lunes, 16 de septiembre de 2013

Gráficas malas y peores

La gráfica de la evolución de la inversión en I+D+i, la de arriba en la figura, nos ha dado ya para dos comentarios: sobre la inercia en investigación y sobre el nacimiento y declive del sistema español de I+D. Para terminar la serie, merece la pena comentar también sus aspectos formales. 

La verdad es que no es una gráfica muy buena. Por algún motivo que desconozco parece que dibujar de forma expresa el eje vertical se ha pasado de moda. Disfuncional moda si en efecto es así. Como sí se dan los valores de cada punto, se puede reconstruir el eje mentalmente, más o menos. No es fácil saber si el eje comienza en cero, aunque lo más probable es que si.

No hace mucho la televisión pública publicaba una gráfica que generó una intensa reacción (ver por ejemplo en The Functional Art), y no sin razón. Aquí no solo está desaparecida la escala vertical, la horizontal también. Como en el caso anterior hay datos como para reconstruirla mentalmente, pero entonces es cuando más "sorprendente" resulta, por decirlo de un modo suave. Tanto el eje x como el y son tramposos. Aquí parece obvio que la elusión no es una cuestión de moda, aunque se beneficie de ella), sino de falta de honestidad intelectual. La magnitud representada, el paro, tiene un componente estacional, con lo que lo lógico es presentar un año entero, de forma que se pueda apreciar dicha estacionalidad. Pues eso no ocurre: error en eje eje de tiempos, el x. Por otra parte, a partir de los dos números que se ofrecen podemos estimar por dónde andará el origen de coordenadas... algo por debajo del suelo si la imagen está proyectada en una televisión típica. Error en el eje de ordenadas. Estos errores no son inocentes: esta gráfica errónea da una impresión visual de bajada significativa, impresión que no se corresponde con la realidad de los datos. Si se toma un año entero (ver aquí) no solo no hay bajada, sino que hay subida, esos 4,69 millones de parados de agosto eran 4,58 un año antes. Por otro lado, en el otro eje, cuando se representa la bajada desde cero resulta imperceptible (ver por ejemplo aquí, o más exagerado aún). Los datos, por tanto, ni presentan una bajada en un periodo comparable, ni la bajada estacional es significativa. Luego la gráfica transmite un mensaje totalmente contrario al de los datos que se supone que representan. Es una tergiversación, una mentira. Y las mentiras en lenguaje gráfico son tan lamentables o más como en el léxico.

Las reglas son muy sencillas: colocar el eje vertical explícitamente e indicar claramente dónde se encuentra el cero de la variable. Con eso se evitan dificultades de interpretación y, más aún, interpretaciones torticeras.

Por cierto, una gráfica impecable para mi gusto con datos equivalentes al gasto en I+D es la primera del post antes citado (ver). Es verdad que da cierta pinta de antigua (y lo es, de hace 17 años concretamente), pero su calidad informativa es innegable, y en mi opinión ese es el valor supremo en las gráficas, y lo sigue siendo aunque les cambiamos de nombre y les llamamos infografías.

viernes, 6 de septiembre de 2013

De nuevos Amish y electrofobias

Una pareja de canadienses con hijos pequeños ha decidido vivir como en los años 80, en 1986 para ser exactos. Lo cuentan en Cooking Ideas. Visto que sus hijos hacían un uso de la tecnología actual que les resultaba excesivo, no se han andado con paños calientes. Fuera móviles, internet, ipads y esas fruslerías y a disfrutar con las cintas de casette y las televisiones de rayos catódicos.

No es el primer momento en la historia en que los avances tecnológicos producen esa sensación de "que se pare el mundo que me quiero bajar". Seguramente el caso más pintoresco es el de los Amish, una variante de los protestantes Menonitas que rechaza el uso de la tecnología posterior a la revolución industrial. Por cierto, que es un movimiento que está aumentando mucho en número de adeptos en los últimos años.

Parece que tenemos una dualidad entre la fascinación por lo nuevo, esa que lleva a los expertos en marketing a que todos los detergentes sean sistemáticamente nueva fórmula, y el temor a lo que no ha sido sancionado por siglos de experiencia colectiva. En estas nos vemos ante la revolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones (que ya se que es un tópico, pero es verdad que es revolucionaria) y hay reacciones en todo el abanico del espectro, desde los modernos que no pueden ni ir al baño con su ipad último modelo con conexión de alta velocidad hasta los refractarios canadienses que comentábamos al principio.

