viernes, 7 de junio de 2013

La delgada línea entre el prejuicio y la idea inspiradora (en ciencia)

Cuando oímos hablar de la hipótesis Gaia o de la teoría de Supercuerdas no sentimos lo mismo. Me refiero a la primera impresión, el feeling, antes de poner en marcha el procesamiento racional. Lo primero a priori suena a misticismo  y, apurando, a hippy. Mientras que lo segundo suena a seriedad, solidez, matemáticas… Parece ser que apreciar la interrelación entre biología y geología suena menos científico que proponer que el universo tiene 26 dimensiones.

En realidad lo que resulta intolerable al escrutinio científico son los prejuicios. Si uno ya tiene su juicio hecho antes de comenzar la actividad científica la va a hacer mal, la propensión el “cherrypicking” (elegir los casos que te convienen y olvidar los que no) es inevitable, entre otros sesgos y errores. La enloquecida sucesión de epiciclos con que Ptolomeo intentaba reconciliar las observaciones con su prejuicio de que todas las órbitas han de ser circulares es un ejemplo claro. El misticismo ha generado múltiples ideas que, asumidas en la actividad científica no son otra cosa que prejuicios. Y a eso “suena” la hipótesis Gaia, a misticismo impregnando la investigación. En realidad si se le quita del nombre esa referencia a la deidad griega y se analiza la propuesta en sí y la evidencia científica al respecto (el modelo DaisyWorld es impresionante) resulta evidente.

Intentar unificar las 4 fuerzas de la naturaleza, o reconciliar la mecánica cuántica con la relatividad general, en principio, no son prejuicios. Más bien son ideas inspiradoras, planes estratégicos para la actividad investigadora de los que se dedican a ello… ¿Y reconciliar la mecánica cuántica con el libre albedrío (1) y, en última instancia Dios? ¿Eso es prejuicio o idea inspiradora? Pues vaya usted a saber. Supongo que no hay una respuesta cerrada. A mí personalmente no me gusta esa línea de investigación, pero tampoco la de las 26 dimensiones y demás desvaríos de la física teórica, que teoriza mucho más lejos de lo experimentable.

Estas cosas me venían a la cabeza tras leer el último artículo de Antonio Aretxabala (reproducido en diversos medios, p. ej. 1, 2), que comienza “La adopción de un enfoque uniforme que contemple los cambios atmosféricos y los telúricos en estrecha relación es ya una mirada emergente cada vez más presente entre los científicos”. Un artículo que me ha generado una sensación ambivalente, porque en primera lectura me ha olido a prejuicio hippy, y en segunda creo que lo que realmente dice es casi evidente… con lo que sugiere la forma de decirlo aún estoy digiriendo.

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(1) Alguien tan científico, sin duda alguna, como Penrose ha dedicado mucho esfuerzo a ese problema.

La foto es de aquí
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