viernes, 15 de febrero de 2013

Copiar en exámenes y demostrar competencias

Nos contaban el otro día de un grupo de estudiantes que, ante una tarea planteada, se han organizado, han preparado con antelación documentación pertinente, han planteado el trabajo en equipo, han utilizado tecnología y la han resuelto con éxito. Lástima que la tarea fuera un examen y todas las deseables habilidades puestas en juego para resolverlo estuvieran expresamente prohibidas para la ocasión.

Con el final del semestre de primavera en nuestra universidad, se han conocido una cantidad inusitada de estudiantes que han copiado en sus exámenes, y anda muy revuelto el personal. Y es que no somos tontos y nos nos consuela el mal de muchos (una mitad de estudiantes de Harvard u 80.000 estudiantes británicos).

Parece que si nos damos unas reglas, es para cumplirlas, y quien se las salte merece un reproche moral (y probablemente algo más), no cabe duda. Pero no se puede terminar ahí el análisis de la cuestión.

Es interesante ver que hay quien reclama que copiar es de listos, lo que es de tontos es dejar que te pillen. Por cierto, ese llamamiento no lo encuentro en herederos del Lazarillo de Tormes, sino en ESTE artículo de una revista estadounidense que se proclama portavoz de la generación Y. La percepción de las normas no como colectivas, sino como impuestas, especialmente en esa juventud aún adolescente, produce ese rechazo  que lleva a circunvenirlas casi por deporte. A la vista de esto me pregunto si los estudiantes que han copiado habían recibido explicaciones sobre el porqué del examen y sus normas, si se había hecho un esfuerzo de comunicación para que se sintieran más incluidos en la normativa a la que se verían sujetos.

Otra interesante observación es la escalada tecnológica que experimentan los procedimientos de engaño en los exámenes (ver, por ejemplo), y como la lucha contra ellos requeriría también de la incorporación de medios sofisticados con los que contraatacar, desde inhibidores de señal de móvil hasta cámaras con detección automática de gestos extraños (como parece ser que ya se usan en algunos aeropuertos).

Pero a mi me parece que la deshonestidad en los exámenes es como el dedo que apunta a la luna, y que todo lo anterior son detalles del dedo, y que estamos olvidando el asunto esencial. Mejor ocuparse de la enfermedad que empeñarse en minimizar un síntoma. ¿Cual es la luna... o la enfermedad (que se pone uno metafórico y se pierde)? Los exámenes centrados en la memoria y el trabajo individual son disfuncionales, enormemente disfuncionales. El párrafo del principio y la viñeta que acompaña el texto no son chistes, en mi opinión son buenos diagnósticos de la situación. ¿Qué es lo que queremos evaluar en los estudiantes? Idealmente su capacidad de resolver problemas reales en un entorno real basándose en los conocimientos de que se trate. Si ese es el objetivo, un examen individual y memorístico no cumple la función, sorprendentemente, copiar en el examen la cumpliría mejor.

Si, si, ya se que los que estamos ahora poniendo exámenes los sufrimos en su momento, y gracias a ellos somos los excelentes profesionales que somos (¿de verdad "gracias a ellos"? ¿De verdad nunca copiamos nosotros?) y nos sentimos seguros reproduciendo lo que vitalmente aprendimos, mucho más que lo que podamos racionalizar a posteriori. Pero igual podíamos sobreponer nuestra profesionalidad a esos sentimientos.

En resumen, creo que hay que proceder a irse olvidando del examen tradicional como base de la evaluación de los estudiantes y tender a pruebas que demuestren la adquisición competencias significativas. Resolver un problema académico solo (con o sin libros) y en un tiempo corto no es una simulación realista de nada que ocurra en entornos profesionales, es una competencia, pero no es significativa. Cómo concretar esa idea en cada asignatura requiere su estudio de detalle. Pero propongo avanzar en esa dirección.

Y por supuesto, sin perjuicio de que los que se han pasado de listos en el sistema que les ha tocado vivir, sufran las justas consecuencias de sus actos.

La viñeta la he tomado de aquí

ACTUALIZACIÓN 19 de septiembre de 2013. La cosa acabó con un compromiso de no copiar que han de firmar los estudiantes de la UPNA a la que se matriculan. Ese compromiso aparece en el inicio del artículo que publica hoy El País sobre el tema de copiar en los exámenes.
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