Todas esas posturas, resultado de actitudes personales, son legítimas y respetables. Ni la pareja canadiense, ni los Amish, ni los gafapastas de tableta incorporada me dicen cómo tengo que vivir yo. Las narrativas que desarrolla cada uno para mantener su postura no son equivalentes, pero vamos, allá cada cual con su vida. Sin embargo hay otra idea que yo creo que deriva de la misma dificultad de asimilar con sensatez la novedad que si resulta perniciosa: la electrofobia. En un retorcimiento lógico se genera la creencia de que las ondas que transportan esas nuevas tecnologías (WiFi, GSM, incluso microondas) son peligrosas para la salud. No las que transportaban tecnologías que se asimilaron más lentamente (como la radio y la televisión), sino estas modernas de irrupción tan violenta. La expansión de esa creencia encuentra el terreno abonado en multitud de personas que sufren con su lucha interna frente a la dualidad novedad- tradición que plantean las TIC. Si se quedaran ahí, como unos nuevos Amish, anclados en las previas de otra revolución no pasaría demasiado, allá cada cual con su vida. El problema es que su narrativa les obliga a militar, y a intentar imponernos a los demás su creencia, en forma de leyes y normativas. Y eso si es intolerable.

Quiero dejar claro que una cosa es la electrofobia como creencia, que es a lo que me he referido antes, y otra la investigación científica sobre los efectos biológicos de las radiaciones no ionizantes. Lo segundo es algo muy importante, en lo que los poderes públicos deben invertir, y que se debe realizar con el rigor y seriedad habituales en la investigación científica. De hecho se viene haciendo desde hace años, siempre con los mismos resultados. Unos resultados que no soportan en absoluto la creencia en la electrofobia

Foto de Wikimedia

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¿Cómo contribuye el empleo a la calidad de vida de la personas con discapacidad intelectual?

Dichas personas perciben una calidad de vida notable, valoración que su entorno, familias y profesionales, rebajan a un aprobado alto.

Este sería el resumen último de la tesis doctoral de Maria Jesús Álvarez, a cuya defensa invitaba en la entrada anterior.

Para poder decir eso con seguridad hubo que diseñar un cuestionario adecuado para la tarea y pasarlo a algo más de mil personas; entre pilotajes y recogidas de datos, a personas con discapacidad y gente de su entorno. 

Es interesante comprobar la coherencia de los resultados a la hora de desglosarlos en la dimensiones que componen el concepto (o "constructo", como se dice de forma más técnica y pedante) de calidad de vida. Hay una diferencia de casi dos puntos (sobre 10) entre las valoraciones de las personas con discapacidad y las de su entorno, y esa diferencia es muy constante por dimensiones. También es llamativa la coincidencia de valoración entre las familias y los profesionales, monitores y técnicos de los centros que emplean a las personas con discapacidad intelectual entrevistadas.

Las diferencias de puntuación entre unas dimensiones y otras no es fruto del azar, refleja una situación ya señalada por otros autores y que es bastante general en el mundo desarrollado. Las dimensiones de bienestar están bien conseguidas: tienen lo que necesitan y están físicamente bien, incluso emocionalmente, aunque ya un poquito peor. Sin embargo no está tan bien conseguido que sean sujetos de sus propios derechos, una inclusión social efectiva y, lo que menos, que sean dueños de su propio destino (i.e. autodeterminación). Una situación que, salvando las distancias, recuerda un poco el lema de la monarquía ilustrada: todo para el pueblo pero sin el pueblo.

Por supuesto que un trabajo tan extenso y minucioso, tantos cuestionarios y entrevistas, han producido mucha información más. Ahora falta el trabajo de irlo estructurando en publicaciones adecuadas, el tribunal ya animó mucho a la doctoranda a que lo hiciera. La ya doctora, y con la máxima nota, seguro que lo irá haciendo. Estaremos al tanto para informar.
Doctoranda, directores y tribunal, de izquierda a derecha: José María Peiró, J. Sevilla, Reyes Berruezo, María Jesús Álvarez, Ildefonso Grande y Feli Peralta

lunes, 2 de septiembre de 2013

Defensa de tesis doctoral

Hoy lunes 2 de septiembre, a las 17:30 se defiende esta tesis doctoral. Será en la UPNA, en la sala Nicolás de Oresme.

