viernes, 14 de diciembre de 2012

Las pseudociencias y la normalidad

Esta semana me ha ocurrido tres veces que compañeros de la Universidad me lleven a un aparte para tener una conversación relajada en la que pudieran expresar su desagrado ante distintos tipos de maguferías: homeopatía en un caso, electrofobia en otro y el fraude de los alimentos funcionales que no lo son el tercero. Venían a hablar conmigo porque he manifestado públicamente mi opinión en diversas ocasiones, recientemente en la lista de correo general de la universidad.

Lo que me ha llamado la atención del asunto, y me lleva a comentarlo, es la "clandestinidad" de esas conversaciones. Me da la sensación de que las pseudociencias están ganado la calle, la normalidad. Algo así como si se le hubiera dado la vuelta a la carga de la prueba. Ante desconocidos, lo políticamente correcto parece ser dar crédito a estas creencias.

A mi no me parece mal que haya quien te lee la mano o quien te anima a tomar leche caliente con miel y coñac para aliviar el catarro (incluso si le añade alguna hierba concreta). Ocurre desde hace siglos y, en condiciones normales, no se mezcla con el pensamiento operativo. Las personas tenemos una estupenda capacidad para creer una cosa y su contraria siempre que sea en ámbitos distintos (1), se llama disonancia cognitiva. Eso si, cada cosa en su contexto. Y cuando las cosas se empiezan a poner peligrosas, creo, es cuando las creencias mágicas salen de los tugurios oscuros, salen del ámbito privado y discreto y pretenden irrumpir con descaro en el espacio público. Una herboristería naturista es una cosa, uno ya sabe a lo que va, pero una "farmacia- homeopatía" es una obscenidad.

Es triste que el pensamiento racional sea lo que hay que mantener en el entorno privado para no resultar políticamente incorrecto. Debería ser justo lo contrario, como siempre fue: aunque creas que haberlas haylas, lo que declaras es que las meigas no existen.

Pues eso, un poco más de orgullo racionalista y menos armario para el pensamiento crítico. 

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(1) Justo Dan Ariely acaba de sacar un libro en el que profundiza en la sensación de honestidad de las personas y la absoluta compatibilidad de esto con determinados comportamientos deshonestos. No he leído aun el libro, pero ESTE VIDEO de 10 minutos sobre el tema merece mucho la pena
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