jueves, 5 de abril de 2012

Una revista universitaria que desaparece

Ayer se presentó el último número de la revista Uharte de San Juan. Una revista multidisciplinar, de periodicidad errática, que ha publicado la UPNA a lo largo de los años y que, por lo que se ve, concluye con este número. A mi modo de ver, este tipo de revistas son la punta de lanza de la renovación en que está sumida, lo quiera o no, la industria editorial. 

De primera mano conozco datos de esta revista de hace unos 10 años. Las ventas eran testimoniales y la distribución total casi. Prácticamente ningún número llegó a vender 10 ejemplares. Incluyendo los que se destinaban a intercambio interbibliotecario de las universidades y de cortesía a los autores, no llegaban a 100 revistas que físicamente salían de la caja. Del coste me he olvidado, pero por poco que fuera no estaba justificado por la difusión real de los contenidos. Y no es que los contenidos resultaran carentes de calidad, no me corresponde a mi juzgarlo, pero es muy probable que la gran mayoría de los artículos fueran de una calidad científica perfectamente homologable en sus respectivas disciplinas. Pero lo que justifica la publicación no es la calidad, sino el interés, y la escasísima distribución demuestra que ese interés nunca fue alto.

Las personas más encariñadas con la revista se quejaban, y con razón, de que la empresa ocupada de la distribución no se esforzaba por colocar ejemplares en suficientes librerías especializadas. Es cierto, pero en la distribuidora que quejaban, a su vez, de que ese movimiento de papel para tan poca venta no resultaba eficiente. El tipo de contenidos científicos que encontraban acomodo en Huarte de San Juan tienen un interés limitado y probablemente muy distribuido. Quizá en Argentina o México un investigador pueda estar interesado en el archivero Julio Segura para completar una serie de estudios sobre archiveros, pero es inimaginable que llegue allí un ejemplar de la revista en papel. Es obvio que ese tipo de conocimientos, de contenidos, tiene en el entorno digital su nicho natural de circulación. Lo sorprendente es que hayan sido necesarios 10 años más, y unos potentes recortes en la financiación de la universidad, para que se discontinúe la publicación de la revista.

Este retraso en aceptar lo evidente tiene, sin duda, algunas causas. Algunas, honestas, son de orden sentimental: tras años amando el papel, el cuaderno, la revista y el libro, resulta duro dar el paso a la frialdad de los intangibles bits tras una pantalla. Otras, deshonestas, tienen que ver con la confección de los currículos académicos y con el valor que en la tradición de cada disciplina se da a los distintos tipos de "méritos" de los autores.

Sea como fuere, confío en que el cese de la publicación de la revista como tal vaya acompañado de una distribución electrónica de los mismos contenidos, a poder ser en formato abierto y accesible por todos.
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