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martes, 3 de diciembre de 2024

Privatización educativa, contra la igualdad de oportunidades

 Últimamente ando metido en política más formalmente que antes. En realidad toda la actividad pública de una persona es política en ciento sentido, pero cumplidos los 60 me he incorporado de una forma más expresa. Como parte de ese activismo escribí un artículo junto con Pedro González de Molina (el escribió casi todo, la verdad) que nos publicaron en Público. Está abierto y se puede acceder en ESTE enlace.


Dejo directamente a continuación los tres párrafos sobre universidad:

A esto tenemos que añadir que en el último cuarto de siglo no se ha creado ninguna universidad pública mientras que la cantidad de privadas, de dudosa calidad, no para de crecer. En los 25 años posteriores a la muerte de Franco, se hizo un esfuerzo por la democratización del conocimiento que se materializó en la creación de campus universitarios en muchas ciudades, alcanzando a todas las Comunidades Autónomas. Parece que ese impulso se agotó, lo que era posible y deseable en los años 80 o 90 se ha vuelto una quimera en los 2020´s. Si las universidades privadas proliferan es, entre otras cosas, porque las públicas dejan un hueco importante de necesidades por cubrir. Ese hueco no se mide necesariamente en número de universidades, pero sí en el de titulaciones, cantidad y precarización del personal académico, envejecimiento de las infraestructuras y otros muchos indicadores.

Cuando se analizan los servicios públicos, como en este caso el universitario, puede parecer que estás viendo una serie en alguna plataforma televisiva. La temporada 1975-2000, con sus diferentes episodios (i.e. los distintos gobiernos) tenía un arco narrativo claro, la extensión y democratización del servicio, la involucración del sector público y un compromiso inversor apreciable. En unos episodios se avanzaba más en la línea del arco de la temporada y en otros menos, pero la dirección es reconocible. Con el cambio de siglo cambiamos de temporada, y el arco de la nueva es muy distinto basado en la sensación de que ya hay un servicio universitario suficiente y que lo que pueda faltar ya no es responsabilidad común. Así, episodio a episodio, gobierno tras gobierno, la financiación de las universidades públicas se va estrangulando. En unos episodios más deprisa y en otros más despacio, pero con una dirección tristemente clara.

Los últimos ejemplos los tenemos en la combinación de estrangulación financiera por parte de la Comunidad de Madrid, y sus dos discípulas en cuanto a políticas regresivas, la Junta de Andalucía y Extremadura, a la par que se impulsan más universidades privadas. Este movimiento está ocurriendo en más países, como en el Reino Unido.

martes, 29 de octubre de 2024

Males de la ciencia y doctorado

 En el marco de la reunión de la reunión sobre el doctorado que las universidades del G9 celebran estos días en Pamplona, me invitan a contarle a las personas que dirigen las Escuelas de Doctorado mis rollos sobre males de la ciencia. Además de agradecerles mucho la oportunidad, he preparado unas dispositivas, estas:

miércoles, 20 de marzo de 2024

¿Prepara la universidad para el empleo?

 En el Colegio Mayor Larraona organizan (en concreto mi amiga Magaly) encuentros de los colegiales con personas mayores que les hagan pensar sobre cosas menos habituales para ellos. A mi me pidieron que fuera para allá y de los temas propuestos eligieron "¿Prepara la universidad para el empleo? y allí estuvimos, invitados a una cerveza, charlando en una mesa redonda.


 Mi tesis principal es que no, la universidad prepara para la reflexión, para ser un(a) intelectual. Al menos en general, hay unas pocas carreras que sí tienen una relación biunívoca con una profesión (medicina e ingeniería, sobre todo). Sobre el papel social de la universidad hay un chiste que se cuenta mucho (que resumo sin gracia): en una comunidad autónoma quieren fomentar el uso de la bicicleta, le piden al rector de su universidad que se involucre y accede montando un curso. El plan de estudios incluye: "historia de la bicicleta", "grandes ciclista españoles", "física del equilibrio en la bicicleta", "mecánica de la bicicleta", etc. No hay prácticas (resultaría caro), se les pone un vídeo y ya está. Se supone que la historieta demuestra la inutilidad de la Universidad, pero en realidad demuestra su inutilidad para conesguir fines prácticos de masas y que si puede formar intelectuales, estudiosos de la bicicleta desde todos los puntos de vista imaginables. El error es pedirle lo que no es su misión y minusvalorar lo que sí hace. Ese cambio de papeles tiene que ver con la "democratización" del acceso a la universidad. Ese nivel de estudios siempre fue un marcador de clase, y es por eso que todos los padres quieren que sus hijes acaben allí, aunque en muchos grados de FP disfrutaría más, encontrarían trabajo con más facilidad y hasta ganarían más dinero. Sí, pero serían "inferiores" en algún sentido. Con la llegada de la democracia y el estado de las autonomías, desde los poderes públicos se quiso satisfacer ese deseo de ascenso social que era mandar a la progenie a la universidad y proliferaron las universidades y las plazas. Y eso obliga a cambiar un poco el foco, la sociedad no necesita tanto intelectual en el trabajo; es estupendo que todas las personas puedan disfrutar de la cultura como ciudadanos ilustrados, pero eso es otra cosa. Es ahí cuando se incorpora ese valor extra de la empleabilidad que aún nos tiene a vueltas con el plan de estudios de las bicicletas. 

En el blog del Colegio Mayor hicieron una entrada, y sacaron otras frases diferentes como titulares, se accede desde ESTE enlace.

jueves, 7 de marzo de 2024

Sin techo

 

Desde hace un par de semanas tenemos una persona viviendo en su coche en uno de los aparcamientos de la universidad. Lo descubrí casualmente al aparcar a su lado. Y es que los primeros días era muy esquivo, no estaba casi nunca cerca del coche, que tampoco tenía un aspecto desastrado. Esta mañana le he visto terminando de limpiar el coche, brillante, repasándolo con un paño mientras fumaba un cigarrillo.
 
A partir de dos detalles, que además son impresiones subjetivas, toda historia que se cree no deja de ser pura ficción, pero el caso es que me la imagino. Imagino la inquietud de la persona en su primer día en la nueva ubicación, probablemente el primero de calle (o de coche si queremos). Un coche mucho mejor, nuevo y cuidado de lo que corresponde al estereotipo "sin techo", claro. El aparcamiento de un sitio grande por el que pasa mucha gente y en el que es fácil pasar desapercibido ¡y hacer uso de cuartos de baño! Pero es un sitio vigilado, donde quizá sea localizado y animado (con más o menos energía) a abandonar el emplazamiento.
 
Cuesta pocas repeticiones crear rutinas, y las rutinas dan seguridad. La ausencia de incidentes, o contactos no desagradables con las "autoridades" (mee extrañaría que desde atención social o desde seguridad o desde ambos, no le hayan contactado ya) dan seguridad también. Perdido el miedo inicial ya se puede vivir con un poco más de naturalidad y gastar parte del (seguramente demasiado) tiempo libre en dejar brillante ese coche que es el hogar.
 
