lunes, 28 de noviembre de 2011

El pato Doppler y la barrera del sonido

Hace unos días paseaba por unos jardines llenos de lagos y me fijé en las ondulaciones que hacía un pato en uno de ellos, muy calmado lejos del pato.

El rozamiento del pecho del pato con el agua genera ondas en la superficie del lago, pero esas ondas no las vemos circulares como cuando tiramos una piedra. La razón es que el pato se va desplazando, y cada nueva ondulación está más cerca de la anterior en la dirección de desplazamiento y más lejos en otras. Los círculos no llegan a cerrarse porque el propio cuerpo del pato extingue la propagación en la dirección contraria a su movimiento. Al ser un pato de verdad, y no puntual, no se ven ondas circulares, unas dentro de otras, como aparecen en los libros, o en otros experimentos de río).

El pato se desplaza prácticamente a la misma velocidad a la que lo hacen las ondas: está a punto de romper la barrera del sonido en la superficie del lago. De hecho la ondulación intensa que se ve un poco arriba y a la izquierda de la cabeza se ha formado por la reunión de varias ondas en el mismo punto, es lo que se llama una "onda de choque". Esas ondas de choque se producen cuando se igualan ambas velocidades, así que el pato está frenando y unos instantes atrás iba a la misma velocidad a la que se desplazan las ondulaciones.

En las imágenes que he copiado debajo del pato (esas no son mías, proceden ambas de esta explicación del efecto Doppler) se observa el mismo comportamiento. A la izquierda la foto de una bala al poco de ser disparada, en el momento en que su velocidad es muy próxima a la del sonido en el aire. Tanto las ondas de choque que produce su rozamiento como las turbulencias tras su paso se observan porque al cambiar la presión del aire lo hace también la forma en que la luz lo atraviesa: el índice de refracción del aire cambia con su presión. A la derecha un avión en el momento de romper la barrera del sonido. El ruido de sus motores (y el sonido que produce el rozamiento justo detrás de la carlinga) producen unas ondas de choque que hacen condensar gotitas de agua, creando una especie de nube con la forma de la onda de choque, que es lo que se ve en la foto, en este caso en 3D, no como la bala o el pato dónde solo apreciamos el efecto en dos dimensiones. La rotura de la barrera del sonido por aviones en ambientes muy húmedos, produciendo el cono de la figura, se ha filmado varias veces y hay muchos vídeos en internet; por escoger uno, este que tiene una explicación de del fenómeno en 2,5 minutos en un inglés británico estupendo. Pero vamos, yo lo entiendo mejor con el pato, al que llamaremos Doppler.

(Vaya, al poner el último enlace descubro que en la entrada del efecto Doppler en la Wikipedia en inglés, hay una foto como la mía, con un cisne en ese caso. Que difícil es ser orignal en estas cosas. Espero al menos ser claro)

viernes, 18 de noviembre de 2011

Premio Sin Barreras

La Cámara de Comercio de Navarra tiene instaurados desde hace algunos años unos premios con los que reconocer la labor de las empresas por la accesibilidad. Este año le han añadido una categoría a "la trayectoria personal", y han tenido la equivocación a bien concedérmelo a mí.

La entrega de los premios tuvo lugar el pasado viernes día 25, y no pude asistir, era demasiado complicado y caro viajar desde Atlanta. En mi lugar se proyecto el vídeo que dejo a continuación (en una versión subtitulada). El premio lo recogió en mi nombre Reyes Berruezo, Gracias!

Quiero agradecer la colaboración de muchas personas que han estado a mi lado en el desarrollo de los proyectos que se reconocen con este premio: a los que me han presentado, a los compañeros de Sadar en la Universidad, a las empresas e instituciones que han colaborado en el desarrollo de los proyectos y a los estudiantes que realizaron sus proyectos final de carrera en este tipo de actividades. Un fuerte abrazo a todos!!

video
Hasta el momento se de reseñas de prensa en Diario de Navarra y Diario de Noticias  y en la UPNA 

martes, 15 de noviembre de 2011

Externalizar el correo electrónico universitario

Me contaba mi padre que es su primer coche tenía que limpiar las bujías de vez en cuando, porque "hacían perla" y dejaba de funcionar el motor. Hoy en día ni siquiera sabemos si nuestro coche tiene bujías (seguramente no).

