viernes, 2 de septiembre de 2011

Nostalgia de la bombilla inefciente

Me he enterado por casualidad de que hoy era el último día que estaba permitido vender bombillas de incandescencia (de más de 60 W). La verdad es que la ineficiencia es consustancial a su funcionamiento, así que era inevitable que búsqueda de la eficiencia la acabara prohibiendo.

Los filamentos de las bombillas oponen una resistencia al paso de la corriente que hace que ésta se convierta en calor (a diferencia de los cables, que se fabrican de resistencia muy baja, con lo que apenas se calientan). Los cuerpos emiten radiación electromagnética constantemente, dependiendo de a que temperatura esté emiten más o menos y de un "color" u otro. A las temperaturas a las que vivimos (unas decenas de grados centígrados) la emisión es invisible, son infrarrojos, pero a partir de los 400C o así ya es naranja, y subiendo la temperatura se vuelva más blanca. Ese es el mecanismo que utilizan las bombillas de incandescencia para emitir luz, poner su filamento a temperaturas  muy altas. Por eso es inevitable que la eficiencia (el cociente entre la energía luminosa y la eléctrica que costó producirla) sea baja, porque mucha energía eléctrica se convierte en calor, en concreto el 95%. Si se energía eléctrica con menos electricidad no se pueden refinar los diseños de las bombillas de incandescencia, es imprescindible cambiar el principio de funcionamiento (fluorescente, descarga, leds).

Aun sabiendo eso a mí me da pena; por muchas razones. Será ineficiente, pero da la luz más bonita, la más parecida a la solar, que se basa en el mismo procedimiento físico. Es sencilla, se entiende fácilmente. Se ve a simple vista si está "fundida". Es bonita, ha inspirado montones de diseños curiosos. Probablemente la sencillez y la belleza juntas sean la causa de que se haya convertido en un icono (17 de las 19 primeras imágenes en google imagenes buscando "idea" tienen bombillas). A pesar de la ineficiencia, la cuantificación de la iluminancia (la cantidad de luz que se produce) ha quedado en la mente de todos en vatios de bombilla de incandescencia. De hecho todas las nuevas bombillas tienen que decir que "iluminan igual que una de incandescencia de x vatios". 40W, 60W y 100W se habían convertido en estándares, probablemente lo sigan siendo. En fin, que echaremos de menos la luz "cálida" (excesivamente) de las bombillas de incandescencia.

La bombilla se une al termómetro de mercurio, otro elemento familiar, cotidiano e icónico cuyo uso se ha prohibido, también por razones medioambientales (en este caso se trata de la toxicidad del mercurio). El termómetro, el símbolo de la medida, del calor. Multitud de instrumentos de medida han copiado la escala del termómetro (una línea vertical que se colorea hasta más arriba o menos dependiendo del valor) para presentar su información.

Hay multitud de elementos tecnológicos que han quedado obsoletos y han desaparecido tras ocupar un espacio central en nuestra vida. Aún recuero el día que tiré los disquettes con mi tesis doctoral o las cintas de casette con mezclas grabadas para fiestas. Pero de algún modo, la bombilla y el termómetro me producen una nostalgia especial, ¡qué le vamos a hacer!

miércoles, 31 de agosto de 2011

Presentación en CATEA (GaTech, GA, USA)

Esta mañana he tenido una charla de presentación en el centro en el que estoy trabajando este año, CATEA en el Georgia Tech. Se trataba de presentar el trabajo previo que he hecho en temas relacionados con el del centro, la "tecnología asistiva". La asistencia ha estado bien, y han preguntado bastante (mucho incluso). A continuación dejo las transparencias de la charla:

lunes, 29 de agosto de 2011

Irene, la prevención y el calentamiento global

El huracán Irene ha perdido ya mucha fuerza. Ahora es "sólo" una tormenta tropical que está entrando en Canadá. A lo largo del fin de semana ha barrido la costa este de los Estados Unidos. A pesar de que no ha sido tan devastador como se esperaba, ha matado a casi dos decenas de personas, ha dejado cientos de miles sin luz y he generado múltiples problemas en muchos lugares.
A lo largo de toda la semana pasada se han venido haciendo declaraciones, dramáticas a veces, sobre una catástrofe que ocurre "una vez cada cien años". Y había también críticas por lo exagerado de las medidas. Lo de cerrar el metro de Nueva York ha sido muy criticado. Sin embargo, gracias a esa prevención las consecuencias han sido mucho menores de lo que cabría esperar. En todo caso, parece claro que mejor prevenir (aunque fuese excesivo en ocasiones) que curar, como hubo que hacer en Nueva Orleans con el Katrina, en 2005.