Todos estamos a dos sueldos de vivir en la calle. Quizá 8 o 10, vale, pero no mucho más. Especialmente si no tienes una red familiar que de cobertura a momentos de desempleo, ruptura de pareja, transitorio descoloque psíquico o lo que sea. Me gustaría pensar que esa persona del aparcamiento es un actor de una intervención artístico educativa organizada para los alumnos del centro (no lo es).
 
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Imagen tomada de un periódico que da como crédito Dall-E2 

miércoles, 3 de junio de 2020

En la libertad universitaria ¿estamos a setas o a Rolex?

En plenas protestas por el asesinato del ciudadano negro George Floyd en EEUU y con movimientos de solidaridad extendiéndose por todo el mundo, Spotify crea la lista de reproducción “Black Lives Matter”. Ese es el eslogan reivindicativo más común de este movimiento, ¿está aportando solidaridad y apoyo o se lo está apropiando con fines comerciales y consumistas?

En primero de carrea (1982) me presenté al claustro universitario, y me sorprendió que todas las sesiones comenzaban con una serie de declaraciones previas, en las que nunca faltaba la condena del bloqueo estadounidense a Cuba, que nada tenían que ver con el orden del día. En ocasiones las discusiones sobre esos posicionamientos previos se enconaban y ni siquiera se llegaba a abrir la sesión. Posicionarse como comunidad universitaria frente a todo lo que ocurre en la sociedad es complicado y muy poco práctico, pero ¿no debe posicionarse frente a ninguna situación?
Parece que las cosas no son blancas o negras, y en la elección del tono de gris que ya nos resulta insoportable a cada uno hay que hacer un ejercicio de reflexión importante.

En esta misma línea, ha habido multitud de discusiones últimamente sobre la conveniencia de limitar la libertad de expresión en entornos universitarios, frente a permitir pseudociencias y mentiras rampantes. Creo que para profundizar en esta cuestión es interesante el análisis que comentábamos hace unos días sobre la agregación de conocimiento científico para generar enunciados de relevancia social (video, texto).

No es lo mismo discutir sobre la sección eficaz del boro (o sobre la eficacia clínica de la lejía) que sobre la conveniencia de construir una central nuclear concreta o si hay que hacer obligatorio el uso de mascarillas. Las primeras son cuestiones científicas, donde la evidencia tiene un peso definitivo. Ahí, sostener posturas contrarias a la evidencia es “pseudocientífico”. Las segundas son decisiones sociales, políticas, y en ellas cabe una discrepancia en función de la forma de agregar conocimiento científico, interpretar lo que no se sabe y asumir unos u otros valores.

En línea con lo anterior, en mi opinión no es sensato invitar a un representante de Greenpeace (por el hecho de serlo) a una discusión científica sobre la calidad de los metaestudios que analizan la influencia sobre la salud del glifosato o de los transgénicos. Sin embargo me parece casi imprescindible contar con tal representante para discutir sobre el futuro del medio ambiente.

Otra cosa es qué proporción de la actividad universitaria debería dedicarse a cuestiones del primer tipo (la mayoría) y cuantas del segundo (solo en cuestiones muy relevantes en momentos muy especailes). Pero ese tono de gris, como los antes comentados, hay que rumiarlo con cuidado. En el caso de las instituciones, como la universid, la responsabilidad última corresponde a sus autoridades elegidas.


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El chiste sobre el título, por si alguien no lo conoce:
Iban dos vascos por el monte buscando setas y de pronto uno de los dos encuentra un rolex de oro en el suelo y se lo comenta alborozado a su compañero, el cual le responde enfadado: "Patxi, a ver si nos centramos, ¿estamos a setas o a rólex?".

sábado, 11 de enero de 2020

Encuestas de docencia, la ficción de la calidad

Se ha puesto de moda evaluar de forma exhaustiva la calidad de la atención en multitud de servicios, de forma que se pasa uno la vida picando caritas más o menos sonrientes y recibiendo llamadas cada vez que llevas el coche al taller. En la universidad llevamos ya muchos años (dos décadas o así) con encuestas de satisfacción de la actividad docente.

Estas encuestas no siempre se han hecho de la misma forma. Recuerdo en mi universidad un tiempo en que su realización estaba encargada a una empresa que llegaba al aula sin avisar (el profesor sabía en qué semana, pero no el día exacto). Todos los estudiantes presentes debían participar, siquiera fuera como "no sabe, no contesta". Pero esos tiempos pasaron, ahora en nuestra universidad, como en casi todas, se habilita una encuesta telemática para que los alumnos que quieran, y cuando quieran, respondan a las preguntas. Se anima a la participación ofreciendo regalos sorteados entre los participantes y cosas así. A pesar de todo, la tasa de respuesta casi nunca supera el 30%. Pero lo más problemático es que no es una muestra aleatorizada.

En la universidad deberíamos saber que la estadística es una ciencia, de hecho hay departamentos y asignaturas al respecto. Cuando se hace un muestreo, hay que hacerlo de determinadas formas si queremos que las respuestas de la muestra sean representativas de la población total, en general hay que elegir la muestra aleatoriamente. Cuando en vez de aleatorizado se deja a la autoselección, la representatividad se sabe que es muy baja. Tienden a participar los individuos más motivados en un sentido u otro, los muy contentos o muy descontentos con la actividad.

Frente a esta crítica a veces te contestan que todos los profesores, varios cientos, están expuestos al mismo sesgo muestral, por lo que deberían ser significativas las diferencias entre unos y otros. Pero esto no deja de ser una hipótesis. Si hacemos mal una medida, pero igual de mal muchas veces ¿se cancelan los errores y las diferencias son creíbles? No lo tengo nada claro. Si cada medida no es estadísticamente significativa, dudo mucho que operaciones con ellas puedan serlo.

Por lo menos a nosotros aún no nos despiden a la tercera carita triste, como parece que sí se hace con los repartidores de pizza. Pero lo que parece un poco lamentable es que en la institución que se ocupa del conocimiento, la medida de su calidad sea tan poco fiable.


Este comentario me lo han sugerido unos tuits del compañero de la UO Sergio Palacios, ver.

ACTUALIZACIÓN.

Hoy en día ya no se discute en los comentarios de los blogs, esos tiempos pasaron hace mucho, se discute en redes sociales. En la conversación en Twitter me han llamado la atención sobre un paper que merece la pena, se trata de un metaestudio de 2017 que concluye que los estudiantes de los profesores mejor evaluados no aprenden más




miércoles, 16 de octubre de 2019

¿El fin de la vida universitaria?

Muchos recordamos más nuestro paso por la universidad por la cafetería, el césped, fiestas, conciertos y conferencias, que por las clases regulares. En esos años haces amigos que te duran toda la vida, incluso encuentras pareja.

Todas esta "vida universitaria" tan maravillosa es un subproducto del hecho puramente académico de acudir a la universidad a cursar tus estudios. Estamos descubriendo últimamente que ese subproducto crecía especialmente en el desorden académico. Cuando los horarios dejan huecos libres, las clases se suspenden y se recuperan con flexibilidad, cierta frecuencia, avisando con poca antelación no hay más remedio que tener "vida universitaria". Una planificación académica poco estable y no anunciada con suficiente antelación convierte a los estudiantes en rehenes de su carrera, especialmente en las carreras en las que teníamos muchas prácticas. Toda la vida es en el campus y eso deja mucho hueco para grupos de teatro, asambleas o partidas de mus.

