Debería ser una fiesta la organización pacífica de un sistema de agregación de preferencias que permite optimizar la satisfacción en la gestión de lo público. Pero desde que tenemos fuerzas políticas, normalizadas y en ascenso, abiertamente extremistas en su impugnación de la democracia, de las normas, de la ciencia, del el respecto a las minorías, etc. etc. la fiesta está totalmente arruinada.
Mientras todos aceptan las reglas no hay enemigos sino adversarios, pero si las reglas están en disputa la contienda se tensa una barbaridad. A ver cómo mantenemos durante 35 días el espíritu de que estamos construyendo un futuro, no evitando una catástrofe.
Descubro que hay una novela que se llama "la fiesta de la democracia" y que pinta tan estupenda como su portada. Habrá que lerrla

No hay comentarios:
Publicar un comentario