Toda persona interesada en el tema está cordialmente invitada. La exposición no durará mucho más de media hora, y aunque el entorno académico asuste un poco y parezca muy solemne eso de la tesis, se entiende todo muy bien. Mariaje ha preparado una charla agradable e interesante (para el personal interesado en el tema, claro, no es que sea el club de la comedia).

Las defensas de tesis son actos públicos, y la verdad es que es una ocasión estupenda de mostrar a la sociedad que lo que se hace desde esa supuesta torre de marfil que es la universidad tiene sentido y es relevante para la sociedad... Por si no lo habíais notado, animo a asistir a todo el mundo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Nacimiento y declive del sistema Español de ciencia y tecnología

Hay cosas que parece que han estado ahí siempre, pero, como todo, un día nacieron. El sistema español de ciencia y tecnología es uno de ellos.

No es que no hubiera ciencia hecha por personas nacidas en España desde siempre, pero la organización de esa actividad como cuestión de estado es reciente en todas partes, y en España un poco más.

Se suele considerar el proyecto Manhattan, la creación de la bomba atómica (y eventualmente su beneficio en forma de inmediata victoria en una guerra brutal) como el inicio de la ciencia como cuestión de estado. Y como tal y la estructuración de un auténtico sistema de organización de la misma (el primero, el americano, se debe al interesante personaje Vannevar Bush).

Veinte años después, en la España del Seat 600, se crea la primea estructura de financiación de proyectos científicos, la "comisión asesora" (CAICYT), y con ello la inversión estatal en I+D comienza a existir; véase en la primera gráfica de la figura. Esta figura procede del artículo "El sistema español de ciencia y técnica" publicado por Ángel Pestaña en 1996 en Investigación y Ciencia. Tras ese tímido nacimiento, aún vivo el dictador, hay 15 años de suave crecimiento, inapreciable en la escala de la gráfica, aunque porcentualmente muy significativo. Es con la transición cuando comienza un impulso verdaderamente llamativo. Es en los 80, en los tiempos de la movida, cuando la ciencia española se hace mayor, y adquiere unos niveles de financiación escasos, pero de país avanzado. Aquellos 35.000 MPts estaban en el entorno del 1% del PIB, aún lejos del 3% de los países verdaderamente importantes, pero ya en el mismo orden de magnitud.

A partir de los 90, una vez que ya hay auténticamente un sistema nacional de I+D (jóven y poblre pero decente), el principal fenómeno que se aprecia en la financiación del I+D es la confusión contable. Dado que ya es un número del que se puede sacar pecho (políticamente, se entiende), lo importante parece ser el número más que la realidad que lo sustenta. Se empieza entonces a trampear con lo que se puede computar como I+D, se añade ina "i" a la suma de letras que permite computar otros gastos, se incluyen créditos además de subvenciones... Supongo que los especialistas no se pierden, pero deja de ser algo transparente. Lo que si parece claro es que, en % del PIB, la inversión se estanca a comienzos de los 90 durante un par de décadas. En este tiempo, todas las campañas electorales prometen esfuerzos para subir hasta el 3%, que es una especie de número mágico que garantiza prosperidad a los países que lo alcanzan. Sin embargo ningún gobierno hace realmente nada. Ministro tras Ministro se esfuerzan en sacarle más partido a la misma inversión (en % del PIB, no en valor absoluto) con programas cada vez más complejos y burocratizados. Extraño camino el de la búsqueda de la eficiencia imposible por la burocracia...

Y con eso llegamos a la crisis actual, un momento en el que la emergencia presupuestaria ha borrado toda sombra de planificación estratégica. No quiero hacer hipótesis sobre las causas (psicológicas, ideológicas,  pura estupidez, etc.) que mueven a los gestores de lo público (a.k.a. políticos) a tomar sus decisiones, pero se ha roto una tendencia que comenzó en 1965. En los últimos años se ha perdido un tercio de la financiación. Se ha escrito mucho sobre la repercusión de este descenso en la financiación del I+D, está claro que es la incorporación de talento al sistema el elemento que más sufre y peores consecuencias tendrá a largo plazo. Merece la pena no perder esta perspectiva de décadas ¿cuándo y cómo se invertirá la nueva tendencia? Perdido la vergüenza, y pagado el precio político de invertir una tendencia de 40 años, ¿Quién va a invertir en una actividad que da réditos en una escala temporal muy diferente de la electoral? El valor estratégico de la ciencia para un país fue un consenso no escrito entre todos los actores de la gestión de lo público (a.k.a. partidos políticos y comunidades autónomas) desde el tardofranquismo hasta anteayer. ¿y ahora qué?

jueves, 29 de agosto de 2013

Inercia en investigación

La inversión estatal en I+D comenzó a descender en 2009 y no ha dejado de hacerlo desde entonces. Es un hecho bien conocido y que ha generado ya multitud de protestas, individuales, colectivas, nacionales e internacionales. No es para menos, pero no es lo que nos ocupa ahora.