Con la reforma que ha supuesto Bolonia y la implantación de sistemas de calidad la actividad académica está cada vez mejor estructurada. Ahora los horarios y las fechas de examen se anuncian con un año de antelación y se cumplen casi siempre. Para cambiar una clase hay que informar a la dirección de centro, y no hacerlo y que te pille el inspector es puede resultar problemático. En muchas clases la asistencia es obligatoria o, al menos, muy conveniente. Este compromiso con la planificación académica es una muestra de respeto por nuestros estudiantes, un avance significativo en la modernización de la universidad. Pero está acabando con la vida universitaria.

En esta universidad moderna organizas una conferencia y, o bien no va nadie, o bien tienes quejas de profesores porque se les "contraprograman" las clases. Ambas reacciones muy acordes con los nuevos tiempos. ¿A qué hemos venido aquí? ¿Estamos a setas o a Rolex? Incluso los responsables de las cafeterías notan que las ventas caen en picado.

Obviamente no vamos a revertir el proceso, una universidad es un entorno muy caro para tomar café y jugar al mus. Pero la interacción abierta entre las personas, la asistencia a seminarios, el mestizaje intelectual y las oportunidades para serendipias afortunadas no se pueden dejar desaparecer así como así. A ver qué se nos ocurre.

jueves, 8 de agosto de 2019

Las miserias del acceso a la academia

Hay un doble problema fundamental en el mecanismo de ingreso a la carrera académica: no está diseñado para seleccionar las personas que necesita la universidad en su funcionamiento y no proporciona una auténtica carreta profesional a los seleccionados. Pero como la realidad es tozuda, la universidad como organización retuerce las cosas para que el día a día siga funcionando, y los individuos se buscan la vida para tener una carrera profesional (i.e. para ir “ascendiendo” con el tiempo). Esos retorcimientos de la norma, a veces en el filo de lo legal, otras abiertamente en el fraude de ley, son los que generan periódicamente escándalos en la prensa (y de vez en cuando en los juzgados).

El personal universitario académico (del PAS, si acaso, hablamos otro día) ha de realizar multitud de tareas. Algunas computan en el plan de ordenación docente o POD (las clases en títulos oficiales), otras contribuyen al currículo investigador de la persona (acaban en artículos SCI) y otras muchas ni una cosa ni otra. Porque hay que tutorizar alumnos en erasmus, organizar prácticas en empresas, asesorar a la industria local o divulgar la propia disciplina en periódicos y radios, entre otras muchísimas cosas. Nadie entendería que los profesores de una universidad no contribuyeran a la imagen de la misma en la captación de estudiantes, que declinaran asistir a las televisiones a tertulias sobre su tema de especialidad o de atender consultas del tejido socioeconómico del entorno de cada universidad. Pero a la hora de acceder a una plaza de profesor con total rectitud en el seguimiento de lo establecido, todo eso no se valora.

En teoría, cuando hay una necesidad de personal en un departamento universitario, hay que convocar una plaza abierta a todo el mundo, en la que se valorará principalmente la investigación de los candidatos, de forma muy menor la docencia y, marginalmente, otros aspectos del currículo de los candidatos. La determinación de la necesidad de personal, también en teoría, procederá de la necesidad de dar unas clases o de reforzar una línea de investigación (las dos misiones principales de la universidad).

La realidad suele ser muy diferente. Siempre hay necesidades docentes cubiertas de forma muy precaria (“meritorios”, falsos asociados, asociados reales, ayudantes, ayudantes doctores o figuras más exóticas que aparecen de vez en cuando) que serían susceptibles de ser cubiertas por una persona en una figura más estable. También ocurre que todas las líneas de investigación productivas tienen investigadores en formación (o a veces ya claramente formados) cuya incorporación a la plantilla resultaría beneficiosa para los miembros del equipo. Es decir, muchas tareas relevantes de la actividad universitaria se desarrollan gracias a personal en situación laboral bastante precaria. Y no “salen” plazas porque no hay dinero para ello, no alcanza el presupuesto.

De vez en cuando, a un departamento “se le concede” una plaza. Esto quiere decir que el equipo rectoral ha conseguido dinero y autorización legal para que se convoque una plaza y, entre las muchas peticiones que tiene, se la asigna (con más o menos justicia y con muchos damnificados en el camino) a un departamento. Cómo se las apaña el rectorado para “generar” plazas y cómo las asigna, daría para una saga muy larga, y hay mucha casuística y variación entre universidades y rectores. Dejémoslo y volvamos al proceso visto desde el departamento universitario.

¿Qué es lo que se debería hacer cuando sale esa plaza? Cada persona tendrá su opinión al respecto, pero lo que ocurre la mayor parte de las veces es que las personas con capacidad de decisión (miembros del departamento) evalúan cual de los precarios que lleva tiempo contribuyendo a las tareas de todos merece más la plaza. La decisión la toman considerando cosas como el tiempo dedicado, la calidad de su trabajo, su situación personal y cualquier razón de esas que los seres humanos de verdad tienden a ponderar en sus relaciones. Elegido el candidato, se rellena el perfil de la plaza con la docencia y la investigación de ese candidato que viene desarrollando ya la tarea de manera satisfactoria. Con una enorme probabilidad, ese candidato sacará la plaza tras seguir todo el proceso administrativo que marca la legislación.

¿Y si se presentara un premio Nobel no lo elegirían? Pues tendrían un papelón, porque en ese departamento (no olvidemos la financiación de nuestras universidades) no habría despacho para alguien nuevo, ni sitio para un laboratorio a la altura del premiado, ni mucho menos equipamiento adecuado… Las cosas no ocurren así. Ojalá las universidades españolas pudieran decidir inagurar una nueva línea de investigación liderada por el mejor investigador posible en un campo. Esto no ocurre. Lo que sí pasa a veces es que se presenta alguien con algunos artículos más que el “candidato de la casa” y se cree que está a punto de obtener ese premio. Es imposible juzgar con equidad quien es mejor candidato para la tarea que se ha de desarrollar, alguien que la ha desarrollado con garantías o alguien que, liberado de tareas distractoras (dando menos clases, corrigiendo menos exámenes, tutorizando menos TFGs, etc. Etc.) ha conseguido más artículos en revistas indexadas. Ambas merecen la plaza, su oportunidad y un futuro profesional acorde con sus méritos. Toda simplificación de esa cruel batalla es injusta.

Hubo un tiempo en que el proceso de reconocimiento de los “servicios prestados” a los precarios “de la casa” pasaba en ocasiones (en demasiadas ocasiones) por encima de una mínima calidad académica del candidato. Para evitar esto se instauró el proceso de acreditación. Hoy día cualquier precario universitario que quiera aspirar a una plaza ha de someter su currículo al escrutinio de una agencia de calidad que, de una forma bastante algorítmica, muy profesional y con gran seguridad jurídica, dictamina si el CV del candidato es suficiente como para acceder a la plaza en cuestión. Así pues, todas las personas que obtienen plazas universitarias en los últimos años han demostrado varias veces la suficiencia de sus méritos para ello: acreditándose y trabajando en la universidad por debajo de su cualificación durante mucho tiempo.