La obligatoriedad de las evacuaciones y los cierres de los servicios públicos son decisiones de los políticos, pero esas decisiones se han basado en las predicciones científicas de los meteorólogos. Unas predicciones que se cumplen con gran precisión (dentro de lo márgenes de incertidumbre esperables para estas cosas). Cuentan además con el impacto visual de las fotos de satélite. Ha habido quien ha dicho que la prevención era excesiva, pero nadie ha sostenido que no hubiera huracán. Supongo que, además de las fotos del satélite, está el hecho de que en unas horas, tres días como mucho, la lluvia y el viento se hacen evidentes. Es absurdo negar lo obvio.

En cambio la predicción de los mismos científicos (casi), climatólogos en este caso, sobre la evolución del clima global no resulta igual de creíble, más bien lo contrario. El que la predicción no se haga evidente a corto plazo permite enrocarse en el negacionismo. Un negacionismo agresivo que tacha de arrogantes a los cinetíficos que proponen que por la acción humana está cambiando el clima del planeta ("crazy bastards" les llamaba un locutor de radio hace un par de días). Aparte del componente religioso, está claro que lo que se pretende negando el problema es evitar las medidas de prevención. Si no hay calentamiento global no hay que hacer nada para evitarlo y podemos vivir igual (de bien) que hasta ahora.

Es una verdadera pena que el calentamiento global no consiga el crédito que merece, el mismo que los huracanes.

La foto la he tomado de aquí, de otro expatriado viviendo la experiencia

jueves, 25 de agosto de 2011

Sobre la tarea de los profesores

Tengo una amiga que trabaja para una administración educativa y que es contratada 9 meses al año. Cada año la despiden al acabar el curso y la vuelven a contratar en septiembre, cuando comienza. Me parece una indignidad, pero es un procedimiento totalmente legal, y a la administración le sale más barato que un contrato indefinido, o una plaza de funcionario propiamente dicha.

La historia que aparece en los periódicos Navarros estos días es justo la contraria, la de la actual Presidenta del Gobierno, que solicitó su reingreso en la UPNA por 19 días. Sin duda es legal, eso no se cuestiona, pero es otra indignidad.

La tarea del profesor universitario es una tarea de largo plazo. Docencia, investigación, transferencia de conocimiento, actividades que no fructifican de un día para otro, que requieren tiempo, compromiso y un ambiente adecuado. La docencia se planifica de un curso para el siguiente, los proyectos de investigación son como mínimo bienales. Es en ese ambiente de compromiso y de largo plazo dónde tienen sentido las licencias de estudios (como el año "sabático" que estoy disfrutando yo este año) y dónde no lo tiene un reingreso de 19 días. 

He leído la disculpa de la profesora Barcian: en la incertidumbre de la investidura pidió el reingreso pensando que en caso de quedar en la oposición compaginaría la tarea política con la académica, como hacen otros parlamentarios. A mí no me vale. Podía haber reingresado en el caso de quedar en la oposición en vez de hacerlo con semejante urgencia, y habría quedado estupendamente (y no como una bromista). No habría puesto en entredicho su prestigio personal, el de "la clase política" o, lo que me importa más, la imagen social de la tarea del profesor universitario.

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NOTA: Me soplan por aquí que el reingreso era algo forzado por procedimientos administrativos, que al concluir la situación por la que se concede la licencia por "sevicios especiales" es necesario reingresar para conservar la plaza y, en su caso, volver a pedir una licencia equivalente para otro puesto. No soy experto en derecho administrativo, pero si esa fuera la causa la disculpa era muchísimo más sencilla y no tenía sentido entrar en asignaciones docentes ni cosas parecidas.

lunes, 22 de agosto de 2011

Reconociendo un buen diseño

Una taza no es un objeto complicado, y tras miles de años de alfarería, ¿qué se puede innovar en su diseño?

