El testimonio es especialmente dramático porque es la pareja de una de las personas fallecidas en el accidente. Pero también es especialmente iluminador, como el niño del cuento del traje nuevo del emperador que señala la estupidez de unos ropajes maravillosos que realmente no existen.
Toda esa prisa, esas productividad, esas títulos grandilocuentes que lucir en la tarjeta de visita, son tan inexistentes como el traje del emperador, mientras jugamos a que nos lo creemos aguantamos la farsa, pero en el momento que consigues salir de la rueda de hámster se revela la vacuidad en toda su crudeza.
Se puede argumentar racionalmente de muchas formas la quiebra de ese capitalismo, el destrozo climático o la injusticia del reparto entre otros muchas cosas. Pero más potente es verlo en la desesperación de este doliente señor que clama por hacer un mundo mejor.
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Y muchas gracias a las personas que me contactan directamente cada vez que manifiesto desánimo al pie de estas notas. Intentaremos resistir a nota diaria, total, "solo" quedan 30 días más...

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