La situación descrita, lamentable, triste o como se quiera calificar, es el óptimo al que se ha llegado por evolución cultural (y administrativa) para conseguir una universidad notable con un presupuesto insuficiente. Universidades sobresalientes (lo de los rankings internacionales y todo eso) y situaciones laborales menos precarias requieren presupuestos más allá de lo imaginable en la situación sociopolítica actual. La triste situación de algunos cerebros fugados con muchos papers o las ocurrencias de "solución" ad hoc, me temo que están muy lejos del problema real.

martes, 24 de octubre de 2017

La universidad a hombros de gigantes

Tuve ocasión de participar en el programa de RNE A Hombreos de Gigantes, conducido por el gran Manuel Seara Valero. Con motivo del 30 aniversario de la UPNA hablamos de muchos aspectos de la universidad: la internacionalización, los rankings, lo de que los estudiantes siempre vienen peor preparados que antes,...

Le agradezco mucho a Manuel la oportunidad, me lo pasé muy bien. El audio a continuación:

lunes, 6 de febrero de 2017

¿Burocracia docente?

Por si alguien tiene alguna duda de a qué nos referimos cuando hablamos de burocracia docente, dejo a continuación el resumen de mi última tarea (es todo real)

 
- Por favor, rellena la ficha docente de la asignatura X. Ya sé que no se va a impartir de momento, pero tiene que estar completa la oferta. Ten cuidado con que todo resulte coincidente con la última versión de la memoria verificada ANECA del título a que corresponde. No te llevará más que un ratito.

1.- Buscar la memoria verificada ANECA en la web de la universidad, utilizando google, claro, intentar navegar y llegar a puerto en una página corporativa es temerario.
2.- Encontrada la memoria se baja el pdf y se escrutan las 60 páginas hasta encontrar la correspondiente referencia a la asignatura X.
3.- Se copian los apartados correspondientes en un documento (por ejemplo txt)
4.- Se busca un archivo con la estructura de las fichas docentes porque, claro, la aplicación informática donde se alojan no está abierta ahora. Además yo no tengo asignada esa asignatura, así que no tendría acceso aunque lo estuviera.
5.- Encontrado el archivo de otra asignatura se borra lo que había de la original y se deja listo para empezar la nueva.
6.- Se transcriben literales los campos que estaban en la memoria (los que ya teníamos en un txt), que son unos 8 de los 15 de que consta la ficha.
7.- Se inventa algo coherente que poner en los campos restantes.
8.- Se graba y se envía.

Tiempo total empleado 2 horas.

Y además, si un día hay que dar esa asignatura, a saber quién será el afortunado. Aun en el caso de que sea yo, luego me sentiré atado por el valor que puse al examen o por el temario que inventé a toda prisa. No digamos si es alguien totalmente distinto.

De estas hay un montón a lo largo del año. Los juicios de valor los dejo para otro día, que no es cuestión de comenzar con las palabras gruesas... Un ratito, un ratito...

lunes, 19 de diciembre de 2016

La importancia del funcionariado (también académico)

¿Qué aporta el funcionariado a los científicos? ¿Y al profesorado universitario?

Es fácil caer en los chistes y lugares comunes e identificar funcionariado con burocracia, ineficiencia e incumplimientos laborales. Como todos los mitos algo de realidad hay en esa imagen, pero dista mucho de ser lo fundamental.

El particular estatuto blindado de los funcionarios pretende garantizar la independencia del empleado público frente al poder político y sus vaivenes. Un estado con buena salud democrática necesita científicos independientes que puedan opinar si esa presa que se pretende construir es segura o no desde su conocimiento técnico, sin jugarse el puesto. También necesita profesores universitarios que transmitan visiones críticas con el poder (que unas veces serán unos y otras "los contrarios").

Leído así puede sonar un poco antiguo. Parece que eso de la autonomía universitaria y la libertad de cátedra como principios constitucionales son antiguallas originadas por la proximidad del franquismo, pero que en el mundo moderno de hoy día solo son rémoras para una gestión ágil de la universidad. ¿Seguro?



Las libertades civiles no siempre van hacia adelante. Y en los lugares en los que retroceden también pensaban que eso jamás les iba a pasar a ellos. Los científicos del clima estadounidenses temen no ya por sus empleos, sino por los datos acumulados en el pasado. Los académicos turcos no complacientes con el poder están siendo laminados.

Los turcos expulsados de la universidad quizá eran funcionarios, cuando la democracia se pierde tanto ya nada vale. Pero la existencia del funcionariado como contrapoder de la política creo que es valiosa y que contribuye a la salud democrática que aleja esos peligros.

En resumen, sin perjuicio de que haya muchas mejoras que introducir en la función pública, la existencia de posiciones blindadas es democráticamente saludable.

((Sobre esto escribí también hace uno tiempo enfatizando otros asuntos))

Las fotos proceden de las siguientes fuentes: Time, W. Post, Nature, Wikipedia

sábado, 17 de diciembre de 2016

Nuevos criterios de acreditación del profesorado

Para que una persona se pueda presentar a una plaza de profesor universitario debe estar "acreditada". Y para acreditarse hay que mandar un montón de papeles a una agencia de acreditación (ANECA) que los analiza y da o no el visto bueno.

Hace poco más de un mes se publicaron unos nuevos criterios de acreditación para las categorías de profesores funcionarios (Titular y Catedrático de Universidad). Los criterios son considerablemente más "duros" que los anteriores (además de detallados y explícitos). La publicación de estos criterios ha generado un montón de protestas por parte de multitud de colectivos.
La verdad es que hay mucho que opinar sobre este asunto. En las siguientes líneas voy a comentar brevemente 4 aspectos:

1.- A nadie le gusta que le midan... tanto
En pocas profesiones como en esta hay que estar presentando el curriculum permanentemente. Es verdad que es un privilegio de que la sociedad te pague un sueldo (bueno en los niveles altos, no tanto en las fases iniciales) por una actividad que es tu propio desarrollo personal. Es lógico que haya que demostrar que sigue mereciendo la pena hacerlo, pero no deja de ser cansado y molesto en ocasiones. 

