lunes, 29 de agosto de 2016

El padre y el boli

Vaya, qué mal día hemos tenido, a ti se te muere el padre y ami se me pierde el boli.

Es un chiste clásico, cruel en la equiparación de dos sucesos tan incomparables y, más aún, en la manifestación del egoísmo del narrador capaz de hacerla con naturalidad.

Ayer se publicó un artículo de prensa criticando al movimiento escéptico. Relataba con irónico gracejo cómo éste movimiento ha perdido algún boli que otro últimamente. Además no todos sus miembros son de exquisita corrección política respecto del feminismo o el neoliberalismo... ¿Y?

Claro que hay que hacer autocrítica y buscar los rotos en los bolsillos por los que se nos pierden los bolis, pero sin perder el norte. Hay gente por ahí pretendiendo curar el autismo con lejía, el cáncer con zumo de limón y todo en general con azúcar. Y como lo hacen con una pátina de buen rollito no hay una respuesta social a la altura de las barbaridades que propugnan. Y todos estos padres muertos no tienen quien les vele... Salvo unas pocas decenas de personas, con sus rudezas y sus limitaciones; blancos, con carrera universitaria, hombres heterosexuales en su mayoría, y en ocasiones se pasan de vehementes y no se explican con suficiente claridad. ¡Claro! Son personas humanas de la sociedad en la que viven. No entiendo que para criticar a los charlatanes asesinos que pululan con total impunidad haya que ser elfos prístinos y virginales. Cuando vea artículos del mismo periodista hablando de los padres muertos le enlazaré los de los bolis perdidos   ;-P

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