martes, 17 de diciembre de 2013

Sin evidencia, sin sensatez, sin vergüenza

Es  muy difícil creer que enfocar con un telescopio luz de Venus a una pastilla de azúcar y diluirla luego muchísimas veces genere una pócima capaz de curar la impotencia. Sin embargo, cuando uno está débil y no ve más que clavos ardiendo a los que agarrar sus esperanzas, los agarra. Pasado el susto, y dado que "a mi me ha funcionado" (por que en caso contrario no se habría pasado el susto) se convierte uno en creyente de lo absurdo. Creyente, como todos los creyentes, contra toda evidencia.

Y de esa creencia se hace profesión e incluso multinacional; y gobiernos ¿necios? intentan jugar a dos barajas dando rango de validez a ese negocio de la mentira intentando que no salpique al que verdaderamente funciona y cura.

Y ante tanta falta de sensatez, estos días se han alzado multitud de voces e iniciativas. Por ejemplo la campaña #NoSinEvidencia (con su manifiesto dejándolo claro) y la pieza de El Intermedio que bien merece los minutillos que dura:
Si algún casicreyente ha llegado hasta aquí es posible que se pregunte cómo es posible que se haya montado semejante edificio sobre un absurdo tan inmenso, algo hará que funcione ¿no? En efecto, una capacidad sorprendente del cuerpo humano, muy bien estudiada, que se ha denominado "efecto placebo". Como resumen de lo alucinante que es y lo que se sabe del efecto placebo a mi me encanta este vídeo:

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