En la informática nos está pasando lo mismo, probablemente más acelerado aún. Recordamos con nostalgia cuando gracias el Norton Utilities (o el PC-tools, que siempre ha habido clases) uno recuperaba los ficheros rotos a trozos y desfragmentaba sus disquetes con maestría.
Y es que el avance tecnológico va haciendo que el mantenimiento de los sistemas se profesionalice. Con ello el usuario final se ve cada vez más liberado de tareas accesorias y se puede concentrar en el uso de la herramienta, y no en su cuidado. Sólo nos queda conducir, y puede que dentro de poco ni eso, sólo ser transportado. Pero esa ventaja tiene como contrapartida la pérdida de control, muchas decisiones que antes tomaba el usuario ahora las toma el sistema.

Todo este me viene a la cabeza ante la noticia de que 13 universidades Españolas, y no precisamente anecdóticas muchas, "se han subido a la nube", o lo que es lo mismo, que externalizan parte de sus sistemas corporativos a Google, supongo que empezando por el correo electrónico. Y la noticia, de entrada, me ha sorprendido mucho.

Hace sólo 10 años nos planteábamos la universalización del correo corporativo a los estudiantes y escribíamos las normativas sobre el servicio corporativo de correo. El correo era el centro de la estrategia de comunicaciones de la universidad, y ésta una parte tan importante que su dirección era del más alto nivel: Vicerrectores o delegados del Rector se encargaban de su gestión. De nuevo el avance tecnológico y la economía de escala nos pasan por encima. El coste de un servicio decente en la propia universidad es mucho más alto que el de uno excelente externalizado. Queda el problema de la pérdida de control, ¿va una Universidad a ceder los datos de sus usuarios y el control de sus sistemas más centrales a una empresa externa? Pues sí, la verdad. ¿No lo hacemos ya con el teléfono? De entrada llama la atención, pero pensándolo un poco parece el camino inevitable.

Sigue habiendo departamentos que mantienen sus sistemitas de teleenseñanza, o páginas web propias en un servidor local, igual hay hasta quien utiliza procesadores de texto de diseño propio (aunque quizá esto es ya del tiempo de los disquetes), pero ese no es el camino mayoritario. Me parece a mi que es cuestión de tiempo que las demás universidades sigan el camino abierto por la Complutense, la Pompeu Fabra y todas las que ya están ahí

lunes, 14 de noviembre de 2011

En experiencias americanas, el Career Day

El viernes pasado asistí al “career day” del instituto medio de mi hijo (Henderson Middle School). Se trata de un día en el que los padres que quieren, van voluntariamente a los alumnos cosas de su profesión. En el paquete de información del día de matrícula ya venía el formulario para apuntarse al evento, y luego insistieron varias veces más.

Una de las primeras curiosidades es la propia existencia de esos Middle School. Aquí los preadolescentes de 11, 12 y 13 años (el equivalente a 6º de primaria, 1º y 2º de la ESO) ni son niños como para estar en escuelas elementales ni jóvenes de instituto, tienen su centro independiente. Son bastante grandes, este tiene unos 1500 alumnos.

Nos recibieron en una sala (el “media center”, antigua biblioteca) donde estaban ya preparadas la orquesta de cámara y la banda de jazz. Ambas formaciones fueron alternando piezas con las que amenizar la espera. Al fondo de la sala café bollos y fruta para desayunar. Allí nos registramos y nos entregaron unas tarjetas con el programa personalizado del día, en que aulas y a qué horas tenías que revelar tu rollo. Una paliza, la verdad, 6 sesiones. Antes de salir todos en pie para la plegaria matutina esa de “one nation under god” que suena por los altavoces en todas las aulas, y en nuestra sala, además, la banda interpretó el himno del país. Por cierto el festejo coincidió con el “veterans day” al que también se hicieron alusiones en ese mensaje que se oye por altavoces en todas las aulas.