Los sistemas de Ciencia- Tecnología- Sociedad (CTS), como se les suele llamar, no son sencillos. Tienen diversas entradas (dinero, personal joven, personal maduro, colaboraciones, etc.) y diversas salidas (artículos, patentes, personal formado, etc.). En una primera aproximación, simplista por otra parte, se puede considerar el dinero invertido como entrada principal y el número de publicaciones como salida principal. De forma más simplista aún, podríamos pensar que la relación entre una y otra sería más o menos lineal. Por eso sorprende ver los dos primeros gráficos de la figura adjunta. Proceden del informe de situación sobre la ciencia española FECIT13, recopilados por @hebusto que los puso en twitter.

El aumento en el número de artículos científicos es llamativo, y especialmente interesante que esos trabajos van siendo progresivamente más importantes en el contexto de la ciencia mundial, al menos cuantitativamente, dado que el porcentaje de participación en la ciencia mundial crece también de forma continua. Sorprendentemente ese crecimiento no parece verse afectado por el enorme descenso en los ingresos destinados a la ciencia. Sin duda es esperable una cierta inercia. Los artículos que se publican hoy se enviaron hace unos meses, y se escribieron con resultados de unos meses antes, obtenidos con equipamiento que se compró antes aún. Por tanto, si se corta la cadena en la parte de comprar equipos, se tardará tiempo en que se nota la merma en los artículos publicados.

En vez del número total de artículos publicados, que es un indicador de productividad bruta se puede considerar qué porcentaje de los artículos más citados del mundo proceden de centros españoles, dato que es indicativo de calidad, de excelencia. Este dato, concretando al 10% de artículos más citados del mundo, es el que se representa en la tercera gráfica de la figura. Está tomado del artículo publicado por Materia sobre el tema, y ellos a su vez lo obtienen de los datos publicados por el prestigioso grupo de investigación Scimago. En esa magnitud si que se aprecia un descenso que comienza prácticamente a la vez que el del dinero.

Aunque habría que estudiar más el tema, parece que los datos apuntan a que en la investigación de máxima calidad, la dependencia de la financiación es mucho más inmediata, y que apenas hay inercia. En cambio en la investigación en su conjunto, la inercia se extiende más allá de los 4 años.

Quizá el estimador de calidad que se ha escogido (el % de participación en el 10% de la ciencia más citada) sea un poco rebuscado, no lo se. Habría que corroborar la hipótesis con otros indicadores de calidad. Por cierto, si dejamos de lado la evolución temporal y nos fijamos en el número absoluto, resulta muy llamativo. En el total de la ciencia mundial, la producción española representa el 3% en 2009, mientras que entre la mejor ciencia mundial, representa el 12%. Parece concluirse que la calidad promedio de la ciencia española es particularmente alta; cuando menos sorprendente.

En cualquier caso, esperemos que la destrucción de la financiación de la inversión pública en ciencia concluya de una vez y revierta pronto su tendencia.

PS. A partir de la publicación de las primera figuras por parte de @hebusto, el 26 de julio, mantuvimos una interesante conversación en tuiter sobre el tema con @Victordom, @emulenews, @spidermanzano y @eulez. Ya entonces, @emulenews avanzaba la hipótesis de que la cantidad de trabajos no reflejaría demasiado (probablemente nada) el descenso de financiación, pero si la calidad. Hay que reconocer que estos datos apoyan su hipótesis original.

martes, 27 de agosto de 2013

5 Libros variados sobre el universo

Ayer llamaron a la UPNA del Diario de Navarra buscando alguien que recomendara libros de divulgación científica sobre el universo. Me pasaron la llamada, así que supongo que los expertos de verdad andarían de vacaciones. El caso es que pude encontrar 5 libritos que muestran la gran variedad de aproximaciones:

