martes, 22 de diciembre de 2015

El desastre de la ordenación académica a la boloñesa

Los ciclos académicos son más complicados de lo que los profesores tendemos a creer. Pensamos que impartir la asignatura es lo único que hay que hacer con ella y no es verdad. Hay que crear una oferta académica, publicitarla, abrir la matrícula, matricular cada asignatura, dividirla en grupos, vincularlos a profesores, asignar aulas (laboratorios, etc.), documentar la calificación final (acta) y generar la acreditación que corresponda (anotación en el expediente, diploma o lo que sea).

Aunque sea menos evidente de lo que tendemos a pensar, son procedimientos que se vienen desarrollando desde hace décadas (siglos incluso) con razonable eficacia. Además con la informatización de los procesos e Internet la gestión asociada al ciclo académico podría haberse simplificado muchísimo... pero ahí llegó la interpretación local del espacio europeo de educación superior (alias Bolonia) y la liamos parda.


Nos hemos propuesto detallar la oferta académica con extraordinaria precisión (lo cual es bueno) antes de que esté asignado el profesorado que la impartirá (lo cual es imposible). Además esa oferta detallada ha de coincidir con espesos documentos aprobados por instancias superiores (a.k.a. ANECA) pero no está definido cómo conseguir esa congruencia. Hemos de comenzar la impartición antes de concluir la matrícula. Se asigna el cómputo oficial de grupos de prácticas cuando estas han acabado de impartirse. Se nos insiste en la conveniencia de la evaluación continua (lo cual es bueno) pero con pruebas de calificación recuperables (lo cual es imposible)... En fin, solo quería indicar algunas pinceladas de esta receta del lío a la boloñesa que nos trae de cabeza a todos los implicados, detallarla con precisión está fuera del alcance de este texto (y seguramente de mis capacidades).

El proceso de Bolonia nos ha animado a introducir demasiados requisitos en el ciclo académico y el resultado final es que muchos son incompatibles entre si. Pero como hay que sacar el curso adelante, se van supliendo esas incoherencias como buenamente se puede, apagando fuegos con voluntarismo. Pero sin una racionalización integrada del ciclo académico no vamos a poder salir de verdad del desastre en el que estamos sumidos.

Los detalles expuestos son de mi universidad, pero me consta que todas andan en el mismo lío general, otro efecto secundario perverso de la terrible implantación del EEES que está sufriendo el sistema universitario español. A ver si espabilamos de una vez...
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