martes, 21 de julio de 2009

El calor y el viento

Hoy hace calor. De repente se ha levantado mucho viento. Compruebo que la temperatura del aire es inferior a 36 grados; no como ayer, que cuando se levantó un poco de viento hacía más de 36 grados.

¿Es verdad que se puede saber con seguridad si la temperatura es superior o inferior a un valor dado? ¿Ese valor ha de ser necesariamente 36 grados centígrados? La respuesta a las dos preguntas es si, ahora nos queda entender porqué.

El calor se transmite de diversas formas: conducción, convección y radiación. Entre un cuerpo sólido y un fluido, como es el caso de una persona en aire, el predominante es la convección. Sin necesidad de entrar en detalles ni fórmulas, es fácil entender un par de cosas: (1) que el calor siempre va del cuerpo más caliente al frío, y (2) que cuanto más rápido se mueve el aire respecto del cuerpo más calor se transfiere.

La idea (1) es evidente, el hielo siempre se derrite en la copa, la sopa se enfría, el gazpacho se calienta... La idea (2) también la experimentamos con frecuencia: en inierno cuanto más viento más frío, para enfriar una cucharada soplamos sobre ella.

Por infrecuente, no solemos darnos cuenta de la situación contratia al gélido viento invernal, aunque resulta clara a partir de las dos ideas anteriores. Si la temperatura del aire es superiór a la del cuerpo, cuanto más rápido el viento más calor se transfiere... hacia el cuerpo. Si la temperatura es superor a la del cuerpo abanicarse no refrigera, sino que calienta.

Me contaba mi padre que en su juventud motera iba camino de Córdoba en verano y al sentir calor aceleraba para que el viento le refrigerara, y notaba más calor, hasta que finalmente se paró y entonces sintió un importante alivio. Está claro, el aire estaba a más temparatura que el cuerpo, más de 36 grados.

La convección es un interesante fenómeno resposable de muchas situaciones de la vida cotidiana (y no tan cotidiana). Otro día más.

Figura de aquí.
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