no la escuché planteada con la misma claridad, pero podríamos haberle preguntado a profesores y estudiantes si se sentían "trabajadores" (o pero aún "obreros"). Sin duda abominarían igualmente de ambos términos.

En terminología marxista el análisis es claro: estamos "desclasados". Nadie se siente ya parte de un colectivo y menos aun de una "clase social". En la sociedad del conocimiento no hacen falta grandes capitales para iniciar negocios, sino ideas afinadas. Es razonable que el que pone en marcha una actividad empresarial de este tipo no se sienta "empresario", termino ligado a "capitalista", el que aporta el dinero para poner en marcha la idea. Del mismo modo, los que trabajan con el emprendedor en la nueva idea no se sienten "trabajadores", "empleados" u "obreros", sino más bien colaboradores, compañeros o hasta socios. En ese entorno lo que importa es hacer, plantear con agilidad, inteligencia y empatía y resolver problemas del cliente. Y todo el aparataje empresarial tradicional es una rémora burocrática que dificulta el proceso; y dentro de ella los temas laborales (contratación, convenio colectivo, despido) de los peores.

Seguramente la sociedad del conocimiento, la del siglo XXI va por esos interesantes derroteros. Por eso resulta tan anacrónica la figura de los sindicatos, la de los empresarios y la de los trabajadores. Ahora todos somos emprendedores. Me encantó la apropiación del concepto de un empleado de alto nivel que se denominó "intraemprendedor". Yo también prefiero mucho más intraemprendedor que funcionario, dónde va a parar.

Por otro lado ocurre que seguimos necesitando universidades y ayuntamientos, centrales eléctricas y recogida de basuras, coches producidos en cadena e hipermercados. Aunque la mayor parte del empleo está en pequeñas y medianas empresas (que van cada vez más hacia la sociedad del conocimiento) siguen existiendo grandes empresas que mueven la mayor parte de la facturación. Trabajando en éstos sitios no es tan fácil sentirse emprendedor (ni siquiera "intra") e ir contento cada mañana al curro. Es importante sentirse parte de algo y saber que si te rompes un brazo tendrás derecho a una baja laboral y no te despedirán. Ese contratiempo no hay forma de tornarlo oportunidad a fuerza de pensamiento positivo, o estás protegido o te irá mal.

A ver como conseguimos avanzar hacia la sociedad del conocimiento de una forma cohesionada, sin dejar atrás una parte importante de la sociedad. Incluso a los autodesclasados hiperegoistas que esperan que los demás hagan por ellos para sentirse parte.

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Por cierto, vuelve a ser interesante como ejercicio de sociología salchichera buscar en google imágenes empresario y emprendedor y apreciar la diferencia a simple vista.

La imagen es de aquí
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