jueves, 8 de octubre de 2026

Malismo cultural y motosierra real

 


Ha muerto Maricarmen, la gota que colmó el vaso del descontento inmobiliario. Por azares del destino ese desahucio, de tantos que hay, se convirtió en un símbolo. Y como tal símbolo, los contrarios a lo que simboliza le han atizado con una colección de difamaciones y bulos alucinantes. Han hecho gala de una maldad considerable, pero como se ha puesto de moda el malismo, insultar a una anciana doblemente desahuciada, resulta hasta gracioso, moderno, muestra de rebeldía y fuerza... al menos para algunos desnortados.
 
Por lamentable que resulte esa falta de humanidad, no deja de ser una actuación en el mundo simbólico. Son insultos y bulos que no tienen efecto real, son munición para las guerras culturales. A la vez, en el mundo real, se siguen poniendo en práctica políticas concretas de efecto inmediato, cosas que sí operan en el mundo real. La sanidad, la dependencia o la educación públicas sufren recortes y ataques de los gobiernos que tienen competencias reales.
 
Nos duele más el malismo simbólico que la coherencia política del neoliberalismo radical. Las guerras culturales nos afectan al ánimo. Pero no deberíamos perder el auténtico foco de la evaluación racional de las políticas reales. Ahí algunos no son tan progres como quieren hacer ver hoy día, pero la motosierra de los otros es descomunal.
 

  

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