Para los ponentes es un momento de exaltación profesional, no sé si es pura pose, pero no creo, o si no disimulan verdaderamente bien. Militares y policías con su uniforme (unos de gala y otros de trabajo) pilotos de líneas aéreas con modelos de aviones, biólogos (del CDC) con trajes de bioprotección (en este caso no puestos todo el día, claro). Un fotógrafo que monta un estudio portátil para explicar variantes de iluminación y hace fotos a los chicos. Un violinista de la orquesta filarmónica, un organizador de conciertos de jazz y muchísima gente más con la que no hable (éramos unos 85). Todos diferentes y todos iguales, todos satisfechos de lo suyo, incluso los que comentaban cómo habían cambiado de carrera a lo largo de su vida.

De entre los progenitores de 1500 alumnos hay muchas más de las 85 personas que nos ofrecimos voluntarios. No sería raro que ese sesgo fuera muy influyente en esa idea de satisfacción con la propia profesión que presentaba el grupo.

A lo largo del día me llamaron la atención muchísimos detalles: la personalización de las aulas que da el que sean “del profesor” (son los alumnos los que se cambian de aula cada hora), la estructura del horario, el que sea obligatorio comer allí, el tamaño del centro (de una sola planta), el mobiliario, etc. Pero por no enrollarme más, destacaré sólo el carácter tradicional del evento. Todos los padres que allí fueron sabían muy bien lo que tenían que hacer porque cuando fueron estudiantes participaron, desde el otro lado, en días iguales a este. Tan “tradicional” es el evento que tiene entrada en la wikipedia, canciones y apariciones en multitud de películas y series. Una tradición creada a partir del corolario de la ley de Murphy “si funciona déjalo estar”. Y a mi me pareció que funcionaba.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Políticos de marca blanca

Cuando la falta de dinero aprieta, se empiezan a cuestionar seriamente gastos que venían asumiéndose como algo normal, y que en realidad aportan muy poco valor, los derivados de las marcas. Un ejemplo es el de las medicinas: si lo que cura es el principio activo no tiene mucho sentido financiar con dinero público medicinas de marca. Tampoco lo tiene hacerlo con dinero privado, pero allá cada cual con su cartera. Lo mismo pasa con el conocimiento científico: el sistema establecido de revistas le introduce un sobrecoste tremendo a los sistemas públicos de ciencia (como ya comentábamos en entradas anteriores).

Las amas de casa (1) lo descubrieron muy al principio de la crisis, y en los supermercados se han dejado de vender productos de marca en favor de las "marcas blancas", es decir, en favor de los mismos productos a excepción de la marca. Con el retraso habitual (podría haber sido incluso peor) el legislador (2) ha tomado medidas en el mismo sentido, en el caso de las medicinas forzando a la prescripción de genéricos (Real Decreto 9/2011, BOE 20 de Agosto), y en el caso de las revistas científicas obligando a la instalación de repositorios abiertos (Ley de la Ciencia, artículo 37).

¿Y si extrapolamos el concepto a la política? El genial J.R. Mora lo expresa explícitamente es esta viñeta, y de alguna forma, menos explícita, es lo que está detrás de los movimientos #nolesvotes (con interesante banda sonora y todo). Seguramente el caso más interesante en este sentido es el de Bélgica, que se ha pasado un tiempo larguísimo sin un gobierno realmente establecido. Mientras los problemas de las marcas impedían la formalización de un gobierno, unos políticos de marca blanca gestionaban el país sin que la vida diaria del país se resintiera un ápice.

En fin, no seré yo quien proclame la irrelevancia de la política ni la conveniencia de eliminar las elecciones. Siempre que ha ocurrido eso en la historia las cosas han sido muchísimo peores. Pero si que conviene ir pensando vías de revitalización de la participación pública, porque si de verdad funcionamos bien con políticos de marca blanca es que no estamos haciendo Política.

