lunes, 23 de septiembre de 2013

Si te lo ofrecen agresivamente no será tan bueno

En la lista de correos de la universidad ha aparecido un mensaje que nos anima a salir de la tarifa de último recurso y que abracemos las maravillosas ofertas del mercado libre de la electricidad. Dos días antes había venido a casa una persona de una compañía eléctrica, la misma que tengo contratada, a pedir la firma para que la factura volviese a ser bimensual... mentira. Al leer el contrato era un cambio completo de tarifa lo que se pretendía. No quiso dejar el documento que pretendía que firmáramos. O tomas la decisión en caliente o no tienes información. Claro que igual saben que serviría para denunciarles.

Ahora ya no lo hacen tanto, pero las compañías de teléfono seguían la misma táctica, llamarte por teléfono para ofrecerte tarifas maravillosas que no habías solicitado. Y en ocasiones, ese marketing agresivo pasaba la raya y daban por firmado un contrato que nunca se había firmado. A mi padre le ocurrió y tuvimos que pelear meses para revertir la situación.

Telefonía y consumo eléctrico comparten características muy similares: son servicios hoy en día esenciales en manos de oligopolios que se escurren de los intentos (poco firmes por otra parte) de regulación estatal. Esto supone unos mecanismos de tarifación abstrusos hasta lo incomprensible. No es por tirarme el pegote, pero siempre pienso que si en una familia con varios titulados superiores, algunos en ingenierías no tenemos clara la factura de la luz ¿que ocurre en el hogar medio? Solo el "consentimiento informado" tiene sentido. El consentimiento basado en la confianza que te merece el comercial lleva a latrocinios como el de la preferentes, un robo organizado y masivo del dinero de pequeños ahorradores de escasa capacidad crítica (por formación y edad sobre todo).

Es un problema complejo, en el que las asociaciones de usuarios y las administraciones públicas deberían luchar con más efectividad contra los lobbies de los proveedores de servicio. En todo caso, hay una regla de oro, de esas que las abuelas sabias siempre tenían presente: si te esfuerzas tanto en vendérmelo, seguro que no es tan interesante.

La figura, de aquí, es de una tarifa (publicitariamente espectacular) que también incluía clausulas encubiertas extrañas según cuentan aquí. Pero vamos, hay miles de ejemplos, no se trata de hacer una lista.
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