miércoles, 16 de mayo de 2012

Decisiones políticas de base científica

En la entrada anterior me dejaba (al menos) un tema pendiente, el de la agregación del conocimiento científico para conformar decisiones políticas en temas de fuerte base científico- tecnológica.

Hace años impartía un curso de doctorado compartiendo clases con un par de buenos amigos, sociólogos especializados en la construcción social de la ciencia (que acabaron publicando éste libro). No coincidíamos en algunas cosas, ellos me llamaban naïve y yo a ellos postmodernos, un poco exagerados ambos "insultos". De los intentos de reconciliar posturas surgió la idea de la complejidad de agregar "verdades científicas" que se ilustra en la figura y expongo a continuación.

En la base de la pirámide están las "verdades científicas", enunciados incuestionables derivados del conocimiento acumulado bien establecido. Cosas del tipo "las piedras caen hacia abajo" (obviamente siempre que estemos suficientemente cerca de la tierra), "El radio medio de la tierra es de 6.371 Km", "Las antenas de telefonía móvil emiten radiación electromagnética de una determinado intervalo de frecuencias", etc. Estos enunciados tienen la virtud de proporcionar un elevadísimo grado de certeza, se pueden considerar verdaderos a todos los efectos prácticos. Lo malo es que la utilidad práctica de los mismos no es demasiado grande.

Si lo que uno quiere dilucidar es si debe o no extenderse la licencia de funcionamiento de una central nuclear o la conveniencia de restringir la colocación de antenas de telefonía móvil no se puede recurrir a verdades científicas simples, no existen enunciados verdaderos que respondan estas cuestiones. No hay más remedio que elaborar razonamientos complejos que vayan integrando progresivamente los conocimientos ciertos, escalando por la pirámide de la figura, camino de la respuesta de interés social. Lamentablemente en ese camino a la vez que se gana relevancia se pierde certeza (aunque no siempre en la misma medida).

Las decisiones políticas, las representadas por la cima de la pirámide de la figura, se pueden reducir a analizar ventajas e inconvenientes y a sopesar entre ellos. La valoración de las ventajas frente a los inconvenientes es una cuestión personal (1) muy ligada a la ideología (la visión de futuro de la sociedad ideal que tenga el individuo), y la consideración conjuntamente las opiniones de diversas personas es la base de la democracia. Sin embargo la formulación de las ventajas y los inconvenientes es una cuestión de carácter técnico, es ahí dónde el trabajo honesto de agregación de verdades científicas es fundamental.

Es difícil mantener la estructura de análisis y que los técnicos no se metan en política ni los políticos en lo técnico. Por ejemplo, es bien sabido que la probabilidad de morir en accidente de coche es considerablemente más alta que la de morir en accidente de avión; pero el juicio técnico acaba ahí, y cada persona es muy libre de temer más un suceso más improbable que uno más probable (para desesperación de muchos técnicos). Al contrario también ocurre, cuando un técnico presenta un dato muy contundente en contra de la opinión del lego que ha de valorar, es típico que se le acuse de "vendido" al poder económico de la causa contraria (las farmacéuticas, el lobby nuclear, o lo que fuere menester).

En mi opinión, una estructura seria de análisis de cuestiones de base científica e interés social es muy importante, y hay muchísimas cuestiones en las que la discusión está abierta y hay hueco para argumentos, contraargumentos y valoraciones múltiples. Creo también que es un error tremendo esforzarse en buscar polémicas dónde las verdades científicas están suficientemente claras. Tristemente los ejemplos son muchos, algunos:
- Las vacunas no causan autismo (aunque lo dijera un juez)
- La homeopatía se reduce al efecto placebo (aunque "a mi me funcione)
- La radiación que soporta la telefonía móvil no produce cáncer ni otros problemas de salud (aunque ciertos panfletos cuenten con apoyos excesivos)
- Etc. etc.

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