lunes, 29 de agosto de 2011

Irene, la prevención y el calentamiento global

El huracán Irene ha perdido ya mucha fuerza. Ahora es "sólo" una tormenta tropical que está entrando en Canadá. A lo largo del fin de semana ha barrido la costa este de los Estados Unidos. A pesar de que no ha sido tan devastador como se esperaba, ha matado a casi dos decenas de personas, ha dejado cientos de miles sin luz y he generado múltiples problemas en muchos lugares.
A lo largo de toda la semana pasada se han venido haciendo declaraciones, dramáticas a veces, sobre una catástrofe que ocurre "una vez cada cien años". Y había también críticas por lo exagerado de las medidas. Lo de cerrar el metro de Nueva York ha sido muy criticado. Sin embargo, gracias a esa prevención las consecuencias han sido mucho menores de lo que cabría esperar. En todo caso, parece claro que mejor prevenir (aunque fuese excesivo en ocasiones) que curar, como hubo que hacer en Nueva Orleans con el Katrina, en 2005.

La obligatoriedad de las evacuaciones y los cierres de los servicios públicos son decisiones de los políticos, pero esas decisiones se han basado en las predicciones científicas de los meteorólogos. Unas predicciones que se cumplen con gran precisión (dentro de lo márgenes de incertidumbre esperables para estas cosas). Cuentan además con el impacto visual de las fotos de satélite. Ha habido quien ha dicho que la prevención era excesiva, pero nadie ha sostenido que no hubiera huracán. Supongo que, además de las fotos del satélite, está el hecho de que en unas horas, tres días como mucho, la lluvia y el viento se hacen evidentes. Es absurdo negar lo obvio.

En cambio la predicción de los mismos científicos (casi), climatólogos en este caso, sobre la evolución del clima global no resulta igual de creíble, más bien lo contrario. El que la predicción no se haga evidente a corto plazo permite enrocarse en el negacionismo. Un negacionismo agresivo que tacha de arrogantes a los cinetíficos que proponen que por la acción humana está cambiando el clima del planeta ("crazy bastards" les llamaba un locutor de radio hace un par de días). Aparte del componente religioso, está claro que lo que se pretende negando el problema es evitar las medidas de prevención. Si no hay calentamiento global no hay que hacer nada para evitarlo y podemos vivir igual (de bien) que hasta ahora.

Es una verdadera pena que el calentamiento global no consiga el crédito que merece, el mismo que los huracanes.

La foto la he tomado de aquí, de otro expatriado viviendo la experiencia
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