miércoles, 5 de enero de 2011

Civilización

Entre las celebraciones de fin de año, si se es suficientemente friki, no podía faltar una partida de Civilización: un juego de tablero clásico (detalles y enlaces en la wikipedia), diseñado en 1980 y que actualmente se cotiza de segunda mano entre 60 y 500 dólares.

Es un juego no trivial pero que no necesita un entrenamiento largo, es divertido desde la primera partida. El objetivo último es civilizar a tu pueblo y que avance por la historia, pero para ello hay que conseguir saberes, que se compran con bienes, que hay que haber comerciado para multiplicar su valor, y que se obtienen a partir de las ciudades, que estableces sobre el territorio.

Hay un conjunto de mecanismos de corrección que hacen que se equilibren los distintos jugadores, y aunque hay intervención del azar (en forma de calamidades) este no es ni mucho menos definitivo, gana el que juega mejor.

Pero si me ha parecido interesante comentar el juego aquí es por lo formativo que resulta. Lo primero en la idea de propiedades emergentes, en este caso comportamientos emergentes: da igual quien juegue, se desarrollan los mismos roles. Y lo segundo por el tipo de comportamientos que emergen. Se entablan "guerras" como males menores, no deseados por nadie pero inevitables (o muy convenientes) ante excesos de población. Si algún jugador se descuelga de los demás se dedica a molestar el avance de los otros; alguien bautizó ese comportamiento como "pueblo terrorista". Pero si ese "pueblo terrorista" remonta y se sitúa en un nivel análogo al de los demás jugadores cesa en su comportamiento de hostigamiento concentra todos sus esfuerzos en su propio beneficio. Lo auténticamente efectivo si se quiere que un jugador no progrese (por ejemplo porque va muy por delante de todos los demás) lo que funciona es el embargo comercial, no la "guerra" en el tablero. Etc.

Resulta fascinante el surgimiento de toda una política internacional de un conjunto de reglas tan sencillo (no en comparación con el Monopoly, pero si en comparación con la política real). Tan fascinante que resultaría un recurso educativo excelente para más de una disciplina (sociología, economía, política, ...). Incluso he llegado a pensar que debería ser obligatorio haber jugado al menos 10 partidas para presentarse a unas elecciones.
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