miércoles, 21 de noviembre de 2018

Petricor y geosmina

Leyendo esas dos palabras tal cual ya nos imaginamos la primera en masculino y la segunda en femenino, el petricor y la geosmina. Si fuesen formas geométricas la primera más angulosa y la segunda con formas redondeadas (como las de la figura), son palabras con las que se cumple bien el efecto Bouba Kiki, descubierto en 1929. Ambas palabras derivan del griego. Geosmina significa olor a tierra, y petricor sangre divina de las piedras (“icor” es la esencia que corre por las venas de los dioses en la mitología griega, la sangre queda para los mortales).

En zonas áridas hay plantas que, en tiempo de sequía, exudan unos aceites cuya presencia retrasa la germinación de las semillas. Son unos mensajeros químicos que evitan que las semillas intenten germinar en situaciones en las que la vida de la planta se va a ver seriamente comprometida. Partes de estas plantas, arrastradas por el viento, dejan esos aceites sobre las rocas con las que rozan. El impacto de las gotas de agua en las piedras cuando concluye la sequía arrastra al aire las moléculas de aquellos aceites. El suelo se lava del mensajero que prevenía la germinación, y una parte de este pasa a estar suspendido en el aire, produciendo en los humanos el característico olor a lluvia. El conjunto de estos aceites es lo que bautizaron como petricor los geólogos australianos que los descubrieron. Se trata de una sustancia compleja formada por más de 50 moléculas distintas, que no se ha conseguido sintetizar artificialmente.

La geosmina es una sustancia química, una molécula producida por bacterias como Streptomyces, Penicillium y algunas cianobacterias que están en el suelo, en la tierra. Las bacterias segregan esta sustancia en la tierra húmeda, pero no (o muchísimo menos) cuando está seca. Esto se convierte en un indicador químico de presencia de agua, lo que diversos animales son capaces de percibir, indicándoles dónde dirigirse para beber. Son especialmente sensibles los camellos, que en el desierto del Gobi son capaces de encontrar agua a 80 Km de distancia, pero otros animales, incluso insectos, también son atraídos por la geosmina. Las bacterias obtienen un beneficio reproductivo del hecho de que distintos animales acudan a donde están ya que ayudan a dispersar sus esporas.

No encuentro demasiadas referencias a investigaciones sobre el petricor, en cambio la geosmina si es objeto de multitud de estudios. No es extraño, ya que su principal productora es una bacteria que produce varios miles de sustancias químicas, algunas de carácter antibiótico muy importantes para la industria farmacéutica. También es relevante porque la geosmina interfiere con otra industria potente como es la del vino, colándose como un aroma indeseable en ciertas ocasiones.

Sea por petricor, o sea por geosmina, parece que el “olor a tierra mojada” procede de sustancias que han sido seleccionadas por la evolución precisamente como indicadores químicos de la presencia de agua en entornos áridos, en los que esa información es importante (bien para semillas que deben germinar entonces o para animales que vayan a beber). Siendo así, no es extraño que la sensibilidad y capacidad de identificación de ese aroma haya sido importante en la historia evolutiva de nuestra especie. Un olor significativo en el nivel de la especie, no como el olor a invierno o a casa de la abuela que, de serlo, son importantes a nivel individual.

(Esta entrada continua la anterior sobre el "olor a invierno")

Algunos enlaces:
https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-642-87699-8_8
https://othernationsdotcom.wordpress.com/2013/04/28/earth-perfume-and-the-scent-of-rain/
https://www.terrapinbrightgreen.com/blog/2016/05/scentimental-associations-with-nature/
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