lunes, 26 de septiembre de 2011

Sobre el horario escolar (con datos)

Durante los últimos años hemos asistido a acalorados debates sobre la bondad o maldad de la jornada continua de nuestros escolares. Aunque el motor de algunos planteamientos fuera espurio, y en algunos casos lo que se buscaba fuera la jornada continua del profesorado, la cuestión tiene interés en sí misma: desde un punto de vista puramente educativo ¿es más adecuada una jornada continua o una partida?

Sobre esa cuestión se pueden dar multitud de argumentos en un sentido y en el contrario, pero he visto muy pocos (por no decir ninguno) estudios científicos que soportaran unos u otros argumentos. Por eso me ha parecido especialmente importante comentar un estudio que si puede aportar luz (basada en la evidencia) en esta cuestión.

El estudio está citado en el libro Outliers que comentaba en el blog hace poco (en la pg 255 y ss. de la edición que tengo) y fue realizado por Karl Alexander siguiendo un conjunto de 650 escolares a lo largo de toda su primaria.


A estos chicos les tomó una serie de pruebas estandarizadas sobre habilidades lectoras y matemáticas. En la gráfica A adjunta se presentan los datos de puntuación a lo largo de los años segregados por clases sociales. Se ve que todos progresan linealmente, desde puntuaciones en el entorno de los 300 al de los 500. Lo más relevante es que la diferencia por clases sociales se acentúa con el paso de los años. Intentando buscar la razón de esa diferencia por clases sociales analizó puntuaciones de los test hechas al comienzo del curso y al final del mismo. 

En la gráfica B se presentan los datos del progreso a lo largo del curso (puntuación al final de un año menos la obtenida al principio) y podemos ver como las diferencias por clase social son prácticamente nulas, todos aprenden por igual en el período escolar (y menos con el paso de los años, pero eso no nos interesa ahora).

Por último, la gráfica C presenta la evolución durante el período vacacional (la puntuación al comienzo de un curso menos la obtenida al final del anterior). Ahí si que se observa una diferencia clara, los escolares de clases baja y media no aumentan conocimientos en el verano, incluso los pierden en algunas ocasiones, mientras que los de clase alta si que mejoran significativamente. Se puede concluir por tanto, que el aumento diferencial de rendimiento de los estudiantes de clase alta se ha debido a su mejora en vacaciones, fuera del período escolar, mientras que la ganancia de las clases baja y media se debe precisamente al período escolar. No es difícil imaginar razones que expliquen estos datos: mientas que los niños con pocos recursos pasan las vacaciones "a su aire" y con pocos recursos culturales a su alrededor, los pudientes (y que tienen padres que se ocupan de estos temas) van a campamentos y tienen a su disposición libros, ordenadores y demás.

Si trasladamos las conclusiones de este estudio a la pregunta inicial, ¿es mejor la jornada continua? la respuesta es que depende de para quien. La jornada compacta, la que deja toda la tarde libre será beneficiosa para los escolares de clase alta, que pueden aprovechar esas tardes en actividades extraescolares pagadas o disfrutando de un cuidado y unos materiales importantes. En cambio la jornada extendida será mejor para los estudiantes que no disponen de esos recursos y que por tanto no van a aprovechar académicamente ese tiempo liberado.
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La verdad es que en plena marea verde contra los recortes en educación hay quien puede malinterpretar este comentario, espero que no sea así, que se pueda entender de una forma no coyuntural.
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Los datos que se presentan en la figura están tomados del libro Outliers, y las gráficas son elaboraciones propias de los mismos.
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