miércoles, 27 de marzo de 2013

Calidad y modelos educativos

En el Consejo de Departamento de hace un rato nos comentaban sobre el plan de calidad sobre la docencia universitaria que se quiere poner en marcha, y cómo se va a comenzar una serie de reuniones y propuestas de indicadores. Vaya por delante mi reconocimiento a las personas que, con su mejor voluntad y entendimiento (que no es pequeño) van a lucharse este proyecto, pero...

Me parce imposible establecer un plan de calidad sobre un tema si no tenemos claro (explícito y compartido) el modelo del tema en cuestión. Intento explicarlo con un ejemplo. Hay quien piensa que un profesor de universidad debe crear contenidos, contribuirán pues a su valoración los "apuntes" que deje en el servicio de reprografía de su centro, pero hay quien piensa que lo mejor es seguir un libro de texto, o utilizar material digital actualizado recogido en el LMS institucional (el Moodle o similar) o quien sólo lo considera un mérito si está en abierto, en un blog o página personal. Si no nos ponemos de acuerdo en cual es el modelo de actividad docente que tenemos en la cabeza, cualquier medida que cojamos en el ejemplo anterior va a resultar lesiva para alguien... para alguien que lo está haciendo muy bien, solo que en otro modelo de enseñanza. De hecho yo me siento capaz de defender cualquiera de las opciones anteriores (salvo quizás la de escribir tus propios apuntes de manera generalizada).

En estos momentos, muchos de los elementos del proceso de enseñanza están cuestionados, dando como resultado posiciones antagónicas en posibles indicadores de actividad (y eventualmente de calidad). Por poner otro ejemplo, si un profesor opta por la clase invertida (the flipped classroom) ¿cómo le evaluamos las clases? y si otro gasta todas las horas en lecciones "magistrales" ¿cómo le evaluamos sobre resolución de problemas?

Dejando aparte los ejemplos, parece que la calidad de algo es una medida de cuánto se parece ese algo a un modelo ideal. Y un proceso de calidad, uno que incentivará modificaciones en el camino de parecerse al ideal. Es por tanto imprescindible que exista un modelo para que se pueda establecer un plan de calidad. Otra cosa es que el modelo sea explícito, y otra más que sea compartido por un grupo de personas. Hasta donde yo se no hay modelos docentes institucionales explícitos, ni de universidad, ni de centro ni de departamento. Los modelos que cada uno tiene en su cabeza, en mi opinión, varían muchísimo de persona a persona. La figura que ilustra la entrada, por ejemplo, representa un modelo de estudio de la ingeniería muy común (tanto como para hacer chistes como ese) y que mi no solo no me hace gracia, sino que me parece la antítesis de lo que debe ser la universidad en el siglo XXI.

Si reconocemos la ausencia de ese modelo común, habrá que reorientar la tarea, pero aún se pueden hacer cosas interesante, se me ocurren dos:
i) Corporativamente no se establece un modelo completo pero si unos mínimos, compatibles con la mayor parte delo modelos que tengamos en mente.
ii) Verificar la coherencia individual de cada profesor (mediante un autoinforme, por ejemplo).
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