2.- Las medidas algorítmicas tienen grandes problemas
Al proceso de acreditación se presentan decenas de miles de personas lo que imposibilita juicios en profundidad. Al final la cosa se limita a computar méritos como si fueran cupones. Y la cartilla de cupones tiene casillas de los más variado y exótico. No se puede compensar (apenas) unas actividades con otras, lo que lleva a mucha gente a embarcarse en actividades solo para recoger un certificado al final que le sirva en su siguiente acreditación. La última versión de la cartilla pone algunos requisitos en niveles verdaderamente altos, que no cumplen muchas de las personas que actualmente desempeñan esos puestos. En cualquier caso, si hay tantos miles y no va a haber tantas plazas ¿por qué no escoger a los mejores(*)? Quizá, pero eso no le va a resultar agradable a todos los que no lleguen a esos niveles. ((*) además está por ver que por encima de un cierto umbral siga siendo cierto que cuantos más JCR del primer tercil mejor candidato)

3.- En un momento de enorme embolsamiento de "acreditados sin plaza", estas medidas se pueden interpretar como oportunistas.
Tras los años de crisis en que las leyes para contener el déficit prohibieron la incorporación de funcionarios, la cantidad de personas acreditadas para puestos superiores a los que ocupan es enorme (en mi universidad más del 30% de los profesores permanentes). Esto plantea un problema importante. La gente considera legítima su aspiración a mejorar laboralmente especialmente cuando cumple los requisitos para hacerlo (yo creo que lo es) y presiona para que esto ocurra, pero no hay capacidad real para que ocurra (**). ¿Solución? Endurecer mucho los requisitos. Para empezar que no se incorporen muchos más a la bolsa, y para seguir que se plantee incluso la "reacreditación" con los nuevos criterios. Es difícil pensar que no hay alguna motivación de este tipo detrás de la medida. Y eso cabrea mucho, cambiar las reglas del juego a mitad de partida no es bonito.
(**) la dificultad para que esto ocurra es largo para comentar ahora, pero de verdad que lo es.

4.- Aún más, se pueden interpretar como un paso en la desfuncionarización de la universidad al endurecer especialmente el acceso a las figuras de funcionario.
Existiendo la vía laboral de los "contratados doctores", en la que no se han endurecido tanto los requisitos, es fácil suponer que se acumulará ahí el personal. El resultado neto es la desfuncionarización del profesorado universitario. Hay mucha gente que aboga por ello (no es mi caso), pero en cualquier caso algo no me parece bien que una medida política de ese calado se ponga en práctica de hecho de una forma tan torticera, evitando la discusión de fondo.

La Universidad tiene problemas importantes, la incorporación de nuevo profesorado no es uno de los menores, pero deberían abordarse de forma explicita y frontal, democrática y consensuada. Este tipo de medidas que interfieren con todo con la excusa de una supuestamente indiscutible excelencia... son una mierda me parecen de lo más inadecuadas.

domingo, 4 de septiembre de 2016

El profesor que quería cambiar el mundo

Profesor de universidad se dedicará a la novela dado que su investigación "no tiene impacto".

El experto en estado del bienestar Peter Taylor-Googy admite jocosamente que su investigación no tiene influencia en el mundo real, pero confía en que una novela si pueda.

La historia del Times Higher Education que así comienza me ha impresionado mucho por dos razones. La primera es la genuina preocupación de un colega por cambiar el mundo, y su esfuerzo por conseguirlo aún saliéndose de lo ortodoxo en la profesión. La segunda es la comprobación de lo poco (o nada) que caminamos hacia una política basada en la evidencia.

Se escribe mucho sobre la dificultad de acceder a la carrera académica, las penurias que pasan los jóvenes y sobre la endogamia universitaria. En esos relatos los profesores senior aparecen como una especie de señores feudales en sus torres de marfil haciendo cosas inútiles (y con baja productividad). Pero no todos son así, ni siquiera la mayoría. Es estupendo que aparezca un modelo en el que se ve la pasión, no sólo por la investigación en sí, sino por sus resultados. Una persona que aspira a que su investigación cambie el mundo, un poco, pero significativamente. Y si por el camino más habitual no se consigue se prueba otro.

La crisis de la mediana edad (esa de los 40 o los 50) tiene también una versión profesional, al menos en el caso de los académicos. Una vez que ya has llegado a una posición estable (contractual y "políticamente" en el departamento) te has inmunizado contra el "publish or perish". Hay distintos modelos, los jefes de grandes grupos continúan con la presión habitual transmitida por los jóvenes del grupo, pero otros se plantean a qué han estado dedicando realmente su esforzada vida. No son raros los cambios de tema, las aventuras interdisciplinares, escribir libros (en vez de artículos JCR). Estaremos atentos a la novela del profesor Taylor-Googy.

El caso particular de este profesor de ciencias sociales, en concreto dedicado a las políticas sociales, es especialmente interesante también por el contenido. A pesar de las dificultades para extraer conocimiento científico del resultado del desarrollo de políticas públicas, ya hay un cierto corpus de conocimiento bien establecido (o al menos eso dice él). Sin embargo los políticos que han de tomar las decisiones viven totalmente ajenos a esos conocimientos, y sus votantes también, por supuesto. Y es una pena, por que es crítico que la gobernanza de un planeta camino de los 10.000 millones de personas fura basndose cada vez más en la evidencia y no en la retórica, la estética y las convicciones vacías. Pero parece que aún no vamos por ese camino... ni de lejos.

domingo, 14 de agosto de 2016

De Ujué al cielo

Ujué es un pueblo Navarro tan bonito que parece un decorado; en lo alto de un monte, coronado por una iglesia castillo desde la que se domina una impresionante extensión. Allí se ha organizado un curso de verano de la UPNA sobre astronomía, urdido, impulsado y dirigido por el insigne uxuetarra Humberto Bustince, a la sazón profesor de la universidad.

La respuesta de la población del lugar y de pueblos vecinos ha sido espectacular, rondando el centenar de asistentes en cada una de las sesiones. Este número es especialmente llamativo cuando se pone en relación con los 190 habitantes censados en Ujué (de los que la mitad al menos no pasa el invierno allí).

El curso concluyó con una observación del cielo en plena lluvia de perseidas (aunque no vimos casi) y el día anterior tuvimos una sesión de "Astronomía de andar por casa" Javier Armentia y yo, un especial dedicado a la Astronomía en el estilo Ciencia en el Bar.


En la sesión de Astronomía de andar por casa, tras una introducción sobre lo importante que es la ciencia (tanto que no se puede dejar solo a los científicos) tratamos los siguientes temas: luces y sombras (y penumbras), la cámara oscura, lentes (gafas y telescopios), escalas del sistema solar (y del Cervantes), paralaje, anamorfismos, el color de las estrellas, espectros, el arco iris y una idea sobre relatividad general. Para hora y poco más que suficiente. Lo pasamos muy bien.

La experiencia ha sido estupenda. Aunque sea un esfuerzo irse a una hora de Pamplona a realizar actividades, cuando la respuesta es tan buena da gusto hacerlo. Este tipo de actividades son una magnífica extensión territorial de la universidad, se lleva conocimiento adecuado y bien recibido. Llama mucho la atención en contraposición con las exigencias político económicas que nunca son suficientes y de las que no hay buena respuesta.

