domingo, 14 de enero de 2018

Científicos y políticos

Llevamos ya muchos años con una enorme crisis de confianza en el sistema político en que tenemos. Un sistema que "permite" que entremos en una crisis económica como la que no termina de amainar, que se llena de "puertas giratorias" y todo tipo de cerruptela y corrupciones de los que ocupan el poder. La quiebra del bipartidismo no ha resuelto el tema, los nuevos partidos se han hecho viejos en un santiamén.


¿No habrá por ahí técnicos que sepan hacer mejor las cosas? ¿No se podría hacer la política como se hace la ciencia?

Hay una primera distinción importante (que ya comentaba en este blog hace casi 10 años) qué es política y qué es gestión. Una cosa es decidir qué queremos hacer como sociedad y otra llevar a cabo esa decisión. Sin duda en el nivel de la gestión el conocimiento técnico debe primar, así como la independencia jerárquica del poder político para poder hacer prevalecer ese juicio técnico. Para eso están los funcionarios. Quizá la frontera entre un nivel y otro haya que ajustarla un poco (el reciente ejemplo de la dirección eneral de tráfico ante las nevadas da algunapista), pero no es descabellada.

Pero en el nivel político, en el de decidir que queremos hacer coelctivamente ¿no hay que introducir más ciencia? Sin duda, cuanta más mejor (1).  Hoy día hay un enorme corpus de conocimiento de temas concretos (transgénicos, cambio climático, inutilidad clínica de la homeopatía, etc.) pero yo no tengo claro que haya una traslación directa de ese conocimiento a la toma de decisiones colectiva (la política).

¿Construimos una presa, una línea de tren de alta velocidad, un auditorio o nada de eso? Hay geólogos que calcularán la probabilidad de que haya un terremoto en la zona, la estabilidad del terreno, etc. Hay expertos que darán el trazado óptimo, calcularán el radio y peralte de las vurvas o el número de salidas que ha de tener el auditorio. Hay economistas que harán cálculos de costes de las infraestructuras, y sociólogos que pueden encuestar a la población y conocer la aceptación inicial de esas obras. Pero todo ese conocimiento ¿cómo se convierte en una decisión? Al final decir sí o no es una cuestión que no tiene respuesta científica.

Por supuesto que cuanto más y mejor asesoramiento basado en la evidencia exista, menos decisiones pésimas se tomarán (cuando la presa se va a caer casi seguro, o el auditorio tiene un coste impagable, que de esas hemos visto algunas). Pero me temo que este camino no va a solucionar el desasosiego que nos produce la crisis de representación posrcrisis económica.

Lo de que fueran "los políticos" los gobernantes ni lo considero. Yo quiero que me opere un cirujano basado en la evidencia, pero no un investigador. Y para muestra véase el ejemplo del gobierno de las unoversidades, donde todos los "jefes" son científicos profesionales.

A la vista de la anterior, la iniciativa de "llenar el congreso de científicos" que está rondando estos días, está muy bien. Hay que concienciar a la sociedad del valor del conocimiento científico, pero no parece que sea el camino un cambio social grande y beneficioso.

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(1) por cierto, a la hora de introducir la ciencia en la decisión colectiva, no hay qu eolvidar que se demuetra matemáticamente que la agregación de preferencias individuales siempre es imperfecta, véase el teorema de Arrow
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