
Lo anterior es un ejemplo sencillo, ficticio por cierto, de las intrincadas relaciones que se forman en sistemas complejos; así como de lo cerca que tenemos algunos sistemas complejos en la vida cotidiana. También ejemplifica la solución evolutiva para enfrentar con garantías esa complejidad: las buenas costumbres.
En estos razonamientos reconozco el poso que me dejó la lectura de Marvin Harris, del que hace años leí todo lo que encontré. Habla él de comportamientos evolutivamente adaptativos y de su elaboración onírica. Según esta idea ser limpio y ordenado, vestir de una forma no estridente y demás serían comportamientos que maximizan el éxito, comportamientos evolutivamente adaptados. En cambio los conceptos de persona decente, hombre de bien o cosas parecidas serían elaboraciones oníricas de ese conjunto de comportamientos.
Es fácil reconocer la arbitrariedad, incluso el absurdo, de muchas elaboraciones oníricas sociales: vestir a la moda, las personas de bien, el matrimonio, etc. De hecho son objeto tradicional de la rebeldía adolescente y fuente de contraculturas. Sin embargo no es tan fácil reconocer la potencia de los comportamientos adaptativos que se agazapan tras ellas y que fuerzan a que acaben reinstalándose. Así encontramos tanta militancia en el uniforme de los punks como en la de los banqueros o la creación de un registro de parejas de hecho que conserva lo adaptativo del contrato entre dos personas (cambiándole el nombre, eso si).
Que lejos llevan las reflexiones en la ducha y que potente es la idea de elaboraciones oníricas de comportamientos adaptativos...
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