domingo, 11 de diciembre de 2011

Obeso informacional

De la misma forma que cada día ingerimos una cantidad de alimentos variados, también consumimos información de distintos tipos. Así como medimos el valor energético de la alimentación en calorías, podríamos plantearnos las “inforías” para la información, entre otras similitudes …

Hay un metabolismo basal que requiere unas mínimas calorías, del mismo modo, para estar intelectualmente vivo, habría también un mínimo diario de inforías que ingerir.

Para la comida siempre nos han dicho que no “piquemos entre horas”, que hay que comer a la hora de las comidas: desayuno, comida, merienda y cena. En el caso de la información yo antes también tenía “las comidas”: siendo el periódico y el libro de antes de acostar las más definidas. Pero internet, y más concretamente las redes sociales han supuesto un picoteo entre horas verdaderamente potente. Si la analogía sigue siendo válida, estoy a punto de convertirme en un obeso informacional. El desayuno (i.e. el periódico) lo he suprimido hace tiempo ya, y los chuletones (novelas y libros en general) siguen cayendo pero es probable que en menor cantidad. ¿Puede uno basar su alimentación en las pipas (twitter)? Bueno, sin olvidar las galletas y snacks (blogs). Supongo que algunos hábitos higiénicos como comer de todo un poco, no centrarse en inforías de la misma tendencia y no darse atracones excesivos serán también sensatas en la dieta informacional. Del mismo modo, hacer ejercicio ayuda a mantenerse en forma, el ejercicio informacional es la escritura (y la recomendación- curation) supongo.

A pesar de la obra de Grande Covián y tantos otros, el tema de las dietas no está ni mucho menos cerrado. Menos aún se puede dar por establecida la dieta mediterránea de las inforías, esta analogía no pasa de ser una broma sugerente. Aún así, un poco de cuidado con la dieta informacional yo creo que conviene tener.

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