Este puente ha venido a casa mi nieta y todo el tiempo que otros días dedico a leer crónicas, noticias y bluits se lo ha quedado ella. Una vez dormida me enfrento al momento reflexión diaria.
Un descendiente es la materialización encarnada del futuro, más cuanto más joven. Y nada más motivador para la acción política que la visión de futuro. Pensar en el devenir de la emergencia climática sin unas acciones determinadas a minimizarlo y gestionarlo o en una sociedad injustamente fraccionada y llena de precariedad duele como cuando oyes llorar a un bebé.
Parece que la lucha por la vivienda la han de pelear personas sin vivienda, y que a mi sólo debería preocupar la actualización de las pensiones. Pero esa visión de la política como mero lobismo es estrecha y triste. No sólo nos importa lo que nos afecta de manera más urgente aquí y ahora, acunar una nieta te ensancha inmensamente esa mirada.
No sé que ha pasado hoy de relevante, qué boutades han dicho los unos ni con que zascas se han despachado los otros, pero más que otros días tengo claro que hay que esforzarse al máximo en la construcción de un futuro deseable, y en esa tarea nada como la política, el poder de los que no tienen otro mejor.
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En la foto estamos Manuela y yo, pero no es actual, es de este verano, nos la hizo Jorge Padín
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