Para los más pequeños un estupendo cuento (1) en el que se describe el nacimiento y evolución de una estrella, en formato de cuento y con lenguaje adecuado para niños, pero con un extraordinario rigor. Para los que tengan interés en obtener unas pinceladas descriptivas sobre nuestros vecinos más próximos, en “Los Planetas” (2) encontrará una lectura fácil e informativa. Galileo, mensajero de las estrellas (3) es una bonita edición con fotos y textos variados que además de enseñarnos sobre el universo, lo hace a través de un personaje histórico singular. El que ya conozca bastante probablemente disfrute profundizando en detalles de la física que rige el universo a gran escala: relatividad, agujeros negros y el destino del universo (4). He dejado para el final el último que he leído y que me ha encantando (5). En “Las medidas del universo”, Tomás Hormigo responde magistralmente a la pregunta “¿Y eso cómo lo saben?” que, como él mismo dice en la introducción, le hacían a menudo. En sucesivos capítulos va desgranando los procedimientos de media, desde que siguieron los griegos para conocer el radio de la tierra, la distancia a la luna o al sol, hasta los que en la segunda mitad del siglo XX han permitido conformar la visión que hoy tenemos del universo. Todo ello en un lenguaje adecuado para todos los públicos.

Referencia de los libros

(1) Estrellita, la historia de la galaxia contada por una estrella. Élisabeth Vangioni-Flam y Michel Cassé. Editorial Andrés Bello. Barcelon, 2001
(2) Los planetas. El sistema solar. Bernard Hagene. RBA Editores, Barcelona, 1994
(3) Galileo, mensajero de las estrellas. Edición dirigida por Ramón Nuñez y Javier Armentia. Museos científicos Coruñeses y Planetario de Pamplona, 2002
(4) Relatividad, agujeros negros y el destino del universo. Eric Chassion. Plaza y Janés editires, Barcelona, 1990
(5) Las medidas del universo. Tomás Hormigo. Editado por la Ciudad de las Artes y las Ciencias,Valencia, 2007

Ninguno es una edición reciente, pero seguro que se pueden conseguir por internet.

ACTUALIZACIÓN (29 Ago 13). Lo que luego publicaron fue un artículo bastante chulo:

martes, 23 de julio de 2013

Biblioteca nacional, museo y accesibilidad

Buscando diversión alternativa a los excesos de las fiestas patronales, una de las posibilidades es volver a Madrid, y más concretamente a alguno de sus museos. Este año pasamos por el Museo Biblioteca Nacional. Una de cal y otra de arena.

En el lado de lo positivo, los contenidos son interesantes y están bien ordenados; hay información para aprender mucho. Algún montaje como el de la presentación de la escritura, en que hay secuencias de audio sincronizadas con la iluminación de las piezas de las que se va hablando están realmente bien.

En el lado negativo dos cosas. La primera es la ausencia de obras de verdad, casi todas las grandes piezas que se ven son facsímiles. Son piezas muy interesantes, y así se pueden tocar (algunas), pero se echa de menos una "sala de maravillas" o algo así, que en ese sitio deben tener un montón. En segundo lugar, pero casi más grave, está la falta de accesibilidad de la información. En las vitrinas hay rótulos en el cristal y otros en la pared del fondo, con letra ínfima y mal iluminados. A mi me resultaron totalmente ilegibles, aun con gafas. La foto adjunta es un ejemplo la información de las vitrinas, una típica, sin buscar a propósito. Por cierto, una última cosa que me parece muy desagradable es que no se puedan hacer fotografías. No se me ocurre ninguna razón técnica para esa prohibición. Hoy días, acostumbrados a llevar con el teléfono una estupenda cámara, y a registrar lo que te llama la atención (y muchas veces compartirlo), es realmente molesto que se limite esa actividad. Nadie gana con ella.

Aunque no lo sabía ciando entré, al lado del museo, en otras salas, había una exposición divertidísima: La transición en tinta china. Una selección de viñetas de los 70 del siglo pasado. Muchas están en su publicación original, lo que permite apreciar como ha cambiado la maquetación y el estilo de impresión en estos años. Le quedan aún varias semanas a la exposición. Muy recomendable (al menos para los ya carrocillas):

viernes, 12 de julio de 2013

Asignaturas, trabajos y comunicación científica

Una de las tareas docentes que me ocupa desde hace muchos años es la asignatura "Aspectos básicos de la actividad investigadora". Se trata de una asignatura de posgrado (de doctorado o máster dependiendo del momento de la historia) sobre la ciencia y su práctica. El tema se presta especialmente a no seguir la metodología estándar de dar discursos y examinar. De hecho se desarrolla a base de comentar en clase textos que hemos leído (últimamente también vídeos y otro material) y realizar trabajos sobre lo discutido.

