domingo, 8 de junio de 2008

Anti- Anti- Bolonia

Gracias a la reforma de los estudios universitarios que pretende la homologación europea, están reverdeciendo movimientos estudiantiles que estaban la mar de mortecinos. Todas las leyes relativas a la universidad desde el fin de la dictadura, comenzando con la de autonomía, se han encontrado con un enfrentamiento radical de los estudiantes (al principio con muertos y todo). Yo estuve en la manifestación que hizo famoso al cojo Manteca (ver también aquí) aunque mientras el rompía el cartel de Banco de España yo estaba aún en Callao. Aún me estoy preguntando porqué fui exactamente. Recuerdo que una de las cosas que más me preocupaba era la disminución de la duración de las carreras... Visto desde hoy, y tras haberme dedicado profesionalmente al conocimiento, el último curso entero me lo podría haber ahorrado.

Volviendo al presente, Bolonia se ha convertido en el nuevo grito de guerra con el que los nostálgicos de revoluciones marchitas cogen aire y sueñan con ... ¿con qué? "No dejaremos que acaben con la educación pública" dice la cabecera del blog que me ha sugerido estas líneas. Habrá que suponer que esa es una de las principales reclamaciones. la "privatización" de la enseñanza superior.

A mi me resulta verdaderamente sorprendente, dado que en mi opinión el EEES es una muy buena oportunidad para revertir la privatización que se está dando ya. En la última década, fundamentalmente por razones demográficas, la Universidad española ha perdido muchos estudiantes, pero las privadas (y de la iglesia) han crecido. Además ya no son los peores estudiantes, como pasaba antes, los que van a las privadas: los mejores estudiantes también escogen ya las privadas. En mi opinión este hecho se debe a que el plus de calidad de las públicas (que es muy evidente y se percibe claramente) aporta cada vez menos valor a la hora de elegir, mientras que el ajuste a la demanda (dobles titulaciones, inglés, prácticas en empresas, títulos con alta empleabilidad, etc.) es cada vez más valorado. Esto, claro, junto con el aumento de nivel de vida que difumina la ventaja competitiva del precio.

Claro que estos análisis algo más sutiles tienen mucha menos pegada que los eslóganes como "no dejaremos que acaben con la educación pública". Tengo la sensación de que, en aras de un progresismo supuesto, el movimiento estudiantil resulta verdaderamente tradicionalista.
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