lunes, 12 de octubre de 2026

En ansiado fin de la izquierda homeopática

Cuando la forma habitual de tratar pacientes se basaba en equilibrar sus humores y podía requerir sangrías con sanguijuelas, no hacer nada era una opción compasiva. En esos tiempos nació esa extraña idea de curar con agua (tras unos procesos equivalentes a conjuros mágicos) que aún tiene adeptos y que se llama homeopatía. 

De un modo muy parecido,cuando Thatcher y Reagan reinstauraran el liberalismo como doctrina indiscutible la izquierda se volvió homeopática. Las sangrías de lo público, muchas veces con sanguijuelas oligárquicas, parecía que no tenían más alternativa que no hacer nada, un vasito de agua quizá. 35 años con el único propósito de "frenar a la derecha" son muchos años. 

Bien es verdad que ahora la derecha es ya "ultra" y que el liberalismo se ha quedado pequeño, ahora hay que recuperar el papel del estado, pero para proteger a los poderosos (y las esencias patrias). Con la excusa de la soberanía (que no es mala excusa, por cierto) ya podemos utilizar aranceles y proteccionismos varios. Pero solo en lo macro, en lo que beneficie a los grandes. En lo personal: salud, educación, vivienda o dependencia, nada de proteccionismos, ahí es el mercado el que provee.

Y ante esto no parece que haya más receta que oponerse, ponerse en frente, "parar a la ultraderecha", luchar mucho para quedarnos donde estamos, como la reina roja de Alicia. Esta política de que, en el mejor de los casos, no pase nada es enormemente desmovilizadora. El sentimiento de miedo puede generar cierto movimiento, pero al final acaba en desánimo. Cuando a eso se le une la normalización de lo que antes era impensable y tu cuñado ya se declara de Vox sin vergüenza, ese que en el fondo no es tan mala persona, la demovilización es total.

Ya vale de homeopatía política.

Es verdad que hay que trabajarse el imaginario, que el aterrizaje de los valores de la izquierda en un proyecto realista no está siendo fácil. Uno de los lastres es la nostalgia de aterrizajes anteriores que, por distintos motivos (pero alguno muy esenciales) resultaron fallidos. Si hay una figura que me parece que representa maravillosamente esa izquierda eficiente y desprejuiciada es Zohran Mamdani, actual alcalde de Nueva York.

 Quizá va siendo momento de que el frente amplio no sea tan amplio y sea más eficaz. Aunque no estén todos, todos, si hay una propuesta realmente atractiva se puede conseguir movilización y, lo que es lo importante, que todo el esfuerzo se dirija hacia políticas de verdad, superada ya la larga época de la homeopatía política de la izquierda.

 


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Un ejemplo reciente de homeopatía política: Subir al 10% el IVA de los pisos turísticos como medida estrella ¿no es homeopatía política? una actividad económica que, como las demás, debería tributar al 21%. Una actividad en muchísimos casos ilegal ¿no debería controlarse? Una actividad que dificulta la vivienda de ciudadanos y facilita la turistificación. Algo tan obvio, desde la izquierda más extrema, en el límite de sus posibilidades, propone el 10%, vamos no me jorobes...   

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