Pues casualmente he descubierto una innovación significativa: las ranuras en la base sobre la que se apoya. Parecerá una tontería, pero cuando las sacas del lavaplatos, en el culo de las tazas hay una zona cóncava que se queda llena de agua que hay que secar. La modificación de hacer unas ranuras en esa base da lugar a pequeños desagues en la concavidad, de forma que el agua escurre y el fondo queda seco. En la foto adjunta se pueden ver dos tazas en el lavaplatos, la clásica y la mejorada, que por cierto es de Ikea. No se si eso se ve en la foto, pero una tenía su charquito y la otra estaba completamente seca.

Las tazas tienen miles de años de historia, pero los lavaplatos no, y ese nuevo entorno de uso genera situaciones nuevas donde el diseño puede introducir mejoras. Una vez visto es fácil teorizar, pero los que han sido unos fenómenos son los de Ikea que lo vieron a tiempo. Por cierto, no se si este tipo de innovaciones podrán ser objeto de patentes... no serán muy útiles para evitar el plagio en cualquier caso.

jueves, 18 de agosto de 2011

Aunque la mona se vista de seda

Un refrán clásico dice que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, un refrán que parece ser que es muy antiguo, y que hace referencia a que no se puede fingir lo que en realidad no se es, y que el atrezzo, los elementos auxiliares, no ayuda en este pretensión. Sin embargo esto no siempre es así, como lo corrobora un famosísimo experimento del que justo hoy se conmemora el 40 aniversario. La idea general consiste en dividir al azar a un colectivo (estudiantes en el experimento) en dos grupos y asignarles roles diferentes: carceleros y presidiarios. A los 6 días hubo que suspender el experimento porque los participantes se habían metido tanto en su papel que la violencia y la crueldad habían pasado de lo tolerable (hay un montón de literatura respecto del experimento y otros parecidos para conocer detalles). Del experimento de la cárcel de Stanford se concluye que el hábito si hace al monje, que un estudiante (hippy y pacifista en su vida anterior) se convierte en un carcelero cruel con un poco de atrezzo.

Aún así, los refranes de la mona y del monje tienen sentido en muchas situaciones, probablemente en la mayoría. Si al mismo estudiante se le viste de traje y se le manda a un juicio con un maletín no se convierte en abogado en 6 días. No conozco estudios científicos que clarifiquen en que situaciones lo importante es la persona, el monje, y en cuales el entorno, el hábito (aunque seguro que los hay). Aún así me arriesgaría con un par situaciones en las que parece bastante obvio, podríamos denominarlas “la clase política” y las “reuniones de vecinos”.

Es evidente que los políticos no constituyen una clase social, sin embargo el papel que juegan hace que se les perciba así prácticamente en todos los países y a los de todos los partidos. Parece que la obra de teatro del poder tiene unos rasgos más universales aún que el propio sistema de gobierno en que se concreta. Es como una obra de teatro en la que los papeles están ya escritos; quien sea que le toque representar al político se vestirá elegantemente, irá en coche con chófer, tomará decisiones (que siempre dejarán gente insatisfecha), hablará en público con convencimiento, se reunirá con otros políticos, etc. Un conjunto de acciones que le identifican con la “clase política”.

Lo mismo pasa con las reuniones de vecinos (vale aquí los claustros de profesores, los consejos de departamento y muchas otras reuniones de “iguales”), da igual de qué comunidad y del tema del que se trate, todas parecen la misma: aburrida, verborréica, conflictiva y poco eficiente en la toma de decisiones. Cuando uno pensaba que “la mosca cojonera” era una persona concreta, abandona el grupo y su puesto es ocupado por otro en un par de reuniones. Ese papel no puede quedarse sin actor que lo desempeñe.

Visto así, se entiende que cambiar las personas cambie muy poco las dinámicas. En estas situaciones en las que la obra de teatro es más poderosa que los actores no es muy relevante que el Director del departamento (o presidente de la Junta de vecinos) sea fulano o mengano. Tampoco cambiar los componentes de la “clase política” es efectivo, lo que hace falta es reescribir la obra de teatro. Lo que no es nada evidente es cómo se consigue eso, porque en este caso no se puede hacer como en el experimento de la cárcel de Stanford y suspenderlo.