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(1), (2) Cuestión de género: ni "el ama de casa" es femenina ni "el legislador" masculino, son términos establecidos para referirse a la persona que gobierna un hogar en el primer caso, y al colectivo de personas que hacen y aprueban las leyes. El género de las palabras usadas para su denominación no presupone nada respecto del sexo de quienes las encarnan.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La calidad de las universidades y la de los rankings

Siempre que se habla de calidad en las universidades me acuerdo de un Vicerrector de la Universidad de Cantabria que decía que en estas discusiones nos olvidamos del jersey. La historia completa comienza con una persona que va a un gran almacén a comprar un jersey;  a la salida le paran para encuestarle con el fin de mejorar la calidad y le preguntan si el vendedor le atendió a tiempo, con amabilidad, si parecía conocer el género, si la iluminación era adecuada, si el paquete lo envolvieron bien y si el cobro se produjo con agilidad. Vale, todo eso muy bien pero ¿y del jersey no hablamos? Podemos llevar el símil aún más lejos (a preguntas típicas del cónyuge del comprador) ¿necesita de verdad el jersey? ¿No hubiera sido mejor de otro color? Por cierto el jersey, en el símil, era el conocimiento realmente adquirido por el estudiante.

Recordaba esto a propósito de los rankings universitarios, y la variabilidad que se encuentra en ellos. Si nos preguntamos cual es el edificio más alto del mundo tendremos que buscar datos y hacer la lista, pero no tenemos que definir la variable “altura de un edificio”, todos sabemos que se habla de longitud, cuáles son sus unidades habituales y sus sistemas de medida. En cambio si nos preguntamos por cual es el más bonito, o el de mejor calidad la cosa se complica mucho: es necesario empezar por crear un modelo de la magnitud en cuestión antes de empezar a buscar los datos que contribuyen a ese modelo y la forma en que lo hacen (1). Hay multitud de elementos que pueden formar parte de un modelo de calidad universitaria: estudiantes por profesor, metros cuadrados por estudiante, libros en la biblioteca, artículos publicados por profesor (o en total), ingresos por proyectos con empresas, número de veces que Google encuentra el nombre de la universidad en una búsqueda, número de ganadores del premio Nobel entre el profesorado, o entre los egresados, etc. etc. También hay multitud de formas de combinarlos, desde quedarse con uno solo hasta preparar complejos polinomios con términos de ponderación calculados de múltiples formas.

Un elemento más a tener en cuenta es el nivel de agregación del estudio, ya que se puede analizar una universidad entera, una facultad, una titulación o un departamento, obteniéndose resultados muy diferentes.

Vemos pues que hay muchos ladrillos con los que construir modelos de calidad universitaria y con cada modelo, una vez rellenado convenientemente con los datos requeridos, se genera una clasificación, un ranking de universidades (departamentos, titulaciones o lo que analice).

Todo este proceso de elaboración del modelo y de la consecución de los datos para alimentarlos es mucho más complejo de lo que pueda parecer, y en muchas ocasiones el resultado sea francamente malo. ¿Malo? ¿Podemos hacer un ranking de calidad de los rankings universitarios? Mejor no llevar el círculo vicioso demasiado lejos. Pero pidámosle al menos una característica: “robustez”, que sus resultados no cambien enormemente si tomamos los datos de un año de enero a enero o de junio a junio, o si hay una pequeña variación en los datos de entrada.

Publicaba recientemente el New York Times un artículo cuestionando la solidez científica de los rankings académicos en el que se analiza un caso en el que la universidad de Alejandría (Egipto) alcanzaba un puesto inusitadamente alto, y tras analizar el caso con cuidado, el grueso de la subida se debía a los artículos de un solo profesor (320 en un año) en una sola revista de la que además era el editor. El profesor está ahora ante los tribunales, pero el ranking ha quedo muy en entredicho por su falta de robustez.