Parece ser que en 1378 el Rey Carlos II ordenó poner una universidad en Ujué, o lo que se entendía entonces por universidad, por que tenía 4 estancias: cocina, comedor, dormitorio y bodega ;-)  El proyecto se abandonó en seguida por tener que dedicar los recursos a temas más inmediatos (guerras). Podríamos decir que con este par de días hemos cerrado un ciclo de más de 600 años. El verano que viene repetimos seguro.

jueves, 21 de enero de 2016

El Smorgasbord académico


Tal como decíamos hace unos días, la misión de la universidad, en el modelo adoptado en España y según recoge la legislación, es la creación y transmisión de la ciencia (en un sentido amplio). Los profesores de universidad deben dedicarse al desarrollo de esas funciones, básicamente a la docencia y la investigación. Pero ¿en qué tareas se desglosan esos dos grandes objetivos?

Docencia se puede impartir en grados o en másteres, pueden ser cursos de doctorado o clases en títulos propio. Puede tratarse de clases teóricas o prácticas, seminarios, resolución de problemas, estudios de caso o visitas de campo. Es docencia diseñar pruebas de evaluación y corregir exámenes, trabajos y guiones de prácticas. Es también docencia participar en el diseño y evaluación de titulaciones, redacción de memorias para verificación, guías docentes de asignaturas e informes de seguimiento. Es también docencia dirigir trabajos fin de grado y fin de máster, así como actuar en tribunales de defensa de dichos trabajos. Lo mismo para tesis doctorales (en este caso en la frontera con la investigación). No hay que olvidar los programas de intrnacionalización, establecimiento de contactos con universidades extranjeras, redacción de acuerdos Sócrates- Erasmus (o de otros programas equivalentes), la selección de estudiantes, tutoriación y redacción de acuerdos de estudios y reconocimientos académicos. Tareas de captación de estudiantes, conferencias en institutos de secundaria, jornadas de puertas abiertas, artículos para la prensa local...

La investigación requiere fondos, lo que exige redactar proyectos de investigación para convocatorias regionales, nacionales y europeas. Hay que contactar con otros investigadores para formar coaliciones con las que sea más probable redactar proyectos ganadores. Hay que gastar el dinero de los proyectos concedidos, seleccionar personal para contratos de investigación, solicitar ofertas de equipamiento, realizar los trámites administrativos para que esos gastos se ejecuten con plena legalidad. Es necesario justificar los proyectos, redactar memorias justificativas y listados de gastos. Además del marco económico hay que desarrollar la investigación propiamente dicha, buscar documentación científica, leerla, plantear experimentos, cálculos y simulaciones, resolverlos, discutir resultados, redactar originales para su publicación (en congresos, revistas revisadas por pares u otros foros). Es conveniente transferir resultados de investigación a empresas del entorno (o más lejanas), así como realizar investigaciones por encargo de esas empresas. Para ello hay que realizar contactos, escribir propuestas, redactar contratos (artículo 83 de la LRU), redactar patentes, tratar con agentes de patentes, esforzarse en comercializar las patentes hechas. En ocasiones hay que crear nuevas empresas con las que explotar los resultados de investigación que se han obtenido (spin offs), para lo que hay que desarrollar una cantidad de tareas que me voy a ahorrar por no hacer excesivo este texto.

Además de la docencia y la investigación más puras, esbozados en los párrafos anteriores, hay que participar en el autogobierno de la institución. Rector, vicerrectores, secretario general, directores y subdirectores de centro, de departamento, responsables de titulación, de movilidad, de calidad. Todos esos puestos y algunos más son ejercidos por profesores. Y si uno no ostenta uno de esos cargos unipersonales, seguro que pertenece a órganos de gobierno colegiados, cuando menos al Consejo de Departamento y del área de conocimiento, y es posible que también de la Junta de Centro, Consejo de Gobierno, Claustro Universitario o cualquiera de las muchas comisiones que hay (de investigación, de doctorado, el consejo editorial, de reclamaciones, de seguimiento del plan estratégico,...).



Lista de tareas que da Carles Ramió en su "Manual para atribulados profesores universitarios". Otra versión del Smorgasbord académico al que se enfrentan los profesores

Entre las misiones de la universidad también está la transmisión de la ciencia y la cultura a la sociedad en general, no solamente a los estudiantes matriculados. Se le suele llamar "extensión universitaria" a este tipo de actividades y se suelen materializar en museos, exposiciones, cursos y jornadas abiertos al público en general, ciclos de conferencias, organización de conciertos y casi cualquier actividad imaginable. En la organización y desarrollo de todas estas actividades de extensión universitaria, lógicamente, también participan profesores, son actividades que forman parte de su trabajo.

En resumen, hay varias decenas de actividades a las que puede dedicarse un profesor. Planificar la actividad es como enfrentarse a un magnífico Smorgasbord con multitud de platos ¿Qué comes? Pues es difícil. Si picoteas demasiado no profundizas en nada y la eficiencia global no es buena. Si te centras en unas pocas cosas pierdes variedad “alimentaria” que resulta muy enriquecedora. Eso sí, la docencia es como el pan, en mayor o menor medida ha de acompañarlo todo. También es verdad que a lo largo de la vida profesional la mejor dieta va cambiando, en las primeras etapas ha de estar más cargada de investigación y en las últimas de extensión universitaria.

En esta enorme diversidad de actividades y más aún de combinaciones posibles está la explicación de algunas de las miserias que aquejan la vida académica: personas con perfiles dietéticos muy distintos se desprecian unos a otros pensando que lo suyo es inadecuado, perfiles muy similares compiten excesivamente por las mejores piezas, escondido entre las viandas hay quien se escapa sin apenas probar bocado (pocos pero que dan una terrible imagen a la profesión). El Smorgasbord académico lleva, de forma muy general, a la obesidad ocupacional, a estar trabajando todo el tiempo imaginable. Y es que cuesta mucho gestionar con inteligencia una situación laboral tan abierta.

(Continuaremos con esta serie sobre el profesorado universitario que comenzó con: ¿Qué, empezando las clases? y ¿Los profesores que investigan son mejores docentes?

martes, 19 de enero de 2016

Sobre el auténitico valor de los "campus bonsai"

Con la llegada de las comunidades autónomas el sistema universitario español creció enormemente, todas tenían que tener al menos una. En esa explosión de universidades, en ocasiones en una segunda etapa, proliferaron campus menores en muchas ciudades.

Los campus se creaban por razones puramente políticas en el mal sentido de la palabra, es decir, para contentar votantes y no por la auténtica razón Política de dar un mejor servicio de enseñanza superior. Así se crearon campus en entornos geográficos en los que la demografía hace su existencia extremadamente costosa, lo que se ha convertido en una losa para su desarrollo en tiempos de crisis. Estos "campus bonsai", con pocas titulaciones y muy pocos estudiantes, han de estar justificando su existencia y los recursos destinados a ellos a diario.

La población mundial se muda a las ciudades de forma vertiginosa, a un ritmo cercano al 2% anual. Hace ya un par de años que la mitad de los humanos del planeta habita en grandes urbes. Hay tantas cosas que han cambiado en un par de generaciones que nadie quiere vivir como sus bisabuelos. Un joven de hoy día, en edad universitaria ¿qué vida llevaría en un pueblo de 2000 habitantes? Una que intentará evitar por todos los medios. Sin embargo, aunque a nivel individual sea perfectamente comprensible, seguramente no es deseable a escala global. Cuando se extrapolan los datos que lleva aparejada la concentración de población (de polución, consumos de agua y energía, etc.), al ritmo que está ocurriendo, el panorama que se dibuja es difícilmente sostenible, o cuando menos, no deseable.

