viernes, 23 de octubre de 2026

La transición y lo demás (diario de campaña, día 18)

Vaya día llevamos, a ti se te ha muerto el padre y yo he perdido el boli.

Ese chiste resume la sensación que tenía al escuchar la charla que nos ha dado Daniel Carralero esta tarde sobre la transición energética. Mientras unos andan diseñando estrategias colectivas para salvar la civilización de un achicharramiento pavoroso, otros andan prohibiendo teatro sobre Lorca o proponiendo matar perros abandonados

Quizá el propio concepto de la transición sea ilusorio como dicen los colapsistas pata negra, quizá haya posibilidades de salvar el grueso de la civilización, quizá solo podamos salvar una parte. En todo caso, la tarea que realmente tiene la humanidad por delante es titánica, y parece mentira que andemos dedicando el tiempo a nimiedades simbólicas irrelevantes.

Me encantaría discutir y negociar con adversarios ideológicos los detalles de cómo abordar el futuro de la descarbonización de la economía y de la mitigación y adaptación al calentamiento inevitable. Seguro que habría puntos de consenso. Lo que es insoportable es tener enfrente la ridícula postura de que no hay que climatizar los coles porque no pasa nada distinto de lo de siempre. Un negacionismo escapista que tiene que hacer mucho ruido y ostentación para mantener enardecidos a sus ofuscados seguidores.

Decía Feijoo esta mañana en su entrevista que las carreteras están mal mantenidas, que los trenes tienen un problema y que no se fía de las cuentas de las pensiones y encargará una auditoría... Como si no tuviéramos a la vuelta de la esquina unos veranos que ahuyentarán lo que quede del turismo, unas ciudades invivibles y una sociedad exhausta. Hacer como que el calentamiento global no existe no funciona. Es una emergencia que hace palidecer cualquier otra consideración. Y mientras, aquí entretenidos con la última patochada de los defensores del criminal fascismo fósil.

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