He sabido de la efeméride por la criminóloga @NahikariSanchez. Y la imagen está tomada de aquí.

domingo, 14 de agosto de 2011

Contratos educativos

Ya hemos acabado la primera semana de colegios, del "elementary" y del "middle". La primera sensación, como tantas veces en este país, es que acabas de cruzar el cristal del televisor y te has metido en una película. Y es que todas las escuelas son físicamente muy parecidas, y en las películas las recogen a la perfección: los pasillos llenos de taquillas, las puertas de las aulas con un cristalito, los "principal", etc. Por no hablar de los emblemáticos autobuses amarillos. Pasada la fascinación estética, la cosa no difiere tanto de la que vivíamos allí: cada profesor con sus manías, un cero por hacer un ejercicio perfecto pero a boli en vez de a lápiz, los libros de texto forraditos y bien dispuestos; ni siquiera se percibe una diferencia de medios significativa.

Lo que más me ha llamado la atención de la semana es la profusión en el uso del "contrato". Yo creo que he firmado más de 15 papeles. Uno sobre las normas de seguridad del laboratorio de ciencias, hasta que no está firmado por el niño y los padres no entran; otro por cada asignatura dándote por enterado del programa previsto syllabus, otro con las normas de conducta y código de vestuario, en el que te dar por enterado y aceptas el régimen sancionador previsto. Y seguro que olvido alguno. Prácticamente todas las cosas que firmas son obviedades de sentido común, y supongo que cuando lo haces rutinariamente un año tras otro ni siquiera leerás lo que firmas, pero con la novedad lo he leído todo y me ha gustado ver cómo te hacen sentir parte, son normas y códigos para los estudiantes, pero se espera de las familias una participación activa en ello, y te lo hacen saber explícitamente y te exigen la firma.

En un país en el que para entrar ya has de firmar que no vas a matar al presidente, no es tan raro que sigas firmando, hasta que vas a animar a tu hijo a no quitarse las gafas de protección del laboratorio de ciencias.

lunes, 1 de agosto de 2011

Primer contacto con el sistema educativo de EEUU


Parece ser que bastantes cosas están organizadas por condados, y en el que habitamos nosotros, DeKalb County, la admisión de nuevos estudiantes a las escuelas públicas está centralizada en el International Center. En este lugar se entra por una punta, sin cita previa pero con unos cuantos papeles, y se sale por el otro lado, con dos sobre dirigidos al colegio que te han asignado. Entre medias has gastado tres horas o así.

A la llegada te dan un número y una hoja de instrucciones con los documentos necesarios y del proceso a realizar. Tienen estas hojas traducidas a más de 15 idiomas. Con el número esperas, en una sala que es el gimnasio de la foto, a que te atiendan en el primer paso, en este se verifica que tienes la documentación requerida, que consiste básicamente en: (i) acreditación de nombre y edad (partida de nacimiento, pasaporte, etc.), (ii) prueba de vacunación, (iii) prueba de residencia en el condado y (iv) notas del último curso realizado (esto último es lo único que puede faltar).

El paso dos tiene lugar en las mesas de la cafetería, en las que se procede a rellenar un montón de formularios asistidos por personal del centro (prácticamente todos son bilingües inglés- español). Mientras rellenas formularios se llevan al niño a un aula en la que realiza un examen de inglés y otro de matemáticas. El de matemáticas empieza literalmente con 1+1 y termina 30 preguntas después con cuestiones, todas muy básicas, de 2º de bachiller.

El paso cuarto es el de la toma de decisión, te reciben en una oficina con todos los papeles y la persona al cargo decide el centro que se le asigna al niño, el nivel al que irá y el grado de apoyo que necesita para ponerse a un nivel suficiente de inglés. Te comunican la información, sellan los papeles y te preparan dos sobres para el centro con fotocopia de todos tus papeles más los formularios que se han rellenado, ya en la carpeta que irá al archivador del centro.

Me ha sorprendido lo bien organizado del proceso y la excelente atención personal todo el tiempo, especialmente pensando que todos allí somos “inmigrantes”. También me ha llamado la atención el volumen de niños que pasan por este proceso, prueba de la cantidad de inmigración que sigue llegando a este país. Es también de resaltar el papel de los centros educativos en el mantenimiento de la política de vacunas.

