martes, 6 de octubre de 2009

La inteligencia y su cultivo

Llevo años harto de escuchar a los profesores quejarse de que su materia prima, sus estudiantes, es progresivamente peor: no valoran el esfuerzo, no centran la atención, tienen carencias en la formación previa, etc.

El análisis más naïf de esa sensación pasa por culpar al nivel educativo anterior. Esa simpleza la desmontaba una amiga, por iteración, culpando a los ginecólogos por traes al mundo semejantes zotes.

Paradójicamente me encuentro con el hecho de que el CI (cociente intelectual) de la población aumenta de manera generalizada con el tiempo. Las sucesivas generaciones son más inteligentes que las anteriores, a razón de un nada despreciable 3% por década. Este hecho, que resultó muy controvertido cuando se planteó, es hoy aceptado de manera general por psicólogos y neurofisiólogos, se conoce cono "efecto Flynn" y se puede consultar mucha literatura al respecto (ver, por ejemplo: wikipedia y genciencia I, II y III, así como las referencias allí indicadas).

La veracidad del efecto Flynn no está en discusión, pero su causa si. Causas más obvias como la mejora de la alimentación y similares se pueden demostrar experimentalmente como no relevantes, quedando como candidata mejor posicionada la que atribuye el aumento en la capacidad de resolver problemas, razonamiento abstracto y reconocimiento de patrones al aumento de la complejidad del entorno. Los jóvenes de hoy se enfrentan a un mundo con muchas fuentes de información y estímulo, un entorno mucho más variado y complejo que hace décadas; no es nada absurdo pensar que ese aumento de estimulación en la etapa formativa sea el que está detrás del observado aumento del CI.

Hace años, trabajando con los ciegos de la Escuela de Fisioterapia de la ONCE en Madrid llegamos a una conclusión análoga. Poníamos a ciegos y videntes con los ojos tapados a dibujar (en relieve) ángulos rectos. Los videntes se equivocaban poquísimo, mientras que los ciegos hacían ángulos desde 70 hasta 120 grados. Investigando estos resultados constatamos que los ciegos ven (perciben) ángulos rectos unas pocas decenas de veces al día (cuando tocan una esquina, un paquete de tabaco, etc.) mientras que un vidente ve cientos de miles diariamente (cuadros, folios, ventanas, .... el mundo está lleno de ángulos rectos). Si en vez de una situación tan de laboratorio vamos a la vida diaria, hasta la telebasura genera unos niveles de estimulación y exposición a situaciones complejas que un joven en los años 20 no percibía más que una o dos veces en su vida.

Volviendo al comienzo, ¿cómo se concilia la percepción de los maestros con el efecto Flynn? Mucho me temo que la diferencia generacional entre unos y otros es crítica en los tiempos que estamos viviendo, "exponenciales" en lo que información se refiere. Los alumnos, en promedio más inteligentes que sus profesores, son mucho más eficientes en el manejo de la tecnología y en la capacidad de navegación por el difuso mundo del exceso de información. A los profesores (de todos los niveles, que no estoy excluyendo el mío ni mucho menos) nos cuesta seguir el ritmo, nos asusta en muchos casos, y nos aferramos a modos de conocimiento más lineales y estructurados. Es decir, no sacamos partido de esas capacidades que traen nuestros estudiantes, y hasta las percibimos como negativas.

En estos tiempos, un libro de texto es un atraso (además de algo caro, y pesado de acarrear) respecto de las posibilidades existentes (ver, sobre la digitalización de textos en El País de hoy). Pero por otro lado es obvio que el inevitable salto al mundo digital, los profesores no quieren participar. Se hacen estudios sobre cómo el aumento del número de ordenadores no incrementa el éxito académico, claro que es un éxito en exámenes puestos por quienes no los usan. Se reidiculizan las iniciativas políticas para revertir la situación y se elude participar activamente en los cambios que se requieren (I y II).

Mi descubrimiento personal del efecto Flynn me lleva a pensar que el cultivo de la inteligencia que es la educación requere una reconsideración mucho más profunda aún de lo que creia. Y en esa reconsideración, los usos y costumbres de los profesores en activo (empezando por mi) temo que son una rémora.

Imagen tomada de aquí

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