domingo, 6 de febrero de 2011

Para que sirven los estudios universitarios

Se publicaba hace unos días un estudio, hecho por profesores de nuestra universidad, sobre condiciones de trabajo y calidad en el empleo en empresas Navarras. Uno de los datos me llamó mucho la atención: el 37% de los trabajadores cuestiona la utilidad de la formación académica. Aunque siempre se puede dudar de la precisión del datos, un vistazo a los aspectos metodológicos del informe (que está maravillosamente accesible en la página de la Institución Futuro que es una de las patrocinadoras) permite disipar objeciones mayores: démoslo por bueno. También se le puede dar la vuelta al dato y leer que el 63% de los encuestado no se cuestiona el valor de laboral de la formación académica, y visto así suena mucho mejor (a pesar de que obviamente es lo mismo).

Hay una visión purista que considera que no es misión de la universidad formar para el empleo, que para eso ya está la formación profesional (como su propio nombre indica). De acuerdo con ella lo raro sería que el 63% encontraran valor laboral en la formación académica. Esta visión purista está en recesión, probablemente sólo se mantenga ya dentro de la universidad, y por una minoría del personal.

La universidad tradicional, la de los 500 años de historia (si no 1000) sin duda que no tenía ninguna función de formación profesional; se dedicaba a la filosofía (filosofía y letras o filosofía natural). Los saberes de índole más práctica fueron creando sus propias escuelas de formación al margen de la universidad, algunos con una complejidad técnica y científica tan alta o más que en aquella, como las escuelas de ingenieros. Sin embargo en la segunda mitad del siglo XX el prestigio de la marca “universidad” se hizo muy grande (por alguna razón que desconozco) fue reuniendo en su seno la enseñanza de los saberes más variopintos. Todo el mundo quiso ser universitario y no se le cerró la puerta a nadie.

Esta mínima introducción histórica ayuda a entender la función laboral de la universidad y su diferenciación por disciplinas. Hay disciplinas eminentemente vinculadas a una profesión (derecho, medicina, enfermería, magisterio, periodismo, etc.), y si en ellas no se prepara para la profesión malo. Otras disciplinas no tienen una vinculación directa con una profesión (filosofía, humanidades, física, matemáticas, etc.) y por tanto es imposible que la formación se oriente al empleo. Otra cosa es que la formación en ellas obtenida si que resulte valiosa para determinados trabajos y que no estén carentes de “salidas profesionales”, pero siempre serán más variadas y menos obvias. La enseñanza de estas disciplinas necesariamente debe guiarse por su dinámica académica interna.

Vaya, ahora ya no se que pensar del 37% que pensaba que los estudios no tienen utilidad profesional. Quizá eligieron una carrera inadecuada, o encontraron un empleo muy alejado de sus estudios… o estudiaron unos planes de estudio poco adaptados a la realidad. Este último caso es lo que me vino a la cabeza al leer la noticia, pero si quiero defender ese hecho (que por cierto si quiero) tendré que buscar otros datos que de verdad lo refrenden.

El chiste forges lo he sacado del blog de @yoriento, un interesante lugar en el que profundizar en temas de empleo.

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