Proximamente empezaremos con la matriculación propiamente dicha

sábado, 23 de julio de 2011

Vamos que nos vamos

Hace unos días comentaba que nos vamos toda la familia de "año sabático" a Estados Unidos. Pues bien, el momento ha llegado ya, mañana emprendemos viaje, aunque pasaremos un par de días en Madrid antes del vuelo. La preparación de este momento, especialmente en las dos últimas semanas ha resultado agotadora, aunque también muy interesante.
Es sorprendente la cantidad de trámites que hay que realizar. En el plazo de la estancia me iba a caducar una tarjeta de crédito y un carnet, circunstancias que hay que resolver con antelación. Hay que darse de baja de todas las compañías que dan servicio habitualmente. Como la casa no va a quedar deshabitada, agua luz y gas se quedan como están, pero los teléfonos e internet no. La complejidad tecnológica de la telefonía móvil no tiene nada que envidiarle a la complejidad burocrático – comercial a través de la que se ofrece el servicio y que, además de hacer imposible prever costes, hace de las bajas procesos verdaderamente kafkianos. Hay que llevar certificados de todas las vacunas, certificados de nacimiento en versión internacional, lo mismo que el carnet de conducir que hay que convertir en “internacional”. También hay que certificar la cobertura sanitaria con la que cuentas y completarla con las eventualidades que te puedan faltar.

Los trámites con los bancos tampoco son una cosa menor; es cierto que hoy día se puede hacer casi todo por internet, pero saber de antemano lo que van a costar las operaciones (transferencias, cambios de moneda, cargos con tarjetas) no es ni mucho menos evidente (de hecho he desistido de conocer algunos de ellos). Por no hablar del papeleo (o habrá que empezar a decir “interneteo”) que supuso la solicitud de los visados (con sus famosas foros de 2x2 pulgadas), y el documento previo emitido por la universidad de destino en el que se certifica la naturaleza de tu estancia como visitante de investigación.

Este año el Ministerio del ramo (de toda la vida el “MEC”, pero últimamente con nombres tan cambiantes) ha decidido ahorrar manteniendo la misma convocatoria de becas para estancias del profesorado, solo que con la mitad de duración y algunas variaciones a la baja (como la eliminación del seguro, o la restricción en las fechas de viaje o en la incompatibilidad con otras ayudas). Así, con la beca del MEC se pueden cubrir 6 meses y con una de la propia universidad 3 meses más: En total hay que escribir dos solicitudes, con proyectos compatibles pero no idénticos para, aún así, tener 3 meses sin posibilidad de beca.
 
Las compañías aéreas exhiben una complejidad de tarificación que no tiene nada que envidiarle a la de los móviles: es imposible saber lo que costará un billete sacado otro día. Además está limitado el plazo de ida y vuelta, la posibilidad de mover fechas (bueno, más que limitado está penalizado económicamente), la posibilidad de utilizar “billetes cruzados”: ahora si no has realizado el viaje de ida no te permiten realizar el de vuelta… salvo pagando bastante, claro.

Habría historietas para mucho más, porque tanto trámite son muchos interlocutores y multitud de anécdotas, pero lo que me interesa es sacar algunas conclusiones del conjunto de la experiencia.

(i) Frente a las grandes compañías (telefónicas, aerolíneas, etc.) o el propio estado, individualmente estamos vendidos, la desproporción es gigantesca. (ii) La complejidad de proveer servicios debe ser mucho mayor de lo que solemos pensar, porque no creo que hagan sufrir al cliente por placer, pero desde luego que lo hacen. (iii) La estructura de productos y tarifas es extremadamente enrevesada, haciendo casi imposible la comparación (salvo para profesionales muy dedicados) y jugando a esconder precios más altos de lo que parece a primera vista.
 
Y claro, dedicado a este máster en burocracias varias, el objetivo de la visita se diluye, ahora ya ni me acuerdo de a dónde iba ni cuál era el interés de estar allí. Esperemos que este brote de “burocracitis” le queden ya pocos días de fiebre.