En mi opinión es necesario que se hagan esfuerzos en la dirección de revertir la tendencia urbanita. No por razones espurias como conseguir los votos de las personas de las zonas rurales (cada vez menos por otra parte), sino por la mejora de las condiciones de vida de la población en general y por un mejor uso del medio ambiente. En esa "rerruralización" de la población los pequeños campus universitarios pueden jugar un cierto papel.

La reocupación de territorios que no sean grandes ciudades solo ocurrirá si estos resultan atractivos para las personas. ¿En qué consiste ese atractivo? Eso lo tendrán que estudiar a fondo psicólogos y sociólogos, pero si hay trabajo, educación, sanidad y entretenimiento accesibles y de calidad seguramente se tiene mucho ganado. La universidad no es el único elemento en ese camino, pero sin duda es uno de ellos. Lo que parece claro es que esa "universidad de entorno rural" no puede ser igual que la de toda la vida. Ni se puede forzar a todos los jóvenes de una zona a concentrarse en tres o cuatro titulaciones ni se puede atender de forma tradicional a grupos de 3 o 4 estudiantes de multitud de titulaciones. Lo primero nos aleja de una situación "atractiva" para los ciudadanos, mientras que lo segundo resulta económicamente inviable.

Una posibilidad es ofrecer un abanico amplio de titulaciones pero de forma no convencional. Ese “no convencional” incluye tanto las universidades presenciales como a las universidades a distancia que vienen operando desde hace décadas. Las primeras exigen una cantidad de recursos excesiva y las segundas no ofrecen algo fundamental para que el período universitario resulte atractivo: la experiencia universitaria. Entre los 18 y los 23 años hay que sacarse una carrera, pero también hay que conocer gente, ligar, asistir a conciertos de música o visitar exposiciones. Sobre todo hay que explorar la propia independencia. Los detalles de esa solución “no convencional” están por definir, pero es seguro que tendrá una fuerte componente virtual, también que ha de tener en el centro de sus objetivos la experiencia universitaria. Para esa universidad semipresencial, mucho más flexible y diversa de lo que estamos acostumbrados, campus pequeños y distribuidos pueden jugar un magnífico papel. Por ahí vamos a encontrar el auténtico sentido de aquella alocada apuesta política. ¡A por ello!

viernes, 8 de enero de 2016

La Universidad y la Administración del Estado.

Entra en vigor normativa legal (Ley 39/2015, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas y la Ley 40/2015, de Régimen Jurídico del Sector Público) que entre otras cosas supone que las universidades públicas ya no serán necesariamente administraciones públicas. Este asunto tiene una vertiente técnica jurídica compleja: se puede argumentar que en algunos sentidos nunca lo fue del todo (ver), y en los próximos meses se van a celebrar reuniones para analizar en profundidad los cambios que se inaguran (ver). Pero además de eso tiene una vertiente de política universitaria más relevante para todos.

La universidad preconstitucional era una Administración del Estado plenamente, los Rectores los nombraba el Ministro, tenían interventores de hacienda que eran los que autorizaban los gastos y se regían por la misma normativa que cualquier otra dependencia administrativa. El reconocimiento de que la labor intelectual requería independencia llevó a los principios constitucionales de Autonomía Universitaria y Libertad de Cátedra. A la hora de poner en práctica estos principios, a través de una ley orgánica, se independiza a las universidades de la administración, los Rectores pasan a ser elegidos y los interventores de hacienda son sustituidos por una estructura propia de gestión económica, apareciendo los Gerentes. Pero siendo autónoma, seguía siendo una administración, con trabajadores funcionarios, con un registro general homologado con el de otras administraciones (el sello de la universidad me sirvió como sello oficial de mi solicitud de beca), y muchos detalles más.

Desde el comienzo de aquella Autonomía Universitaria hasta hoy, sucesivas reformas han ido alejando a la Universidad de la Administración. Los registros dejaron de ser oficiales (la solicitud de acreditación tuve que sellarla en la Delegación del Gobierno). Los títulos dejaron de ser oficiales (ahora son "acreditados", si acaso). Los profesores dejaron de ser funcionarios, desde que se creó la figura de "contratado doctor" apenas se han dotado plazas de los cuerpos docentes (especialmente en algunas Comunidades Autónomas). Solo queda la dependencia económica dado que más del 75% del presupuesto de las universidades públicas procede de transferencias de las respectivas Comunidades Autónomas (salvo la UNED y le Menéndez Pelayo que son estatales).

Ese camino de desestatalización alcanza un nuevo hito con la entrada en vigor de la normativa que reconoce formalmente que no hace falta ser administración del estado. Eso si, seguimos prestando un "servicio público", pero ya no como parte del estado (como concesión, quizá). Hace muchos años escribía que su carácter de administración era una de las tres almas de la universidad (ver), en ese tiempo se ha perdido un montón, aunque aún perdura en los usos y costumbres del día a día. Vamos camino de universidades cada vez más ligeras y desreguladas, cada vez menos diferentes de las privadas (incluso en la financiación cada vez nos pareceremos más, y si no al tiempo). De alguna forma me entristece ese camino, aunque sin argumentos muy sólidos, seguramente es pura nostalgia, cosas de la edad.

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Actualización (9 ene 2016), con mucho más detalle técnico, y un análisis de posibles causas y consecuencias del hecho comentado, está el artículo de J.R. Chaves, que escribió unas semanas antes. Lo recomiendo mucho para entender mejor este lío.

martes, 22 de diciembre de 2015

El desastre de la ordenación académica a la boloñesa

Los ciclos académicos son más complicados de lo que los profesores tendemos a creer. Pensamos que impartir la asignatura es lo único que hay que hacer con ella y no es verdad. Hay que crear una oferta académica, publicitarla, abrir la matrícula, matricular cada asignatura, dividirla en grupos, vincularlos a profesores, asignar aulas (laboratorios, etc.), documentar la calificación final (acta) y generar la acreditación que corresponda (anotación en el expediente, diploma o lo que sea).

Aunque sea menos evidente de lo que tendemos a pensar, son procedimientos que se vienen desarrollando desde hace décadas (siglos incluso) con razonable eficacia. Además con la informatización de los procesos e Internet la gestión asociada al ciclo académico podría haberse simplificado muchísimo... pero ahí llegó la interpretación local del espacio europeo de educación superior (alias Bolonia) y la liamos parda.


Nos hemos propuesto detallar la oferta académica con extraordinaria precisión (lo cual es bueno) antes de que esté asignado el profesorado que la impartirá (lo cual es imposible). Además esa oferta detallada ha de coincidir con espesos documentos aprobados por instancias superiores (a.k.a. ANECA) pero no está definido cómo conseguir esa congruencia. Hemos de comenzar la impartición antes de concluir la matrícula. Se asigna el cómputo oficial de grupos de prácticas cuando estas han acabado de impartirse. Se nos insiste en la conveniencia de la evaluación continua (lo cual es bueno) pero con pruebas de calificación recuperables (lo cual es imposible)... En fin, solo quería indicar algunas pinceladas de esta receta del lío a la boloñesa que nos trae de cabeza a todos los implicados, detallarla con precisión está fuera del alcance de este texto (y seguramente de mis capacidades).

