jueves, 7 de octubre de 2010

Convivencia en la UPNA

Esta entrada está especalmente destinada a celebrar una acción conjunta de la blogosfera (de una parte importante al menos) sobre la convivencia, por iniciativa de Senovilla y Angel Cabrera.


Hace unos meses comentábamos sobre una serie de noticias en las que se denunciaba la supuesta tolerancia de las autoridades académicas hacia altercados organizados por los de siempre (ver aquí y aquí). Ahora, olvidado el tema candente y con las aguas políticas adecuadamente encauzadas se puede dar una vuelta a la estas cuestiones con más serenidad.

La Universidad Pública de Navarra, como la mayoría de las universidades, es un espacio abierto a la comunidad universitaria y a al público en general. Un espacio destinado a desarrollar sus funciones de docencia, investigación y promoción de la cultura en el que no hay restricciones o controles de acceso. El día a día en ese entorno es agradable y cómodo. La autorregulación individual, las buenas maneras de los miembros de la comunidad universitaria, como sería de esperar por otra parte, son el motor de la convivencia cotidiana. Varios miles de personas comparten aparcamientos aulas y pasillos en perfecta armonía.

Vale, vale, pero esta pintura idílica de la convivencia en el campus seguro que tiene borrones, ¿dónde están? Pues hagamos un poco de autocrítica y busquémolos:

1.- Los aparcamientos de un campus los usan algunas personas por la noche para celebrar reunioncillas y festejos varios, para exhibir coches tuneados y para consumir comida basura. No son actividades que generen mayores problemas de convivencia salvo por la estúpida costumbre de dejar la basura por medio; un acto de rebeldía en tono muy menor pero incómoda.

2.- Los mismos aparcamientos los usan, por las mañanas, personas que no son miembros de la comunidad universitaria y que encuentran en ellos las plazas gratuitas que escasean desde que se extendió la zona azul hasta las proximidades del campus.

3.- En las épocas de exámenes la biblioteca recibe más personas buscando un ligar en el que estudiar que plazas tiene. Esto obliga a verificar la pertenencia a la comunidad universitaria para poder acceder.

4.- De vez en cuando, entre dos y seis veces al año, tienen lugar campañas organizadas destinadas a perturbare activamente la convivencia cotidiana con la intención de ganar notoriedad para determinadas ideas políticas. En estas campañas participan unas pocas decenas de personas (en parte universitarios y en parte no) que en actitud intimidante entran en aulas y salas de estudio, dan portazos y gritan, insultan y hacen ruido.

El orden en que he relatado estas perturbaciones de la convivencia tiene que ver con la frecuencia en que me han molestado a mi personalmente. La intensidad de la molestia no es la misma, sin duda, pero en los últimos 7 años solo en una ocasión he sufrido una intromisión de las de finalidad política. Creo que considerar estas intromisiones en la actividad académica tan relevantes como la basura que ensucia el aparcamiento es lo mejor que se puede hacer por su final. Una inmensa mayoría no puede ver perturbada su convivencia por el abuso de unos pocos, pero la mejor manera de conseguirlo es evitando la sobre-reacción, y desde luego no sacrificando la apertura y permeabilidad que alegran el día a día. Cuando un atún ataca un banco de sardinas estas se desplazan ligeramente, el banco se abre y el atún falla en bocado. Sigamos siendo sardinas libres en el mar abierto.
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