En la última edición, en vez de hacer trabajos disjuntos sobre cada tema, los hemos integrado en un único proyecto, y qué mejor que escribir un artículo científico de verdad. Para que el proyecto entrara la mayor parte de lo que interesaba trabajar debía versar sobre la propia actividad científica. En concreto fue sobre las referencias en los artículos científicos; más concretamente su evolución temporal. El trabajo ha sido enviado a una revista del ramo y, la verdad, es que tengo serias esperanzas de que se publique.

El primer firmante del trabajo publica hoy AQUÍ una reflexión muy interesante sobre el significado de las referencias en los trabajos científicos y sobre las perversiones que demuestra su desmedido crecimiento. Trabajo que, como preprint, se puede encontrar AQUÍ. No se si existen buenos profesores, lo que es seguro es que hay excelentes estudiantes...

No podía evitar esta breve nota sobre un tema que es la quintaesencia del blog, ya que trata de universidad (la UPNA en particular) ciencia, docencia y siempre se le puede añadir alguna hierba.

ACTUALIZACIÓN (3 Spt 2013). Nos lo han publicado ya, ver AQUI.

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La figura es la nº3 del trabajo, y muestra las distribuciones de número de referencia por artículo desde 1972 a 2013. Esas distribuciones se han hecho sobre una muestra de 70.000 artículos de 8 revistas de ingeniería, del IEEE. Se ve como el pico de la distribución pasa de menos de 10 a caso 30. También como la distribución se hace más ancha, teniendo hoy casi un 20% de trabajos con más de 40 referencias. 

martes, 9 de julio de 2013

Gödel, Mandelbrot y la filosofía

Siempre que profundizas en un tema te vas acercando a sus raíces filosóficas. El planteamiento inicial, las primeras ideas resultan iluminadoras, reveladoras, entusiasman. Pero al ir profundizando más, la cosa se vuelve pastosa, intrincada, aburrida y probablemente irrelevante (1). Siempre había pensado que esa barrera era personal, derivada de mis limitaciones cognitivas, pero quizá haya algo más.

Gran parte de la filosofía es clasificar y definir (2). ¿Qué es vida, y cómo lo diferenciamos de lo que no lo es? ¿Qué es ciencia y qué no? A partir del teorema de Gödel sabemos que no vamos a poder construir una definición completa. Aunque establezcamos un conjunto de reglas (de pertenencia a una clase, por ejemplo), siempre habrá otra cuya veracidad no podremos decidir a partir de las anteriores. Los fractales de Mandelbrot muestran como la separación entre dos conjuntos puede tener una frontera tan intrincada que hace infinita su definición. De alguna manera, entre los dos anuncian lo estéril de la tarea.

Había un chiste (malo) de mi infancia que decía que habían construido un confesonario electrónico al que iba a confesarse un mozo. "Padre, me acuso de haberle tocado una teta a mi novia". A lo que el cura, tras manipular la máquina contestaba "pues tócale la otra que este trasto no admite decimales".

Los niños piensan que los jueces son inútiles. Si has robado y eso es ilegal con una pena prefijada ¿que hay que juzgar? El destino del ladrón debería ser algorítmico.

Confesores (humanos) y jueces son ejemplo de la imposibilidad real de delimitar con precisión. O mejor dicho, son el sucedáneo con el que hacemos operativa la vida real aún con esa imposibilidad. Y es que la ausencia de definiciones de calidad epistemológica fetén no impide tener claras las cosas casi siempre. Y cuando no, se suele poder retrotraer la duda a algún rincón clásico del fractal de la moralidad (seguridad/ privacidad, libertad/ equidad, etc.).

Cómo me ha dicho algún comentarista del blog en el pasado, zapatero a tus zapatos. Mejor dejar las profundidades filosóficas a gentes más versadas, ¡vámos todos a estudiar epistemología!:


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(1) Hace unas semanas dio una conferencia en Pamplona Pedro Miguel Echenique en Pamplona, y ante un comentario del público dijo "el bosón de Higgs es tan fundamental que es irrelevante". Me encantó oírle a alguien tan ilustre esa idea.
(2) Desde luego no se limita a eso, pero es una componente sustancial.