sábado, 14 de mayo de 2011

Plan: vamos a hacer lo que tenemos que hacer

Leo que se aprueba el siguiente plan estratégico de la universidad. Hace tiempo (casi tres años ya) comentaba aquí sobre el mismo tema, y el paso de ese tiempo no me ha hecho cambiar de opinión, más bien al contrario: los planes estratégicos no son herramientas adecuadas a la gestión de comunidades, y en la medida en que la universidad es por encima de todo la comunidad universitaria, no hay nada que hacer.

Si miramos lo que dice la nota de prensa sobre el plan estratégico, resulta que los ejes estratégicos de actuación propuestos son: la formación, la investigación (y transferencia) y la extensión universitaria. Esas tres cuestiones resulta que son las funciones de la universidad tal y como vienen determinadas en el artículo 1 de la Ley Orgánica de Universidades, (así como en las leyes anteriores al menos desde la transición). Está muy bien que el plan estratégico de la universidad coincida con lo que la universidad tiene que hacer por encargo de la sociedad a la que sirve... pero para este viaje no hacen falta alforjas. Para acabar en esa identificación de los obketivos estratégicos con los fines legales, no hace falta ningún proceso de reflexión, ni repetir el proceso bienalmente. De hecho es que el mismo plan serviría para todas las universidades españolas.

Se puede argumentar que dónde empieza la diferencia es en la forma en que se quieren desarrollar los objetivos de la institución, y algo de eso hay, pero eso no es planificación estratégica; no va más allá de un plan de actuación lleno de declaraciones de intenciones y propuestas obvias.
Que quede claro que no critico este plan estratégico de esta universidad por que sea especialmente malo o algo así, lo uso de ejemplo de todos los planes estratégicos de todas las universidades públicas españolas. Es un ejemplo de un problema general: las comunidades no admiten planificación estratégica, su auténtico objetivo estratégico es la mejora de la calidad de vida de sus componentes.

Es posible que el endurecimiento del escenario financiero de las universidades obligue entre otras cosas (como a diferenciarse unas de otras, a competir, a preocuparse por la satisfacción del usuario, etc.) a involucrarse por completo en procesos de planificación estratégica, pero de momento no son más que tristes pantomimas.
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