Entre las marañas de modelos y datos alrededor de la calidad universitaria, es casi siempre posible encontrar algún constructo en el que tu institución queda bien (algunos un tanto pírricos), lo que te permite publicitarlo todo lo posible. Casi todos los titulares respecto de esas “maravillas” de un determinado centro son muy exagerados. Podíamos encontrar hace unos días el titular “¿Por qué Navarra y el IE se sitúan entre las 50 mejores universidades del mundo?” El titular da por sentado que sólo hay una manera de medir la calidad de las universidades, la del ranking que analiza, y pasa al siguiente escalón, que maravillas han hecho para quedar bien ahí. Mirándolo con cuidado, resulta que el modelo es monofactorial, sólo hay un parámetro: la opinión de un grupo de directores de empresas sobre qué egresados preferirían contratar. 3000 directores de empresas grandes de 10 países. En resumen, sólo se está midiendo la imagen de marca en el mercado internacional. Esa imagen de marca se ha podido crear por multitud de motivos, la mayoría de ellos muy alejados cualquier idea de calidad (McDonalds tiene una imagen de marca internacional mucho mejor que un restaurante con estrella Michelin de Cáceres). Yo hasta me atrevería a apostar sobre las marcas de jerséis preferidas por el mismo grupo de encuestados. 

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(1) Recientemente he sabido de la existencia de un congreso sobre "La importancia de las métricas comunes para el avance de la teoría y la investigación en ciencias sociales", del que hay un libro accesible en la red

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Open Access, acceso abierto a la ciencia

Me alegraba hace unos días de la apertura en la UPNA de un repositorio de acceso abierto de la producción científica de la UPNA. Daba entonces por supuesto el interés del acceso abierto, lo que no necesariamente es evidente, como se puso de manifiesto en un comentario. Vuelvo pues sobre la cuestión.

En primer lugar el acceso abierto es interesante "por imperativo legal", dado que (como también se aclaraba en los comentarios) la nueva Ley de la Ciencia, que entra en vigor próximamente, dispone en su artículo 37 que todos los investigadores cuya actividad haya sido financiada mayoritariamente con los Presupuestos Generales del Estado están obligados a publicar en acceso abierto una versión electrónica de los contenidos aceptados en publicaciones de investigación (“sin perjuicio de los acuerdos en virtud de los cuales se hayan podido atribuir o transferir a terceros los derechos sobre las publicaciones”).

Pero la cuestión de fondo es si el acceso abierto contribuye al progreso real del conocimiento. Sin remontarnos a la profundidades de la epistemología, parece claro que cuanto más conocimiento valioso haya disponible más probable será no reinventar la rueda y progresar. Pero la clave está en que el conocimiento sea valioso. En el sistema actual el conocimiento es por un lado "certificado" (por el procedimiento de revisión por pares), y por otro disponible (accesible y clasificado). Nada obliga a que esa accesibilidad sea de pago, y de hecho muchas revistas tradicionales están implementando modelos de negocio en los que el artículo final está abierto. Existe al menos un caso de éxito, el repositorio abierto ArXiv cuya contribución al desarrollo de la física ha sido ponderadoen multitud de ocasiones.

Por tanto, siempre que los sistemas abiertos aseguren las dos características de certificación y accesibilidad, contribuirán al progreso del conocimiento. La forma de conseguir que las implementaciones reales cumplan esos requisitos la llevan discutiendo expertos en la cuestión desde hace a/os, incluso se han dictado directrices institucionales europeas.

Una explicación más inspiradora y que se adentra en lo que se puede hacer an abierto que no se puede por métodos tradicionales, se encuentra en estos 16 minutos de vídeo, la charla TED de Michael Nilsen.



Referencias (además de las ya enlazadas)


Meta referencia, de Xavir Lasauca una lista de 10 recomendaciones sobre el tema

Sobre lo que es el "Open Access" de una forma más esencial:  Anna Guillamet, Daniel Torres-Salinas (en slideshare)

Sobre el beneficio para los autores (mantener el crédito del descubrimiento, P Chaddah)

Sobre el famoso caso de éxito ArXiv: Peter Coles, Francis, en Nature

Sobre el modelo de negocio de las editoriales: Michael Nilsen, R Sussex and P Long