
Ya puestos, estarás 3 horas cautivo en un recinto especial en el que mis colegas (otras empresas "orientadas al cliente") han dispuesto un montón de “servicios” a tu disposición. Una cerveza cuesta dos veces lo que en un bar de la calle, 5 veces lo que en el supermercado, pero estás cautivo, no puedes salir. Bueno, en realidad si puedes, pero entonces para volver a entrar te has de enfrentar a la máquina de humillación masiva que es el control de acceso con todas sus medidas de hipotética seguridad. Durante un par de minutos (si tienes mala suerte muchos más) los derechos civiles se te suspenden. La arbitrariedad de unos guardias jurados con el conocimiento justo para pasar el día interpreta unas normas absurdas y te hacen tirar el jabón de afeitar porque aunque está casi agorado el paquete, en el se lee que originalmente contenía 300 ml y el máximo permitido son 200.
Entre un servicio y un timo hay un recorrido continuo sin fronteras definidas. Entre un cliente y un primo todo es cuestión de grados. Y aquí estoy yo haciendo el primo, perdiendo el tiempo por culpa de unas “políticas de empresa” que aunque perfectamente legales y legítimas son de una moralidad nula. No me extraña que los “emprendedores” intenten alejar su imagen todo lo posible de estas grandes empresas timadoras. Ya veremos lo que les queda de ese espíritu de infinita comunión con el cliente de que alardean si el tiempo les pone en una posición de fuerza como la que padezco yo hoy.
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Al final llegué, con más aventuras aún, pero que no vienen al caso del argumento que aquí me interesa...
Al final llegué, con más aventuras aún, pero que no vienen al caso del argumento que aquí me interesa...
1 comentario:
¡Cuánta razón llevas! Otra cosa que no entiendo: si penalizan un cambio de vuelo ¿cómo puede ser posible que un vuelo esté sobrevendido? Aunque esto te daría para muchos post más. Y la T4 es, exactamente, una jaula.
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