La foto está tomada de aquí, sitio en el que aconsejan sobre el equipaje, otro asunto del que se podría hablar mucho...

sábado, 16 de julio de 2011

Los límites de la realidad objetiva

A los pocos días de morir mi madre soñé que me llegaba un sms desde su móvil con el texto "tengo frío". Aunque lo pasé fatal, podemos decir que "no era más que un sueño", pero ejemplifica el estado de profundo dolor que te deja la muerte de un ser querido. Los primeros días la sensación de dolor es permanente, la pérdida, el hueco dejado está presente todo el tiempo. No es extraño que a ese conjunto de sensaciones se le otorgue carta de naturaleza física y se le de nombre: espíritu, fantasma, etc. A medida que pasa el tiempo y uno va acostumbrándose a la vida sin el fallecido, la presencia ya no es tan constante, el fantasma se va alejando. Finalmente desaparece. Cuando se elabora el duelo, se pasa el dolor agudo y se acepta la desaparición, no sin pena, pero ya con normalidad, los sentimientos que "cosificados" denominamos espíritu ya no están, se dice entonces que fantasma descansa en paz... cuando en realidad somos nosotros los que hemos alcanzado la paz respecto al suceso.

Es muy habitual tomar un conjunto de características, de manifestaciones o de percepciones y bautizarlas. Ponerle nombre facilita pensar en ello, de hecho en física se hace mucho: pensar en un cuanto de vibración de un modos normal de la vibración colectiva de los núcleos de un cristal es muchísimo más engorroso que pensar en un "fonón". Sin embargo entre el "fonón" y el "espíritu" hay una diferencia fundamental (al menos): el primero responde a un conjunto de manifestaciones objetivas (medibles y reproducibles), mientras que el segundo responde a percepciones subjetivas (sentimientos). Y mientras mantengamos esa frontera clara todo está bien.

Los sentimientos de dolor por la pérdida de un ser querido son tan intensos y generales que encontramos "espíritus", ritos funerarios o diálogos (mediados o nó) con el más allá en todas las culturas (incluso entre primates, elefantes o delfines). Pero no dejan de ser construcciones culturales derivadas de una experiencia psicológica compartida. Hay algunas personas que no perciben esa diferencia porque consideran que el fonón es también un constructo cultural, que es el consenso actual de un conjunto de personas (los científicos), pero que no es más que una de las múltiples explicaciones posibles de la realidad observable sin ningún carácter especial, sin esa pretendida "objetividad" que comentábamos antes (sobre esa postura postmoderna o relativista escribían hace poco en Amazings con dureza). Creo que esa postura no deja de ser una impostura intelectual, porque a la hora de la verdad, para hablar con otras personas, viajar lejos o curarse un dolor de muelas se confía en el teléfono, el avión y la aspirina, no en mediums, alfombras voladoras u otros "constructos" alternativos.

Bueno, en realidad del mismo modo que hay quien lo pone todo del lado subjetivo (los "relativistas"), también hay algunas personas que lo ponen todo del lado objetivo: no sólo consideran objetivos los fonones sino también a los espíritus. Y quien dice los espíritus dice las cosas más variopintas que pueblan el imaginario pseudocientífico: adivinaciones, quiromancias, extraterrestres, el poder de las pirámides y una larguísimo etcétera que con paciencia infinita se dedican a desmontar los "escépticos" más militantes (para muestra el magnífico botón que es Magonia).

Toda esta disquisición sobre los límites entre los constructos de base subjetiva (espíritus) y los de base objetiva (fonones) me ha venido a la cabeza a propósito de una noticia de hoy: un juzgado le ha concedido la invalidez a una persona basándose, entre otras cosas, en su "hipersensibilidad electromagnética". Ya se ha escrito bastante hoy sobre los absurdo del asunto (por ejemplo en: Magonia, Ciencia Explicada, Migui), yo quería acercarme desde este punto de vista: tanto jueces como especialmente la propia afectada le han dado carta de naturaleza objetiva a un conjunto de sensaciones (de malestar) que tienen, casi con total certeza, un origen subjetivo. No es nada extraño que el convencimiento llegue a producir daños físicos, incluso tan evidentes como los estigmas, aunque por este camino llegamos a la religión, y ya me está quedando suficientemente largo el texto.

La figura viene al caso porque el péndulo de Newton ayuda a explicar los modos de oscilación colectivos de un conjunto de bolas, en este caso, de los que un cuanto sería un fonón; claro que para que los efectos cuánticos se noten todo habría de ser bastante más pequeño.