El proceso de Bolonia nos ha animado a introducir demasiados requisitos en el ciclo académico y el resultado final es que muchos son incompatibles entre si. Pero como hay que sacar el curso adelante, se van supliendo esas incoherencias como buenamente se puede, apagando fuegos con voluntarismo. Pero sin una racionalización integrada del ciclo académico no vamos a poder salir de verdad del desastre en el que estamos sumidos.

Los detalles expuestos son de mi universidad, pero me consta que todas andan en el mismo lío general, otro efecto secundario perverso de la terrible implantación del EEES que está sufriendo el sistema universitario español. A ver si espabilamos de una vez...

sábado, 10 de octubre de 2015

Los profesores universitarios que investigan son mejores docentes. ¿Seguro?

Por si alguien tiene mucha prisa, la respuesta corta es que si, el consenso de varios metaestudios sobre el tema muestra una correlación positiva aunque no muy fuerte entre productividad científica y calidad docente. El que no sea muy fuerte significa que aunque la tendencia estadística está ahí, hay muchísimos contraejemplos individuales.

Esta cuestión está de actualidad por que se acaba de publicar un estudio del que se hacían eco los medios precisamente con ese titular: “Los profesores universitarios que investigan enseñan mejor” (1, 2). El título del trabajo es “(How) Do research and administrative duties affect university professors’ teaching” (3) (se puede leer el preprint aquí (3’) ). El artículo se basa en un estudio de más de 600 profesores de la Universidad Jaime I de Castellón, y encuentra una correlación clara entre calidad docente y productividad investigadora con carácter general. Pero también con matices, por ejemplo que cuando la investigación pasa de un punto, la docencia se resiente. Aunque los datos se tomaron entre 2002 y 2006, se analiza el impacto del Real Decreto que modificó la carga docente del profesorado en 2012 (y que ya comentamos aquí (4) en su día), concluyendo que ha supuesto una reducción de la calidad docente de más del 7%.

A la hora de realizar este tipo de estudios es más fácil enunciar lo que se quiere comprobar que medirlo. Se trata de las actividades investigadora y docente; sobre ambas se han derramado ríos de tinta (o de bits, que habrá que plantearse actualizar el dicho). La investigación, dentro de lo que cabe, se mide con criterios bastante consensuados tanto de cantidad (publicaciones) como de calidad (citas) y se mide con frecuencia y presión. La docencia sin embargo es una actividad cuya evaluación está mucho menos consensuada y no se practica de forma sistemática, al menos con metodologías congruentes en diferentes universidades. Por otro lado las diferencias pueden ser importantes entre áreas, tanto en lo que es una buena clase como en los estándares de investigación como en las tradiciones de evaluación.

Así pues, tanto la metodología como el objeto de estos estudios resultan complejos. Por ello es fácil encontrar estudios que dan lugar a correlaciones negativas (como este (5) de departamentos de Ciencias Políticas) como positivas (como este (6) de departamentos de Derecho o este (7) de Economía). Es por tanto necesario recurrir a metaestudios, evaluaciones comparativas de múltiples estudios ponderados por en tamaño de la muestra y otras consideraciones de fiabilidad y representatividad. Una revisión de este tipo muy exhaustiva, publicada en 2004 (8), concluía que la correlación es positiva pero débil, como comentábamos al comienzo de este texto.

Si pasamos de la mera correlación a plantear posibles relaciones entre la docencia y la investigación, cómo se potencian o interfieren, la lista es enorme, y la literatura al respecto muy extensa (mucho más que los estudios cuantitativos). La revisión antes citada (8, pgs 8 y 9) presenta un listado muy completo y sintético de estos argumentos, tanto de los que apoyan la correlación positiva (las sinergias entre ambas actividades) como las negativas (sus interferencias).

Probablemente es imposible establecer una conclusión definitiva, universal y fuerte del tipo “los profesores que investigan son mejores docentes” (o la contraria). En algunos ámbitos hay una tendencia fuerte en un sentido y en otros la contraria, pero al promediar respecto de muchos se suaviza la tendencia.

Cuando vi ese titular me llamó la atención por que coincidía con mis sensaciones (generadas a lo largo de 25 años de profesión). Tengo la sensación de que entre mis colegas, los más capaces lo son en todo, en clase, en investigación, en gestión o en cualquier otra actividad a la que se dediquen. Y esto es así con carácter muy general. Puedo recordar contrajemplos: el gran docente que no investiga, el gran investigador que pasa de sus alumnos, o el que lleva toda su vida de cargo en cargo y no se recuerda como sería en otras actividades. Pero son casos aislados frente a una gran mayoría, la “de la correlación positiva”. La evidencia experimental disponible parece congruente con esa imagen (sesgo de confirmación mediante).



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La figura está tomada de (6), ya que ejemplifica una correlación positiva débil, que parece el consenso de los metaestudios. No me he atrevido a pone la del preprint del trabajo de actualidad, en parte por su actualidad y en parte por que es más compleja de analizar.


Referencias (aunque están enlazadas en el texto, se incluyen listadas):
(1) http://www.dicyt.com/noticias/los-profesores-universitarios-que-investigan-ensenan-mejor
(2) http://www.agenciasinc.es/Noticias/Los-profesores-universitarios-que-investigan-ensenan-mejor
(3) http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00036846.2015.1037438?journalCode=raec20
(3’) http://eprints.ucm.es/16615/1/1222.pdf
(4) http://joaquinsevilla.blogspot.com.es/2012/04/dedicacion-del-profesorado.html

(5) http://alexandreafonso.me/2015/08/13/does-better-research-mean-better-teaching/
(6) http://siemslegal.blogspot.com.es/2015/08/the-slight-positive-relationship.html
(7) https://www.uam.es/otros/jaeet13/comunicaciones/02_Rendimiento_de_la_educacion/Rodriguez_Rubio.pdf
(8) http://webarchive.nationalarchives.gov.uk/20130401151715/http://www.education.gov.uk/publications/eOrderingDownload/RR506.pdf

jueves, 8 de octubre de 2015

Confundiendo la temperatura por el termómetro

(Breve cuento alegórico)

- Hoy no llevaré abrigo, el termómetro marca 19ºC
-¿No ves la nieve, y cómo las ramas de los árboles se comban con el viento?
- Claro, pero no debo hacer caso a esos indicios percibidos por mis sentidos traicioneros.
- ¿Cómo?
- Dispongo de un medidor, que he diseñado yo mismo, para obtener información fiable de este tipo de situaciones.
- ¿Y el medidor no falla nunca? Hoy tiene toda la pinta.
- Sin duda, pero es un riesgo que he de asumir. Lo contrario se prestaría a cometer agravios comparativos. No se hable más, sin abrigo.

Y así fue como suspendió a uno de los mejores estudiantes que había tenido en su vida.